jueves, 30 de agosto de 2018

JUMANJI


JUMANJI

Choupette se afila las uñas
en el tapizado de los sillones,
ni me mira cuando le digo no, no, no.
Los gatos no entienden la palabra no
o fingen muy bien desentenderla.
Katherina es una gárgola atigrada
espantando los espíritus malignos
que rondan la heladera.
Estamos a fin de mes
y mi heladera puede prescindir de tanto celo:
anémica,
casi vacía,
custodia apenas una zanahoria vieja
y un yogur desahuciado que ya compré vencido
por esa coquetería inexplicable
de ir al supermercado sin anteojos.
Delilah duerme en la piletita del baño.
Osvaldo no es mío
(de ahí su nombre castizo y sin pretensiones)
pero tiene derechos adquiridos:
llora por comida,
se enreda en mis piernas,
reclama caricias.
En el patio
Byron juega a morder gotas de lluvia.
Dentro de 5 minutos entrará en la cocina moviendo la cola,
todo patas embarradas
y feroz alegría.

Yo intento escribir un poema,
pero los miro y desisto:
ellos son el poema,
mi casa es el poema.

Jumanji, dice mi amiga Rosana
(en la jungla esperarás
hasta que los dados digan 5 u 8).

Jumanji, digo,
menos poeta pero más sabia
e irremediablemente más vieja.


Arte: "Cat Lady with kitten", Deb Harvey


lunes, 27 de agosto de 2018

LA LLORONA



LA LLORONA


Debo confesar, entre muchas otras cosas,

que casi, casi,
me pasé toda la vida llorando.


Al principio lloraba por las mismas cosas
por las que llora todo el mundo:
tenía hambre, tenía frío, tenía sueño.
Con el paso de unos pocos años
fui encontrando mis motivos personalísimos.
Lloré porque el hombre mató a la madre de Bambi
y porque se murió la novia de Gardel
(lloré de tristeza y lloré de estupor:
a los cuatro años  ya es dificilísimo aceptar que se muera una novia,
pero que el novio se ponga a cantar es demasiado).
Lloré por la pobre solterona que se había quedado
sin ilusión y sin fe,
por la fea que iba procurando que el mundo no la viera
camino del taller,
por la hija de Libertad Lamarque que también era cieguita
y no podía jugar
(yo creía que era la hija de Libertad Lamarque;
después me enteré que no
pero, de todos modos, seguí llorando).
Lloré por el último organito
y por Luis Otero, el Sapito, del poema de Gagliardi,
al que el Destino Maldito le arrebató a la mamá.


Lloré  por casi todos los personajes de “Corazón”,
por la dulce Beth March,
porque Jo no se quedó con Laurie,
porque el País de las Maravillas fue sólo un sueño,

porque los Reyes Magos eran los padres.
Lloré por un lobo disfrazado de príncipe
que se empecinó en probarme un zapatito de cristal
demasiado pequeño  para mí
y me condenó a sangrar para siempre.
Lloré por Julieta, por Isolda, por la Reina Ginebra,
por Margarita Gautier, por  Manon Lescaut,
por Anna Karéninna, por la Dama del perrito,
por Madame de Tourvel .
Porque Clark Gable  abandonó a Vivien Leigh,
porque Humphrey Bogart dejó ir a Ingrid Bergman,
porque Meryl Streep no se bajó de la camioneta
para correr a los brazos de Clint Eastwood
(aunque sabía que no se tenía que bajar,
no, no, no,
bajarse hubiera sido convertir un amor de película
en un amor de entrecasa,
demasiado usado,
con agujeros mal zurcidos en la puerta del domingo).
Lloré porque Montgomery Clift  no sobrevivió a Pearl Harbor,
porque Leonardo DiCaprio no sobrevivió al Titanic,
por la mirada de Christian Bale en la escena final de “El imperio del Sol”.


Lloré cuando mataron a Lennon
y cuando se desmoronaron las Torres Gemelas
(y me dijeron taradano llores, son yankees;
entonces lloré porque me dijeron tarada
y porque nadie pensó en lo que habrá sentido esa mujer
que prefirió reventarse la cabeza contra el asfalto
antes de morir calcinada).
Lloré porque la Muerte
no se conformó con arrebatarme personajes de ficción
y fue por todo.
Porque me enamoré siendo demasiado joven
y me enamoré siendo demasiado vieja.
Lloré cuando fui a parir, cuando parí,
cuando me pusieron a mi bebé en los brazos.
Lloré la primera vez que hicimos el amor
y la última vez que lo vi.
Girondo estaría orgulloso de mí, lloré como él quería:
conlanarizconlasrodillasporelombligoporlaboca.
Lloré para atrás y para adelante:
lloré cuando se separaron los Beatles
(aunque cuando se separaron los Beatles yo tenía tres años
y no sabía quiénes eran)
y lloré cuando se casó mi hijo
(aunque mi hijo recién está estrenando su primera novia).
Lloré para arriba
(nunca hay que llorar para arriba
porque te puede caer el llanto en la cara),
lloré para abajo
(y fui dejando una sutil estela de sal detrás de mí
como si fuera un caracol hecho de suspiros),
lloré para los costados
(y salpiqué a los que estaban sentados al lado mío en el aula,
en el cine,
en el colectivo,
en la sala de espera del ginecólogo).
Gasté fortunas en pañuelos descartables y aquí estoy,
más pobre que nunca.


