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miércoles, 16 de abril de 2025

TODOS LOS HOMBRES QUE ME AMARON


  TODOS LOS HOMBRES QUE ME AMARON

 
 
Todos los hombres que me amaron
 
tenían miradas infinitamente claras
 
y exactas como espejos,
 
y en esas miradas yo me advertía siempre
 
como la niñita de tiza rosada
 
delineada en un viejo muro
 
tiritando
 
ante el perentorio holocausto de la lluvia.
 
 
 
Tenían todos ellos
 
dedos ágiles como golondrinas,
 
siempre era verano debajo de mi falda,
 
siempre era otoño en mi corazón aturdido
 
por tantas migraciones.
 
 
 
Yo quería ser una diosa obscena
 
con ojos eruditos encastrados
 
en mis pezones febriles
 
y un oráculo brutal entre las piernas
 
(ocho brazos para atraparte
 
ocho días a la semana)

y era siempre una muñequita de trapo
 
descuartizada por el olvido,
 
una muñequita llorona que pedía, pedía y pedía,
 
un poco más,
 
siempre un poco más,
 
hasta agotar todas las violencias
 
y todas las constelaciones.
 
 
 
Todos los hombres que me amaron
 
me regalaron zapatillas rojas de punta
 
ignorando
 
que soy una pésima bailarina
 
y me obligaron a danzar sin poder detenerme,
 
hasta que se cansaron de verme dar torpes volteretas
 
y me cortaron los pies
 
(por mi bien, claro, siempre por mi bien;
 
“nena, a ver si te quedás quieta de una buena vez
 
que nos estás volviendo locos”).
 
 
 
A todos ellos les cerré
 
la puerta de mi cuerpo en las narices
 
y hasta clavé algunos alfileres en sus fotografías,
 
porque también quise ser una bruja haitiana
 
con la piel negra como la brea
 
y los pechos enormes,

pero siempre fui la maestrita espantosamente dulce
 
que jamás aprendió a leer el Tarot. 



Todos los hombres que me amaron
 
me amaron más que a las otras mujeres
 
que se cruzaron en sus caminos
 
y suspiraron de alivio cuando dejaron de amarme. 
 
 
 
Ninguno de ellos supo a ciencia cierta
 
si lo quise demasiado
 
o demasiado poco.
 
Ninguno de ellos sabe a ciencia cierta
 
cuántos de sus sueños, sus fobias y sus gestos
 
alimentaron esta manía de escribirme la vida
 
y se quedaron atrapados para siempre
 
en el blanco sopor de mis papeles
 
como mariposas detenidas en la espera
 
de algún octubre promisorio.







Del poemario "Todos los hombres que me amaron" (2012)

lunes, 14 de abril de 2025

AMANTES

AMANTES



En el abrazo

multiplicábamos panes y peces

-dos jirones de carne enlazados

resucitando bocas de otros tiempos,

gemidos insepultos que perduran

más allá de los rumores de la espera-.

Yo me asía a tu cuerpo

y enclavaba un eclipse de ternura

en la desnuda estela de tu nombre,

y la noche insistía en sorprendernos

ejercitando su deber de hembra

siempre piadosa para  los amantes,

siempre dispuesta a perpetrar el celo.

En el abrazo

éramos dos y éramos uno siempre,

descalzos de temores remontábamos

el hilo de la lluvia

y el amor era un juego que latía

con los ojos cerrados,

sin bostezos abiertos, sin preguntas,

con la certeza del poema escrito

en el recodo exacto del encuentro,

con la ilusión del sol amanecido

impartiendo su luz desaforada

sobre cualquier presagio.







Del poemario "Todos los hombres que me amaron" (2012)

 

sábado, 12 de abril de 2025

ROJO


 ROJO



Ese hombre me toca

y todo es rojo.

Ese hombre me pone la mano encima

y las frutas revientan, sudorosas,

en el tibio boscaje de mi sangre.

Ese hombre enciende las bujías

de mis labios secretos.

No busca entre mis piernas

pero encuentra

un breve paraíso

suspendido en el temblor de los sentidos

más allá de cualquier zona vedada.



Ese hombre me toca

y desata los lazos

del templo incontinente de la carne.

No me deja palabras

para nombrar lo amado y lo perdido:

en la cárcel de dicha que me imputa

la memoria se apaga.



Ese hombre me toca

y todo es rojo.

Un largo destino rojo

donde apuntalar la semilla del alba

dormida en mi garganta.





Arte: Steve Goad
  
Del poemario "Todos los hombres que me amaron" (2012)

jueves, 10 de abril de 2025

ÉL VINO


ÉL VINO


Él vino.

