lunes, 29 de mayo de 2023

UN CÍRCULO DE PIEDRITAS DE COLORES

UN CÍRCULO DE PIEDRITAS DE COLORES 

“Aquí yacen los restos de alguien que poseyó belleza sin vanidad, fuerza sin insolencia, coraje sin ferocidad y todas las virtudes del hombre sin sus vicios."- Lord Byron

 

 En el jardín del fondo

un círculo de piedritas de colores

señala el lugar exacto

donde tu cuerpo se  desmiga

entre los dedos de la tierra.

Todavía tengo tus ojos

colgados de los míos.

Tus ojos.

Esos pajaritos de terciopelo húmedo

que iban del amor a la súplica,

del dolor  a la resignación

con un aleteo agotado.

 

En el jardín del fondo

te arrulla

la leve vibración de los insectos.

El barro se acopla a tu esqueleto.

Se enmohece tu sombra.

Toco las piedritas y te nombro

como si tu nombre fuera un mantra

o un pase de magia primitiva

capaz de regresarte a la vida.

Pero ya no hay vuelta atrás:

dejaste en cada rincón de la casa

la fatiga de la ausencia,

un soborno de arañas que se rompe

en  resuellos finales,

esas manchas de muerte resistiendo

cualquier voluntad de limpieza.

 

Cruzaste el umbral de lo infinito

con un cangrejo royéndote las tripas,

con una efigie de pena en la osamenta.

Y esos ojos, querido.

 

Esos ojos que me siguen

hasta la lenta maquinaria del sueño

y nunca me dan tregua.

Esos ojos inmensos que no puedo

arrancar de los míos.

 


viernes, 26 de mayo de 2023

IL A MIS LE CAFÉ


 IL A MIS LE CAFÉ

 

Il a mis le café

dans la tasse

 

Recitar a Prévert en francés

es de las pocas cosas que recuerdo

de todas las que,

supuestamente,

aprendí en el secundario.

Junto con los nombres de las tenias

(saginata, equinococus, solium)

y el peligro latente del botulismo

agazapado en las latas abolladas.

La memoria es loca, pienso,

o yo pasé por la escuela como quien pasa

por un desfile de Carolina Herrera.

 

Il a mis le lait
Dans la tasse de café

 

Lo miro con desazón,

como si la taza estuviera rajada

y el café y la leche se escurrieran

por la delicada herida de la porcelana.

Y empaparan el mantel hasta convertirlo

en un pañuelito descartable más,

de esos que hoy revolotean por toda la casa

y confunden a los gatos

que persiguen, sin suerte,

pajaritos de papel mojados de pena.

 

Así estoy yo, así,

como una taza rajada.

Me veo entera de lejos,

me veo sana.

Pero estoy a punto de explotar en el microondas

o de quebrarme definitivamente

si alguien me lava

con demasiada vehemencia.

 

Alguna vez leí por ahí

acerca del Kintsugi,

una técnica japonesa que no desecha

la porcelana rajada.

Las repara con un barniz de resina

mezclado con polvo de oro o plata.

Porque las roturas y los quiebres

son parte de la vida del objeto,

hablan su historia y sus transformaciones,

lo embellecen.

Supongo que lo mismo debe pasarnos a nosotros

cuando nuestras heridas cicatrizan

y cada cicatriz es una rosa que asoma

reafirmando que somos humanos.

 

Il a mis le sucre
Dans le café au lait

 

Sans me parler
Sans me regarder

 

Quizás yo debería hablarle.

Quizás yo debería mirarlo.

Quizás yo debería preguntarle

como hace tantos años:

“¿Querés que te recite un poema de Prévert en francés?”


domingo, 21 de mayo de 2023

LUNES 4 AM


LUNES 4 AM

 

Son las 4 AM y no puedo dormir.

Ninguna novedad.

Siempre estoy despierta a esta hora.

Sentada en la cocina, fumando

tratando de encontrar la punta

del ovillo del sueño,

envidio al perro inmóvil

cuyo pecho apenas se levanta

en un juego de respiración lenta y suave.

El silencio sería perfecto

si el tic tac del reloj

no insistiera en repetirse.

 

Me pregunto hacia dónde me llevan las aguas

de este río revuelto que no es ganancia para nadie.

Me pregunto qué sentido tiene

estar enojada con el mundo

si el mundo sigue girando ajeno a mis berrinches.

El tiempo no para

(me lo recuerdan el insistente tic tac

y las pequeñas arrugas

que una araña invisible

tejió con prolijidad alrededor de mis ojos).

