domingo, 25 de octubre de 2020

CUATRO PAQUETITOS


CUATRO PAQUETITOS

 

Camina despacito, con su trípode,

la espalda siempre arqueada

como si estuviera reverenciando

a las rosas que octubre desperdigó en su jardín.

Las piezas de un rompecabezas de colores

que cambian de ubicación

a medida que sopla el viento.

Tiene el pelo blanco, blanquísimo,

y los ojos cansados,

pero cuando lo miro

todavía lo veo como cuando era joven,

con esos bigotes cómicos de los ‘70

y una camisa de rayas gruesas en tonos de verde y ocre

que terminó, como toda su ropa,

limpiando la mesada de la cocina.

El tío nunca tuvo un repasador de verdad.

Siempre trapos, como la abuela.

 

Escucha poco y habla bajito

(aunque mamá dice que le grita,

y él se defiende de las acusaciones

cuando me lleva al fondo

para mostrarme sus rosas,

“tu madre está muy nerviosa,

yo nunca le grito a nadie”).

 

Hablando bajito me dice

“te quiero mostrar dónde tengo la plata,

son cuatro paquetitos,

uno para cada uno,

te quiero mostrar por si la muerte;

hubiera querido juntar más,

pero no pude”.

A mí se me llenan los ojos de lágrimas.

Por la delicadeza de hacer cuatro paquetitos

y por si la muerte.

Porque tengo ganas de dar el abrazo imposible

y lo único que hago es ser la réferi incómoda

entre dos cabezas blancas que se pelean,

una guerra de los Roses sin matrimonio,

cosas de hermanos.

Porque tengo ganas de hacerme la tonta

pero no puedo dejar de repetirme

va a pasar, en algún momento va a pasar.

 

Cuatro paquetitos.

La herencia del tío solterón

para los cuatro sobrinos que siguen vivos

(para el quinto son sus rosas,

desde que tuvo la amarga ocurrencia

de soltarle la mano a la primavera).

“Hubiera querido juntar más”.

Se me llenan los ojos de lágrimas

y me enojo.

Cuántas cosas no hiciste, tío,

para poder juntarnos una módica herencia.

Cuántos viajes no fueron. Cuántos libros.

Cuántos pucheros en “El Globo”.

 

Nada de paquetitos. Nada.

Cuando uno se va

lo único que uno debería dejar son deudas.

 

Y que se arreglen los que quedan.

Si pueden.

  

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