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viernes, 21 de octubre de 2016

SOBREVIVIENTE


SOBREVIVIENTE

A Karina Abregú, sobreviviente, compañera


El fuego trazó en la piel

su camino de furia,

manifiesto, tangible.

El fuego arrasó

el bosque del cuerpo,

tiznó sus verdes,

convirtió en cenizas

su abanico de hojas tiernas.

Ahora, las heridas son visibles.

Ahora, las  llagas del alma dejan caer sus máscaras,

abandonan su coto privado,

son un hilo de hormigas rojas

bordando en la carne

los relicarios del miedo.

Ahora,  para no ver hay que dar vuelta la cara,

cerrar los ojos,

tararear una canción idiota,

pensar en otra cosa.


El fuego fue un puño más:

golpeó, rompió,

plantó bandera de horror

en un diciembre atontado

por el alcohol y las guirnaldas doradas.

La muerte le toco los ojos

con sus incansables dedos de humo

pero ella es una sobreviviente.

Sus cicatrices nos exigen,

nos demandan,

nos interpelan.

Sus cicatrices son rosas

en el campo de batalla

donde se pelea la vida.

Trincheras donde nos acomodamos,

mujeres, codo con codo,

sudor con sudor,

gritando que si la tocan nos tocan.


Sus cicatrices son nuestras.



  
El 1 de enero de 2014, luego de años de sufrir violencia de género, Karina Abregú recibió una golpiza de su  marido, Javier Albornoz, quien luego la roció con alcohol y prendió fuego. Con el 55% del cuerpo quemado y tras seis meses de internación, Karina sobrevivió. Después de una ardua batalla, Albornoz fue condenado a 11 años de prisión por tentativa de femicidio agravado por el vínculo. En la actualidad, Karina Abregú es una referente en la lucha contra la violencia de género y a favor de los derechos de la mujer.


Fotografía: Jime Valle




3º Premio Certamen Poético Nacional “Roberto Anselmo Blanco", SADE Filial Sáenz Peña, Sáenz Peña, Chaco (2016)






miércoles, 19 de octubre de 2016

MIÉRCOLES NEGRO


MIÉRCOLES NEGRO


Una camisa negra para hoy.

Un saco negro.

Una docena de botones negros que repaso

manchándome los dedos con el llanto

de otra chica muerta,

negra,

florecida en un jardín de lápidas.



Una camisa negra para hoy.

Un saco negro.



Nos quieren calladas.

Perdiendo zapatos y encontrando príncipes.

Volando bajito como las perdices.

Nos quieren ordenadas,

el pan sobre la mesa,

la ropa limpia,

la sangre de rodillas.



Una camisa negra para hoy.

Un saco negro.

Un alarido negro que las nombra,

las abraza,

las mece.

Un alarido negro que detiene

la hemorragia obscena de la muerte,

su aborto de violines.



Una camisa negra para hoy.

Un saco negro.



Arte:  "Self-harm", Alice Wellinger