“...Y yo sola con mis voces y tú tanto estás del otro lado que te confundo conmigo...” -
Alejandra Pizarnik
De qué lado del espejo estoy.
De qué lado del espejo está la otra.
Se me complican las manos,
se me pierde el cauce de la boca.
Las dos nos descarriamos
en la inflexión azul de los cristales.
Las dos tenemos alas sesgándonos la espalda.
Ninguna de nosotras se inicia en las caderas.
Yo elevo mi canto de serpiente.
La otra descalabra
la hondonada del pecho.
Ninguna de las dos se salva
de ahogar mariposas en tinteros,
de apacentar las manos
en el cuello del alba.
De qué lado del espejo está la idea.
De qué lado, el mezquino milagro de la vida.
Ese foco infeccioso.
Esa mansa rotura de los brotes,
como si la primavera fuera cierta.
Las dos habitamos el poema.
Se confunden las miradas paralelas.
Se enmarañan las hebras de la sangre.
Yo destruyo papeles.
La otra me describe las palabras.
Ella tiene mis voces.
Las dos nos preguntamos.
De qué lado del espejo se pudre la garganta.
De qué lado, la furia se hace canto.
Cada vez menos yo.
Cada vez más la otra.
He extraviado mi rostro.
El método secreto del vampiro
se alimenta de gestos.
A veces ella se agota.
Sólo queda en mi mano el hueco de su huida.
El espejo no dice más que una.
Entonces sé que me confundí de mujer.