Supondrán las personas razonables que tanto llanto
debe haberme consumido.
Pero no.
Estoy escandalosamente rozagante.
Lo que no deja de ser motivo de llanto:
los pantalones no me cierran.
Lloré tanto, tanto, que para contarlo
escribí un poema larguísimo.
Ustedes se habrán aburrido, pero a mí
¿quién me quita lo llorado?





 Arte: "Crying Girl",  Luis Ludzska

jueves, 23 de agosto de 2018

HERENCIA


HERENCIA (SI LA  MGM MUERE, ¿QUIÉN SE QUEDARÁ CON EL LEÓN?)


Vamos a despedazarte,
aún antes de darte por muerta.
Vamos a cortarte en trozos pequeñitos
como si fueras una hoja de papel
donde hace muchos años se escribió una historia
de zapatitos de charol, soquetes primorosos,
muñecas que daban un poco de miedo,
porcelanas frías que acunabas
cumpliendo el atávico mandato de ser madre,
madrecita.
Para eso eras mujer,
para eso ibas a sangrar por dentro y por fuera,
y te ibas a avergonzar,
y te ibas a doler en los filosos rumores
de todos los cristales rotos.
Una historia en la que flotaste como una nube de algodón de azúcar
hasta que esa sangre te inventó un cuerpo.



Él se va a quedar con tus ojos
(y con todos los puertos que se apostaron en ellos,
todos los golpes de agua,
y esos barcos que nunca fueron a ninguna parte
asilados para siempre
en la línea candorosa de tus pestañas).
Ella se va a quedar con tus manos
(y con todos sus trajines milagrosos,
dedos como lenguas dulces lavando
las cabezas diminutas de tus  recién paridos,
dedos multiplicándose como animales de luz).

Yo me voy a quedar con tus pequeños pies
de bailarina que no fue
(también con tu voz contándome
aquel cuento de las zapatillas rojas,
aunque fue hace tantos años que eso sucedió que ahora no sé
si me lo contaste con la voz o me lo contaste con los pies).



Los chicos se van a quedar con tu regazo,
al que treparon cientos de veces
cuando el miedo fue viejo de la bolsa,
fantasma Benito, bruja de acá a la vuelta,
lobo feroz, enfermera con jeringa en mano.

“Si la MGM  muere, ¿quién se quedará con el león?”
Es un cuento de Bradbury que leí ayer
y aunque no tiene nada que ver con esto que nos pasa
me hizo pensar tanto en nosotros.
En nosotros cuando estés muerta de verdad
y él quiera quedarse con tus sillas Luis XV
(pero yo también las quiera),
y ella quiera quedarse con tu precioso baiu
(pero él también lo quiera),
y yo quiera quedarme con tu vajilla de porcelana francesa,
(pero ella también la quiera)
y seamos nosotros los que nos despedacemos
y nos cortemos en trozos pequeñitos,
mientras los chicos,
(los que se quedaron con tu regazo y nada más),
husmean en tus cajones.



Arte: "Family", Fiona Omeenyo

domingo, 19 de agosto de 2018

LA SUICIDA


LA SUICIDA


Un grito pone al barrio sobre aviso.

Dos gritos.

Tres, cuatro.

Gritos abiertos como bocas de animales rabiosos,

humeantes,  impuros.

Gritos  astillándose

contra un péndulo incomprensible de carne muerta

(la nena mi nena)

contra un bloque blanco, tornasolado,

hermosamente atroz,

como un lirio infeccioso.



En la esquina

algunas vecinas persignan su alivio

porque la nena

(el péndulo el bloque el lirio)

es un cadáver ajeno.

Otras lloran como gatitos recién paridos,

con un llanto agudo que no levanta la voz,

con los ojos cerrados.

