sábado, 17 de octubre de 2020

SÁBADO 3 AM

 


SÁBADO 3 AM

 

Son las  3 AM

y estoy despierta.

Suelo despertarme a esta hora,

a pesar de que la medicación garantiza

una noche de sueño sin agujeros.

Dicen que a las 3 AM

empieza el tiempo muerto,

el que desdibuja las fronteras

entre un mundo y otro,

y los espíritus van y vienen,

susurrando en nuestros oídos

sus verdades incómodas.

O que es la hora del Diablo,

porque Jesús murió en la cruz a las 3 PM

y el maligno se burla de sus símbolos

en modo parodia,

compitiendo con él como si fuera

un hermano menor que necesita

que el padre lo mire, lo vea.

No lo sé.

Sólo sé que a las 3 AM

todo lo que me rodea

me parece lejano e irreal.

 

Deambulando por la casa,

con los párpados pesados y la lengua pastosa,

me urge nombrar a todas las cosas

para volverlas ciertas.

Entonces digo mesa, silla, taza.

Boca, dedos, corazón.

Entonces digo perro.

Y el aludido levanta la cabeza y me mira.

Se reconoce en la palabra 

que modulo con torpeza.

Sus ojos me alivian.

 

Mesa, silla, taza.

Boca, dedos, corazón.

Perro.

Nadie se quedó con lo mío.

Nadie las privó de su nombre.

Nada explotó

como una burbuja de jabón

o un misil

mientras no estuve alerta.

En un rato volveré a la cama,

algo más tranquila, pero sabiéndolo.

 

Sabiendo que por la mañana,

el sol tachará de su inventario

lo que ha muerto.

Lo que perdí o se volvió irreal

porque no supe cómo nombrarlo.


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