Vino con sus preguntas

a rehacer mis límites.

A tumbar cualquier sueño

que siguiera de pie

con su olor a sexo empedernido.

A remover las algas.



Él vino.

Con sus insectos de zumbidos ásperos.

Como otro intento de humedad.

El lomo partido

por un rayo de luz.



Yo no sabía la edad de mi deseo.

El hambre era una costumbre mansa.

A veces me soltaba el pelo,

pero las mariposas no venían.

Él que vino fue él.

Con su miel hecha harapos.



Yo no sabía nombrarme el cuerpo.

Él lo tocó y le colgó palabras.

No sé si duro un día o un siglo

Pero él vino.

A oficiar de horizonte.



A ponerme

para siempre en sospecha.






 
Del poemario “Todos los hombres que me amaron” (2012)
 

martes, 8 de abril de 2025

HECHO DE LUZ


 HECHO DE LUZ


Multiplicada en mí

la boca

es un hecho de luz.

El beso rememora

el verde habitual de los parques.

Un pájaro se confunde

con el viento

(desplaza el horizonte).


Entusiasta del cielo

el hombre

(sin grandes ceremonias)

me toma y me devora.


La boca relumbra.





Del poemario "Todos los hombres que me amaron" (2012)

domingo, 6 de abril de 2025

HACE MIL BOCAS, MIL SUEÑOS, MIL PUERTAS

HACE MIL BOCAS, MIL SUEÑOS, MIL PUERTAS   



Hace mil bocas, 

cuando esta boca no era 

la madrastra del silencio, 

me atreví a pronunciar tu nombre. 

Lo degusté como una a fruta dulce. 

Quizás ocultaba, entre sus aguamieles, 

un dejo sutil de podredumbre, 

pero mi lengua no se percató: 

aún había demasiado verano entre mis manos 

y los trenes llegaban a tiempo.   



Hace mil sueños, 

cuando este sueño no era 

la maledicencia del desamparo, 

me atreví a remontar tu cuerpo. 

Lo cabalgué como a un corcel vidriado. 

Quizás ocultaba, entre sus sudaciones, 

una estaca de hielo, 

pero mi carne no se percató: 

aún había demasiado jolgorio entre mis piernas

 y los barcos llegaban a tiempo.



Hace mil puertas, 

cuando todavía había puertas 

esperando ser abiertas, 

me atreví a cruzar el umbral de tu mirada. 

Caminé tus ojos en el nido tibio 

de una cama ajena. 

Y fue bello sacudir las sábanas de la mañana 

y mullir la almohada del deseo, 

a pesar de las dulzuras para moscas 

y los puñales gélidos.



Nadie me dijo nunca que la nostalgia 

era más poderosa que el amor. 

Nadie me dijo que después de mil bocas, 

de mil sueños, 

de mil puertas, 

los trenes y los barcos se entretienen 

en el temblor de un beso recordado 

y se olvidan del tiempo y de la espera.  



 Nadie me dijo que los pactos rotos 

penden sobre la luna  

con la fría solvencia de una espada, 

y que al final de un viaje erróneo 

no hay bocas, ni sueños, ni puertas, 

sólo la costumbre torpe 

de ir naciendo cada día 

para morir cuando un ángel perverso 

incendia las reservas del crepúsculo.







Arte: "For You", Christian Schloe
    
Del poemario "Todos los hombres que me amaron" (2012) 

viernes, 4 de abril de 2025

¿ERA JOHN, ERA PAUL O ERAS VOS?


 ¿ERA JOHN, ERA PAUL O ERAS VOS?



Yo no me olvidé de tus ojos.

Ojalá vos no te hayas olvidado de los míos.



Me dicen que te fuiste,

una mueca extraviada,

adherida

al filtro del  cigarrillo final,

la cara sin terminar:

faltaba la sonrisa.

Faltaba que dijeras

“me acuerdo de los ojos

de la pibita de quince,

la que se desnudaba a medias,

el cuerpo dividido,

cuerpo cerrado/cuerpo abierto.”



(¿Crezco o no crezco?

Mejor no,

mejor estiro un poco más

esta siesta de muñecas,

este colgar de las paredes de los quince

la foto del beatle favorito.

¿Es John, es Paul, sos vos…?

Mejor me arranco de las ganas

estos ojos

en los que me desnudo a medias.



Ojos azules.)



Me dicen que te fuiste.

Nadie sabe adónde.

A veces los ojos son como suelas gastadas.

Se cansan.

Se rompen.

Se tiran al costado del camino.

