jueves, 11 de abril de 2024

EL DOMINGO FUIMOS AL CEMENTERIO


 EL DOMINGO FUIMOS AL CEMENTERIO

 

El domingo fuimos al cementerio.

Hacía mucho tiempo que no íbamos

y temía encontrarme

con una tumba mordida por los yuyos,

con el nombre de mi hermano tachado

por la mano brutal de alguna tormenta.

Pero no.

Todo estaba en orden.

Faltaban flores, eso sí.

Pero lo demás estaba en orden.

En ese orden atroz de los cementerios.

 

Había poca gente.

Una pareja comulgando con el silencio

frente a la tumba de su hijo.

Un chico,

con casco de motociclista bajo el brazo,

mirando fijamente la foto de una mujer.

Y en la zona de los nichos,

una madre joven sentada en el piso

llorando

y acariciando un cajoncito

que parecía de juguete.

“Es difícil amar la vida”, dije,

con la voz infectada

por el virus obstinado de la tristeza.

Pero creo que me equivoqué.

Es fácil amar la vida.

Lo difícil es aceptar que es, apenas,

una pompa de jabón que explota en nuestras manos

antes de que termine el juego.

Justo cuando el verano

empezaba a ponerse lindo.



Arte:  Laura Makabresku   

lunes, 8 de abril de 2024

ADAGIO





ADAGIO
 



Pronuncio espejos. 

Pronuncio el escándalo del cableado telefónico 

(el hilo de pájaros ligeros 

que me acercó 

tu voz a la garganta). 

Pronuncio las cuatro patas saladas del océano 

(el  animal azul 

que me lamió el verano y olfateó 

la desnudez que fui 

cuando fui vela, 

y me incrusté 

en los babores de tu viento).

  

Pronuncio intemperie. 

Pronuncio la rubia dignidad 

de esta copa de vino vacía, 

el humo tribal del cigarrillo 

que me acorta los días, 

y el llanto de todo lo que va a morir 

(los frascos de perfume vacíos, 

las excusas cansadas de los cónyuges rotos 

y esa película de Von Trier 

tan parecida a mí como la náusea).



Amaste a la que pude ser, 

pero fui otra.



Pronuncio tijeras. 

Pronuncio el futuro de las amapolas 

(pequeñas bocas de jalea 

saboteando 

la lentitud de los jardines). 



Las tijeras y las amapolas se parecen: 

desordenan. 



Las tijeras, las amapolas y yo nos parecemos.



Desordenarte, 

amor, 

me costó la ausencia.






Arte: Nikolay Reznichenco 

viernes, 5 de abril de 2024

DILUVIO


DILUVIO



Te escucho

en la voz del agua.

Tu ausencia es devoradora,

cae sobre mi pubis

como un jazmín herido

y me obliga a sacudirme los retornos

que ya no serán.

Tu ausencia es fosforescente,

aniquila mi voluntad de adioses,

construye mis recuerdos

más secretos,

violenta

mi decoro diurno.



Te escucho

en la voz del agua.

La platería de tu boca me salpica,

amilana mis treguas,

y el diluvio me trae en sus cuchillas

un espesor de asombro.



Yo te había olvidado.

¿Cómo regresa tu sombra en esta hora

y se acurruca

a los pies de mi cántico de harina,

y se abraza

a mi paladar sereno,

masticando los panes

que amasé con saliva y con silencio?

¿Cómo regresa tu impávido fantasma

y me esposa a la piedra

rodada y rodante de tu cuerpo?



Te escucho

en la voz del agua. 

Me había desacostumbrado

a escuchar nuestras voces:

la mía, la tuya,

las de los hijos

que jamás tendremos.






miércoles, 3 de abril de 2024

TIPO PINTÓN, CON AUTO AZUL, QUE SE MUERE Y NO ME EXPLICA


  TIPO PINTÓN, CON AUTO AZUL, QUE SE MUERE Y NO ME EXPLICA

  A Alejandro 

 ¿En qué pensabas cuando te colgaste 
de la viga del techo de ese galpón roñoso 
que no se merecía que estuvieras ahí,
con los ojos en blanco
y la lengua señalándote los tobillos rotos? 
¿En qué pensabas, Ale? 
Ni siquiera el tiempo transcurrido 
(largo, ancho, enorme: 
un tiempo que me plantó canas 
y me picó algunas muelas) 
borró esa pregunta que tengo atravesada en la garganta, 
como un mal bocado. 
¿En qué pensabas, Ale? 
A los veinte años, 
la muerte es una cachetada. 
A los veinte años, 
la muerte elegida por un tipo 
que festejaba mis chistes
y me consolaba el lunes, 
(los dos con los pies hundidos 
en el primer café de la mañana) 
porque mi sábado había sido una calamidad, 
es un gancho de derecha demoledor 
que te deja fuera de circulación 
por un rato largo.
“La bebota”, me decías entre risas, 
mientras yo repetía, haciéndome la tonta, 
-aunque nunca fui rubia 
ni tuve el culito de la Brodsky-: 
“Soy fea, soy un bichito, nadie me quiere.”
  
¿Por qué se suicida la gente? 
¿Por qué se suicidan los tipos altos y lindos,
que no llegan a los cuarenta, 
y tienen un auto azul cero kilómetro, 
y una perra que se llama Tina, en homenaje a la Turner? 
(No puedo escucharla 
sin acordarme de vos. 
No puedo.)
¿En qué pensabas, Ale? 
Decímelo, por Dios.
  
No quiero creer que pensabas  estas mismas cosas 
que yo estoy pensando ahora.



 Arte: "Dentro", Paolo Troilo

martes, 2 de abril de 2024

LA ROSA AZUL


LA ROSA AZUL
 
 
 
Anoche me dormí leyendo a Yeats.
 
Corrí nuevamente el riesgo
 
de soñar con el País de las Hadas,
 
pero no:
 
soñé con una calle estéril,
 
y un hotelito de mala muerte
 
al que yo apedreaba
 
con mi sexo descontento,
 
y con una florista que ofrecía sin culpa
 
unas siniestras rosas azul-celestes.
 
Tomé una de esas rosas en mis manos
 
y le arranqué su lengua perfumada,
 
sólo porque su farfulleo
 
hacía eco en mi cabeza saturada de viento.
 
Después la acuné entre mis brazos:
 
 comprendí que era
 
un error deliberado de la naturaleza,
 
igual que las mothwomen
 
que nunca supimos cómo ser mariposas
 
y nos estrellamos
 
contra los focos rojos de los hotelitos baratos
 
donde el amor nunca es más
 
que una mediocre puesta en escena.
  
 
 
Antes de despertar,
 
miré con ternura a tu fantasma
 
(no hay fantasma más terrible
 
que el de un hombre
 
que aún camina en la tierra de los vivos)
 
y le dije susurrando:
 
"Pisa con suavidad porque estás pisando mis sueños".





Arte:  Scott Rohlfs