Todas comentan

(tan joven tan linda tan con la vida por delante

si lo tenía todo no hay motivo

la habrá dejado el novio estaría embarazada se drogaría

se llevaría mal con los padres con las hermanas con las amigas

tan joven tan linda y ahorcarse qué coraje

pobre la madre pobre pobre  pobre

ella ya no sufre más).



El aliento helado de una bolsa negra

le muerde la nuca a los murmullos.

La tarde cae, espesa,

sobre los faros sangrantes de una ambulancia

(morguera se llama morguera

aclara una señora con anteojos

y después el silencio).



La piba vivía acá a la vuelta

pero yo no la conocía.

Una amiga de la hermana me mostró su foto.

Era linda en serio,

y tan joven.



Era linda en serio, la puta madre.






martes, 14 de agosto de 2018

SI VOLVIERA



SI VOLVIERA 


“Lo mejor es creer que pasó todo
como debía”.
José Emilio Pacheco


Si volviera alguna vez al camino andado
me detendría en ciertas bellezas que pasaron desapercibidas:
los ojos de mi padre, tan parecidos a los míos,
mi ombligo plantando bandera en la efervescencia de la bikini roja
que heredé de mi hermana,
Adriana lavándose el pelo en la pileta del patio
de su vieja casa de Lanús.

Si volviera
demoraría mi  vuelo en los olores:
la colonia “Coqueterías”,
el tuco de mi abuela,
los azucenas de mis quince,
la cabeza de mi hijo recién parido.

Le sonreiría a la profesora de francés
que me obligaba a lavarme la cara cada mañana
cuando iba a la escuela con los ojos pintados,
al cura que me echó de la iglesia porque salía con un hombre casado,
a las vecinas que murmuraban al verme pasar
hamacando mi embarazo flojo de papeles,
a las amigas que dejaron de quererme.

Le sonreiría a la Muerte:
ningún aguijón de dolor
impidió que la carpa del circo
se instalara en mi piel cada verano.
Nada se llevó al final,
nada.
Todo lo guardo y lo revivo
en el ritual sombrío y claro
de abrir el corazón y derrochar
girasoles y juguetes.



domingo, 12 de agosto de 2018

LA PALABRA SIGUE ARDIENDO


12 de agosto de 2018


El grupo literario local, “Paco Urondo”, afianzó aún más su encuentro “Ciudad en llamas” con una séptima edición. La cual contó con una amplia convocatoria y escritores de diferentes puntos del país, se vivió un fin de semana repleto de metáforas, emociones y aprendizaje compartidos.
Escribe Daniel Rodríguez

ESPECIALPARAELDIARIO

La poesía, ella tan solitaria, volvió a reunirse con los aplausos. Era necesario. Durante el pasado fin de semana se repitió el encuentro “Ciudad en llamas” organizado por el grupo local Paco Urondo. Este, vale la pena mencionarlo, es el séptimo y ha tenido una convocatoria por demás interesante. En esta ocasión la convocatoria fue el sábado 4 y el domingo 5 de agosto en el Sport Social Club, a la vera de la costanera villamariense. Así, las instalaciones de la añosa asociación se vieron colmada de libros, palabras y poesía.
Para mayores precisiones: una cifra cercana a sesenta poetas pudieron compartir sus textos en diversas mesas de lectura, prácticamente treinta. Escritores que volaron, con palabras bajo sus alas, desde las provincias de Córdoba, Buenos Aires, Santa Fe, Santiago del Estero, Entre Ríos, Neuquén, Santiago de Estero y Salta, entre otras locaciones.
Inicio con homenaje
Como es sabido, de este grupo formado por Susana Giraudo, Fabiana León y Susana Zazzeti, era parte el recientemente fallecido poeta Eduardo Cichy. Por dicha cuestión, el día sábado, al inicio del encuentro, la madre, la pareja, una hija y una hermana (del amante de las letras) estuvieron presentes para hacer hincapié en la gran pérdida que sufrió el grupo (y la literatura en su conjunto) además de recalcar el cariño que manifestó por el cada participante. Esto sucedió al inicio, promediando las 9 de la mañana.
Ganadores del  concurso
Sí, fue el séptimo encuentro, pero se brindaron la distinciones y premiaciones del octavo concurso literario coordinado por dicho grupo. En esta ocasión la ganadora, Alicia Márquez, se llevó el primer premio (con la impresión de 100 ejemplares bajo la edición de Paco Urondo); dicha escritora firmó bajo el seudónimo de Carmen Losada y es oriunda de Vicente López, provincia de Buenos Aires. En tanto, el segundo premio fue para el tucumano Ernesto Rojas y el tercero para Ana María Oddo (Buenos Aires). Las menciones especiales fueron para Silvana Anguinetti (Córdoba) Diego Benett (Buenos Aires), Cristian Ramb (Córdoba) y el neuquino Pablo Montanaro, respectivamente. Todos éstos participan, ahora, conjuntamente en una antología en donde se les distribuye espacio para cada uno.