A veces ni una pibita de quince,

el cuerpo indeciso,

te salva de la naturalidad de la tierra

tapiándote los gestos.



Yo no me olvidé de tus ojos

porque los tengo oscilando en este cuerpo,

cuerpo cerrado/cuerpo abierto.



¿Quién me decía

“el amor no aprieta las rodillas,

la carne no se gasta,

la piel y el miedo discuten

y siempre gana el hambre”?

¿Era John, era Paul o eras vos?



Te fuiste, sí.

Pero también te quedaste.



Ningún hombre se va entero.



Nunca.







Del poemario "Todos los hombres que me amaron" (2012)

miércoles, 2 de abril de 2025

PEQUEÑOS ROMANCES, GRANDES AMORES


 PEQUEÑOS ROMANCES, GRANDES AMORES



Estábamos hablando

de los pequeños romances.

De los grandes amores.



Yo te decía:

ese hombre me voló la cabeza con un grito.

Me ató de pies y manos.

No me dejó pensar

lejos del cuerpo.



Yo te decía:

ese hombre fue una navaja de caliente.

Imposible

no responder a su olor.

No tropezar con su espalda.



Estábamos hablando

de los pequeños romances.

De los grandes amores.



Yo te decía:

ese hombre se parecía al ruido de la lluvia.

Hace años que tengo

una pala para enterrarlo.
Pero todavía no puedo caminar
delante de su sombra.


Sí, tengo una casa, un marido, un hijo, un perro.

Pero estábamos hablando de otra cosa.



Estábamos hablando

de los pequeños romances.

De los grandes amores.




Arte: Marc Chagall


Del poemario "Todos los hombres que me amaron" (2012 )

domingo, 30 de marzo de 2025

LA IGNORANCIA DEL VERDE


 LA IGNORANCIA DEL VERDE




A tu abrazo inconcluso

interpongo

un muestrario acabado de hojas

para malgastar,

preferentemente,

antes del otoño.

Cuando tu boca iniciala la tormenta

me sacudo

como un cerezo en celo

y el trueque de los cuerpos se perfuma

con un hilo gozoso de dulzura.

En tu cama pernocta mi desorden

-a veces puedo tocar

el amor que dejé en tu almohada,

desovillo

la tentación de la carne

y un espasmo de savia irremediable

despedaza tu cuerpo-.



Mis hojas, tus ojos,

son rutas abiertas en el musgo,

son un largo viaje hacia la lluvia.



La ignorancia del verde,

de este lado del sueño,

se parece demasiado a la tristeza.







Del poemario "Todos los hombres que me amaron" (2012)

viernes, 28 de marzo de 2025

DAMAGE

   

DAMAGE  


Aquí estoy. 

Repudiando tu aullido de lobo. 

Anhelando tu aullido de lobo.   



Con un dedo reverente 

dibujé mil veces 

la ferocidad de tu sexo de macho. 

Yo era la vagina perfecta,  

hábil con mi cuerpo de gacela 

disuelto en el centro del fuego.   

Con el primer movimiento del llanto 

se quebraron mis huesitos tristes 

(hubo un concierto para piano y miseria 

y ningún director de orquesta 

me enseño que el dolor no cabe en un pañuelo).   

  

¡Ah, mi pequeño asesino! 

¡Qué poco te costó matarme 

con un disparo de semen ausente! 




  Aquí estoy. 

Una hembra en desuso. 

Y un factor constante: 

la herida.





Arte: "Damage", Mario Samchez Nevado

 Del poemario "Todos los hombres que me amaron" (2012)

lunes, 24 de marzo de 2025

CAER


CAER


Caer.

Caer.

Caer centralmente en tu orilla.

Caer medularmente en  tu espuma.

Sin plantar razones

en las plantas de estos pies

que no quieren llevar puesto

el peso de tu historia.

Sólo caer.

Licuar en el riesgo de tu boca

travesías y sudores,

sin desplegar catástrofes,

afilando

la punta del verbo que promete.

Amar. Amansar. Amarrar.



Caer.

Caer.

Caer cardinalmente en tu sueño.

Caer básicamente en el mapa de tu noche.

Sin amenazar a la maldita TV

que sigue monologando

a las tres de la mañana.

Sin graznar,

con vidrios rotos,

la mortalidad de las fotografías.

Sólo caer.

Afinado respuestas

en este orden de preguntas desclasadas.

¿Por qué yo sola,

mendigando

en las piernas del verano?

¿Por qué no

tus peces

dentro de mí?







Arte: "Falling", Chris Dellorco

Del poemario  "Todos los hombres que me amaron" (2012)