Los días vividos se amontonan

como hojarasca

en las puertas de este cuerpo

expatriado de la primavera.

 

Hoy, de madrugada todo parece más claro.

Más preciso, más contundente.

La soledad se hincha

como el estómago de un rico

que devoró su ración y la de alguien más.

Alguien más que se murió de hambre

con los ojos saltones y las manos

extendidas hacia lo imposible.

Me pregunto si escribir tiene sentido

en este mundo donde las palabras se repiten tanto

que acaban por vaciarse de significado.

Me pregunto cuánto hace que noté

el acecho del tic tac,

cuánto hace que las arañas tejen sus sentencias,

cuánto hace que me como la ración de otro

que se muere

sin que yo deje de dar vueltas sobre mi ombligo. 

 

Me pregunto cuándo empecé a envejecer.

Cuánto hace

que nadie me besa en la boca. 

 

 

 

Arte: "Insomnia", Liubou Sas 

miércoles, 17 de mayo de 2023

ATAQUE DE PÁNICO

 ATAQUE DE PÁNICO
 

Otra vez me sentí morir.

Otra vez sentí que el aire

era una masa viscosa, irrespirable,

y que los pulmones agonizaban

como álamos en un bosque

mordido por el fuego.

Otra vez sentí que el corazón se aceleraba

y corría en círculos como un caballo desbocado

golpeando mi pecho con sus patas hondas,

sabiendo que en cualquier momento lo derriban

en medio de su propio laberinto,

sin haber encontrado la salida,

sin haber deseado o perdonado lo suficiente.

Otra vez me estremeció

la inminencia del desastre.

Y me hice sudor en la cornisa del miedo.

Y me hice escalofrío en una boca

que no sabe a quién decir

cuando dice amor.

Como pude, encendí las luces de toda la casa

porque la oscuridad

siempre tiene las mejores cartas.

 

Pero no. Falsa alarma.

No era la muerte.

En la fiesta repentina de la luz

los pulmones descorcharon su alivio,

el corazón volvió a su pasito manso,

y  me acomodé, de a poco,

a la normalidad del cuerpo.

  

Me pasa de noche, en la oscuridad.

Papá murió de noche, será por eso.

Papá se acostó y la oscuridad se lo tragó entero.

  

Yo no sé de quién serán

los ojos de la muerte cuando venga.

Tampoco me importa demasiado:

sé que va a estar oscuro y no voy a poder verlos.

Pero espero que tenga las manos de mi padre

y me toque la frente como él lo hacía

antes de que mis párpados se dieran por vencidos.

Y el último bostezo se convirtiera en la llave

que abriese un sueño largo, dulce, sin sobresaltos.



lunes, 15 de mayo de 2023

POEMA DE NO HALLOWEEN



POEMA DE  NO HALLOWEEN


 A mis hermanos



“Morir de verdad,

estar realmente muerto,

debe ser sublime”,

dice el monstruo desde la pantalla

de un viejo televisor en blanco y negro.

La nena no sabe

qué significa la palabra “sublime”.

Ella piensa que estar muerto

debe ser como estar solo,

pero con los ojos cerrados.



Teme que el monstruo

se acerque,

mientras duerme,

para enseñarle cómo es estar muerto,

cómo es estar realmente muerto.

Ella duerme con un cuchillo

debajo de su almohada.

Va a partir al monstruo en dos,

si aparece

(la nena no confía en los crucifijos;

estuvo toda una noche pidiéndole a ese hombrecito flaco

que cuelga de una cruz

que su papá no se muriera, y nada;

el hombrecito miró para otro lado,

hizo como que no la escuchaba,

se entretuvo en hacer milagros baratos:

que llueva, que no llueva,

que gane Boca,

que falte la maestra).



Esa noche –la nena recuerda,

siempre recuerda-

que su hermanito se hizo pis en la cama

y su papá supo

-porque, seguro, tampoco lo sabía-

qué significaba la palabra “sublime”.



Cuando la nena empieza a sangrar,

el monstruo no parece tan malo.

Ella piensa, al conocer la trama

de la palabra ignorada

que, por ahí,

él tenía razón.



Después, pasan los años.

La nena crece (no crece)

y  sigue sangrando

(un poco porque quiere la naturaleza,

otro poco porque quiere el mundo).



La hermanita le pregunta llorando

cuándo le va a tocar ser feliz.

El hermanito fuma demasiado

y siempre tiene los ojos rojos.



El monstruo la mira

con sus pupilas inequívocas

cuando ella come en silencio

y repite para sí,

como una letanía,

la palabra “sublime”.



Y no es Halloween.