martes, 28 de mayo de 2019

LA VIDA COMIENZA A LOS CUARENTA



LA VIDA COMIENZA A LOS CUARENTA

“La vida comienza a los cuarenta
dijo John Lennon encendiendo las velas
en el comedor del edificio Dakota.”
Óscar Hahn



La vida comienza a los cuarenta
me dijeron,
y yo traté de creérmelo
a pesar de que a los treinta y nueve
ya no me entraban los jeans Hugs Tijuana
(esos tan lindos,
con una rosita bordada en el bolsillo)
y la fecha de vencimiento de los yogures
empezaba a ser una incógnita borrosa
frente a mis ojos miopes.
Así que cumplí los cuarenta bastante ilusionada
y durante un tiempo supuse que la vida
era despertarse con dolor de espalda,
acalorarse y desacalorarse
y colapsar cada vez que en el supermercado me llamaban señora.

No se trata de kilos,
ni de miopía,
ni de calores,
me dijeron.
Se trata de felicidad.

Felicidad.

Really?

No sé cómo funcionará para el resto de los mortales
(contentos con sus anteojos,
sus chequeos generales,
sus pastillas para no soñar)
pero yo nunca fui tan feliz como a los diecisiete,
cuando mi vida todavía no había comenzado
y lloraba todo el día a moco tendido
porque el pibe de la otra cuadra
no me daba ni la hora.



Arte: Andrea Kowch

sábado, 25 de mayo de 2019

LECTURAS "SENSACIONAL FRACASO" / MAYO 2019


LECTURAS "SENSACIONAL FRACASO" / MAYO 2019


De "Un rayo a tiempo"

SYLVIA
                                                                                         La ventana                                                                                       

“La luna no tiene porqué entristecerse,
mirando fijamente desde su capucha de hueso.”
Sylvia Plath (1932 – 1963)



La ventana

vomita coágulos de cielo

y el cerebro apaga sus luces,

una a una,

se acabó la fiesta. 

Yo aúllo en negro

(el negro es un silencio espeso

como la saliva

de un condenado a vivir).

Yo blasfemo en negro,

y dos niñitos traslúcidos

desayunan sándwiches de huevo,

waffles,

jugo de naranja,

en una habitación sin ventanas

al otro lado del mundo.



Yo,

mutante rubia,

fantasma de pelo rojo,

judía, jabón, jodida,

abrazando las botas de papá,

lamiendo las botas de papá,

ofreciéndole un final chiquito

de cámara de gas,

de Auschwitz doméstico.



La ventana fue un colirio

aliviando

mi mirada de invierno.

Ahora vomita los colores,

los escupe, los desguaza,

que se vayan,

colores, placebos,

dormirmorir

se hace siempre en negro

que se vayan.


A veces,

saco la cabeza del horno,

recojo mis poemas,

recojo mis gusanos,

en una fiesta de resucitados que dura nada,

que dura apenas una ventana,

un colirio, un jabón,

unos hijos remotos.




De "Interrumpidas"

LOLA

“Mañana
me vestirán con cenizas al alba,
me llenarán la boca de flores.”
Alejandra Pizarnik



No, no me vas a convencer.

Las mujeres no nacemos

para ganarnos,

a los quince años,

un par de alitas de papel de arroz.

Para vaciarnos de cardúmenes rojos

y repletarnos

de velones y rosarios de plástico.

Para obtener el status de estampita

y quedarnos inmóviles.

Para siempre.

Para siempre.



A los quince años los ojos fracturados como un paraguas herido de viento, no.

La mordedura letal de la arena y el sol como verdugo, no.

El miedo tejiendo nubes de vidrio que se rompen al respirarlas, no.

(El verano es un caballo azul que sangra

porque mi cuerpo

es una llaga abierta en su lomo absoluto).



Un angelito más en el cielo.

Y en la tierra, ¿qué?

En la tierra algo que se quiebra,

(una mujer que no será

o un pájaro),

el lobo omnipresente

y el horror de saber que el bosque crece,

sin paréntesis,

como un tumor de sombra.



De "Enaguas de encaje rotas"
NATALIE WOOD LE TENÍA MIEDO AL AGUA

Antes de que Natalia naciera
una bruja le dijo a su madre
que iba a ser una gran estrella
pero que debería tener cuidado con las aguas oscuras.
María,
mujer  estepa,
rusa y dura, arma blanca,
licor blanco, trueno,
se empecinó en parir una estrella
y en mantener sus pies secos,
su corazón seco.

Antes de que Natalia fuera Natalie
(cuando era la pequeña Natasha
y su sonrisa era un ciervo tibio pastando
en el bosque virgen de la boca)
su madre la sentó en las rodillas de un director de cine
y la obligó a cantar.
Natalia cantó y cantó,
sin dejar de sonreír,
y cuando tuvo que llorar
María le arrancó las alas a una mariposa
y le mostró la muerte.

Antes de que Natalie fuera una estrella
una bestia le rompió el sueño del amor entre las piernas.
María no la dejó gritar.
La obligó a seguir cantando.
Pero cuando tuvo que llorar
Natalia no necesitó mariposas mutiladas:
pensó en su cuerpo partido por un rayo de baba,
en su monte de Venus talado por el miedo.

Antes de que Natalie fuera otro bonito cadáver de Hollywood
fue una estrella empapada en champagne
bailando con peces de sombra
en la cubierta de un yate lujoso.
Había discutido con su marido, dicen.
Había desobedecido a María y había gritado.

Natalie Wood le tenía miedo al agua.
Nunca aprendió a nadar.
Se ahogó en 1981, borracha y sola.

Aguas oscuras, vaticinó la bruja.
La madre, las lágrimas, el océano.


De "Pretty in pink"

CHICAS CORRECTAS 

 A Adriana 


Nosotras,  

las que sí crecimos con Videla;  

las que supimos que el silencio es salud  

cosiéndole y descosiéndole la boca a las muñecas  

a la hora en que la abuela dormía la siesta;  

las que fuimos mujeres maravilla, mujeres biónicas,  

mujeres desnudas debajo de guardapolvos tableados,  

mujeres húmedas, mujeres aburridas;  

las que aprendimos a no pisar el césped,  

a poner la basura en su lugar,  

a cederle el asiento a las embarazadas y a los ancianos,  

a descender por la puerta trasera;  

las que levantamos la mano cuando queríamos hablar, 

cuando queríamos hacer pis,  

cuando queríamos llorar a los gritos;  

las que cosimos, bordamos,  

abrimos algunas puertas y nos tragamos las llaves de otras;  

las que acunamos bebés de Yoli Bell,  

bebés de ilusión, bebés de verdad;  

las que nunca tuvimos sexo con dos hombres a la vez,  

o con tres o con cuatro;  

las que jamás nos teñimos el pelo de rosa  

ni cultivamos una plantita de cannabis en la terraza  

queremos saber  

en qué nos equivocamos.