miércoles, 14 de octubre de 2026

PÁGINA EN BLANCO


 PÁGINA EN BLANCO



Tu corazón

era una página en blanco.

Garabateaba en él

la vida

con la fuerza

de mi feminidad apenas despuntada.

Escribía en tu piel cartas de anhelo.

En ese corazón

–página en blanco-

no pude dibujar una palabra

que a tus ojos me hiciera imprescindible,

que te diera un motivo de existencia.

Arrojaste tu cuerpo

una mañana

al abismo de la muerte deseada.

Inmolaste mis sueños

y tus días.

Tu blanco corazón

fue profanado

por la sangre aterida,

por la lluvia,

por el barro desencadenado,

por una fila marcial

de hormigas negras

que trazó un camino hacia la nada.



 Me morí de tu muerte 

esa mañana.

Me morí de la lluvia

y las hormigas.

Me morí de las páginas en blanco.






lunes, 12 de octubre de 2026

GRACIELA


 GRACIELA

 
Las italianas del barrio me llamaban Graciela , Gracielita.

Ese nombre era

un cofre con llave de añoranza.

En ese nombre había

sandías, aceitunas, vino,

frascos de mermelada de tomate,

flores de zapallo.

La zozobra de un barco

que nunca fue regreso.


 
Las vecinas italianas repetían   Graciela, Gracielita,

y se comían sus propios corazones

adobados con orégano y tomillo,

y sus pechos abiertos zumbaban

como abejas ungidas de verano.

Y yo era la campesina de pies ligeros

la novia del muchacho de pueblo,

la amante del gondolieri de ojos líquidos,

la nieta del pescador.


 
Las italianas del barrio ya no están

pero de vez en cuando alguien me llama Graciela.

Entonces recuerdo las caderas rotundas,

las lenguas atolondradas,

las bolsas del mercado.

Y mi nombre es un rayo de luna,

un látigo de luz,

que sus fantasmas trepan

hasta alcanzar el cielo,

hasta tocarlo.


sábado, 10 de octubre de 2026

THE BOOK OF MIRRORS


 THE BOOK OF MIRRORS



 Me interrogo, cada mañana, en el vértice del espejo.


1

Había una vez un espejo.

No había un hombre,

no había  una mujer.

Ningún jadeo penetraba

 el denso protocolo

de un calculado festín carnal.

Había una vez un espejo.

Un espejo solo.

Abierto.

Como un interrogante.



Caer dentro de un espejo es un ejercicio arduo
que requiere prescindir de cualquier máscara.



2

La sangre aplicada de tu bestia

gesticula desde el otro lado.

El botín inalcanzable

es la sangre.

El cuerpo del deseo es la bestia

El error es la máscara.



Algunos hombres son como espejos

-la niña correcta se equivoca una vez más:

todos los hombres son como espejos-.



3

Y entonces el macho se parte

y vuelan sus semillas

hasta la boca idéntica

que mastica su espasmo.

Una sombra babea,

muy desnuda,

crispándole los ojos.



Cuando el espejo me bebe,  el infinito se acaba en mis temblores
(es como tenderle el cuello a un asesino).



4

Y entonces la hembra expone

la viudez de su garganta

al tajo del cristal que donde se gastan

los pulgares del sueño.

Del otro lado,

las bestias cantan.



Alguien cruza el espejo y cubre mi cuerpo, como una sombra.



5

Las voces que instruyeron

la hoguera primitiva de los muslos

insisten en roer el hueso de la urgencia.

No hay un hombre,

no hay una mujer.

Hay un estallido tendiendo sus redes

en los orificios perturbados de dos cuerpos.

Y algunas mentiras

que  ríen,

como hienas.



Me miro en un espejo de cenizas:
todos los espejos son de ceniza desde que olvidé el rito del fuego.



6

El semen devoto de tu bestia

aúlla desde el otro lado.

La página en blanco

es el semen.

La palabra tullida es la bestia.

El poema cruel es el silencio.



Tu espejo se desangró, desafiando el rigor de la materia.
Consumiste tu vida en un instante. Era la señal.



7

Había una vez un espejo.

Había un hombre.

Había una mujer.

Había una distancia que se medía

en brújulas obscenas.

Había una vez un hombre roto,

con un girasol invertido entre las piernas.

Había una vez una mujer entreabierta,

goteando partículas de luz.

El hombre estaba solo.

La mujer lloraba.



Un sonido acribillado. La noche.
Se bifurcan los caminos del abismo.
La caída es libre dentro de cualquier espejo.



8

¿Y si quebramos todos los espejos?

¿Y si tentamos al luto

con las vértebras calientes de una sábana?

¿Y si clavamos este suicidio ridículo

en la garganta de un pájaro?