Visitas destacadas
El fin de semana, más allá de todos los presentes, también contó con visita de diversos vates que fueron laureados durante su vida. Hablamos de los bonaerenses Raquel Fernández, Alfonso Nasiff  y Antonio Requeni; todos ellos formando parte de una mesa especial. Allí, pudieron también dejar semillas y llevarse también sus aprendizajes.
En primer término, Raquel Fernández, nacida en Avellaneda, mujer que recibió más de 70 premios nacionales en materia poética además de logros en España, Nueva York, Miami e Italia tomó la palabra. Ella, dueña de una faena interesante dialogó con EL DIARIO, Fernández, entonces, afirmó que fue una jornada “hermosa y con un nivel excelente”. Además, valoró la atención de todos los asistentes entre ellos: “La escucha es muy importante. En Buenos Aires hay otros ritmos, otros tiempos. Acá todos escuchan a todos, ese respeto y el talento se valora mucho”.
Además, la autora de doce libros, hizo énfasis en los diversos tintes del género: “Noté una diferencia muy grande en las creaciones de las provincias. Los del interior están más relacionados con el entorno, es una poesía más rica, más cercana y contextual…. amorosa” cerró.
En tanto, Alfonso Nasiff, (nacido en Santiago del Estero, escritor, recopiador, prólogista Premio de Honor Argentino, Ganador del Premio García Lorca de España, y Mención de Honor brindada por la Cámara de Diputados en 2009; además Doctor Honoris Causa en la Universidad de Santiago del Estero) también se tomó un momento para dialogar con nuestro medio: “Hace muchos años que venimos haciendo esto. Todo esto ha nacido en Villa Dolores y Córdoba como una semilla bien sembrada. Nosotros compartimos los libros y uno siempre continúa leyendo. Entonces es como si estuvieran siempre abiertos”, subrayó. Asimismo, respecto aseguró que el contexto influye mucho de manera cultural: “Tal vez no de forma inmediata pero que van evolucionando; seguimos la acción porque seguimos comunicándonos” observó.
Completando la nómina  estuvo el bonaerense Antonio Requeni, ganador de dos premios Konex, Rotary Club de Buenos Aires, Pluma de Plata del Centro Argentino PEN club, acreedor Faja de Honor de SADE y condecorado por Italia con la orden de Cavaliere Ufficiale (Caballero Oficial). El, nacido en 1930, también se destacó en la tarea periodística tuvo su momento y espacio para cautivar a todos los asistenes.

Un balance positivo
Giraudo, León y Zazzeti, encargadas de la organización, realmente brindaron una tarde destacada respecto a la tarea y a la prolijidad en la coordinación de cada cuestión. Vale la pena mencionar que en ingreso a la sala de lectura existía un espacio dónde se ofertaban y comercializaban libros de distintos autores que así lo quisieran.
Fabiana León, parte del grupo, reconoció que el evento es siempre “un hermanamiento, un encuentro de certificación de la palabra; un espacio de humanidad”. En tanto, en alusión a la convocatoria y notable desempeño de los asistentes, agregó: “Con el paso de los años siempre tuvimos un buen nivel de poetas, talentosos” pero reconoció que no es porque se tratase de un grupo cerrado, sino que “eso se ha ido consolidando de manera espontánea y una construcción en el tiempo”.  Respecto al nacimiento de encuentro Ciudad en llamas, León recordó los inicios:  “Al principio trabajamos entre nosotros y luego comenzamos con la tarea hacia afuera. Esto es con el Premio edición, algo que es muy poco frecuente (se le otorgan 100 obras impresas al ganador)” vale la pena mencionar que dicho concurso es nacional.
A diferencia de otros espacios de lectura, en éste, los inscriptos tienen la posibilidad de leer más de una vez: “Siempre tuvimos la idea por la gente que hace el esfuerzo de venir, los hacemos leer por lo menos tres veces a cada escritor”.
“Detrás de todo esto hay mucha energía y está bueno poder construir cosas para otros y disfrutar el encuentro” cerró la escritora con su sonrisa característica.
Vale la pena mencionar que muchísimo de la actividad pudo volverse una realidad gracias a los auspiciantes que aportaron su grano de arena, entre ellos La Segunda Seuro, Hotel República, Sport Social Club, Don Emilio SA, OSDE y Caudex SA, entre otros.
Fotos: Griselda Rulfo y Ernesto Rojas