miércoles, 11 de febrero de 2026

CERRANDO PUERTAS


 CERRANDO PUERTAS 


“¡No le toques ya más que así es la rosa!” – Juan Ramón Jiménez 


De repente, la ausencia. Un manotazo, la voz de fuga. Un manotazo, la rotura del mediodía. La ortografía del muerto en un papel amarillo. Peligro de habla. Peligro de gritar lo que no se dijo nunca.  

II 

Ciega de alma, la mesa. El lugar vacío. El instante que humedece las palabras. Partir el pan y el cuchillo. Partir la boca muda. Saber la fatalidad más grande. Sin volver a mirarlo jamás. Porque esa risa no era mía: las fotografías mienten.  

III 

Cuándo dio el salto. Cuándo se convirtió en el antepasado de la esperanza. Dónde se dejó la vida. Por qué no lo reconozco en el roce de la luz. Por qué fuimos arena que no coincidió en ningún desierto.  

IV 

Entonces el alma es un lugar sin pájaros. Entonces no hay más Infierno que mugir para adentro, dar estocadas ciegas a los signos, entenderse por fin con la locura. Entonces no queda más consuelo que la desnudez atemporal de las flores.  


Quién le sirvió a la Muerte este plato de carne viva. Demasiado cercana para buscarlo. Mi verso insiste pero no lo toca. Hay una fiesta con amigos a la que no me  invitaron. Me muerdo las manos, pero es tarde. E inútil: no lo conozco.
  
VI 

El llanto de los vivos espanta a los muertos. Los párpados de los muertos espantan a los vivos. Pero los ojos de los unos y los otros jamás se encuentran. Hay reinos que no pueden tocarse.  

VI 

Los juguetes de la vida están rotos. Hay que cumplir los ritos que envuelven cada llama que se agota. La tierra en la garganta finalizando historias. La tierra sofocando los ojos que nunca fueron llaves. Él abandonando las garras.  

VIII 

Sangre resbalada en sus últimas baldosas. Sangre que no es sangre pero duele como un animal moribundo. Quiero sentirlo mío, pero no puedo. Algo me arrancó su tiempo y no hay lágrimas que valgan para recomponer la injusta tragedia de la carne.  

IX 

Elevo mi nada hacia lo que no escucha. Podría tener una cruz. Podría tener un escapulario que dijera su nombre. Pero a los muertos hay que dejarlos ir. Por eso le suelto las manos.  


Dolió aprender a no palpar la rosa. A cerrar ese tiempo que fue nuestro. Escaso, errado, flemático, indigente. A restañar con palabras el pasado imperfecto. Para que los muertos y los vivos comprendan de una vez por todas que ya no hay que tocar nada. El poema está terminado.




lunes, 9 de febrero de 2026

TÉ PARA UNO


 TÉ PARA UNO

Esto no es una película de Shyamalan, 

pero yo también veo gente muerta. 

Los muertos 

-mis muertos- 

se atrincheran blandamente en la lluvia delatora 

que le muerde las manos al otoño 

y resisten la furia del olvido, 

su bocanada absurda de papeles mustios 

y lápidas inciertas. 

Yo les sirvo té muy azucarado 

en preciosas tacitas de porcelana 

y alfombro sus gargantas con mis gritos, 

y amueblo sus pupilas con mi llanto. 

Los muertos 

-mis muertos- 

casi nunca contestan mis preguntas, 

sólo beben su té y enseñan sus encías grises 

en un remedo ingrato de sonrisa. 

Yo invento una merienda surrealista 

para alegrar sus huesecitos tristes, 

y atesoro con celo mi alcancía de sombras, 

mis visiones de endechas y naufragios, 

mis espejos trucados.


Esto no es una película de Shyamalan. 

Tampoco es un capítulo de “Alicia en el País de las Maravillas”. 

Esta es mi vida 

y estos son mis muertos. 

Esta es mi taza de té 

y este  es mi insoportable desamparo. 

Y esta es mi soledad,

intacta.


sábado, 7 de febrero de 2026

FIN DE FIESTA


FIN DE FIESTA


La habitación encantada está desierta.

Esta es mi confidencia más lejana.

Un mazo de cartas extraviadas

corre por la mesa en ruinas.

Cerca de mi mano descansan

cinco caracolitos traslúcidos.

Yo quería saber.



Morir de amor será siempre,

pero morir de verdad,

morir con el espesor de la carne,

es una vez. 

Una sola y solitaria vez.

Para el poeta blanco.

Para el poeta negro.

Para el que nunca corrió bajo la lluvia

con el afán de medir cuánto dolía el agua.



Ahora comprendo que el Conejo Blanco llegaba tarde

porque siempre es tarde.

Quizás eso me convierta en adulta.



No sé.


jueves, 5 de febrero de 2026

CARTA A TODAS LAS QUE SOY


 CARTA A TODAS LAS QUE SOY 


“Me moldeó muchas caras esta sumisa piel,
adherida en secreto a la palpitación de lo invisible
lo mismo que una gasa que de pronto revela figuras
emboscadas en la vaga sustancia de los sueños.”
Olga Orozco



Queridas, 

nada de lo que puedan decir me sorprende. 

De noche no duermo y de día  

arranco la costra de mis heridas 

para que sangren y sangren,  

y los viejos amores sean llagas nuevas 

y nunca cicatricen. 

Ya sé que soy un poco loca. 

De lunes a viernes estoy colgada del teléfono 

marcando números de hombres que no existen 

y los sábados me pinto las uñas de negro

y dibujo cruces en las puertas de las casas 

de todos los bastardos que no quisieron atenderme. 

Los domingos fumo en silencio. 

De noche no duermo.  

(Mr. Sandman, por favor, tráigame un sueño).



Queridas,  

nada de lo que puedan hacer me sorprende. 

Las palabras se niegan a obedecerme.

¿Qué potestad puedo tener yo sobre las palabras, 

si ellas están vivas y yo estoy muerta? 

Muerta e insomne,  

atada con una mueca desgarrada 

a un blister de pastillas que también se niegan a obedecerme. 



Queridas,  

la del vestido gris y la página en blanco, 

la del pelo mal recogido y las mariposas rotas, 

la de las amapolas desbocadas como bestias de seda, 

nada de lo que ustedes puedan decir, hacer, sentir, 

soñar, gozar o padecer me sorprende. 

Las conozco a todas de memoria. 

Las he aprendido a los golpes. 

Ustedes son un poco locas también.  

Y tampoco duermen.  

Nunca duermen.



Nunca.


lunes, 2 de febrero de 2026

LUNES 4 AM


 LUNES 4 AM 

Son las 4 AM y no puedo dormir.

Ninguna novedad.

Siempre estoy despierta a esta hora.

Sentada en la cocina, fumando

tratando de encontrar la punta

del ovillo del sueño,

envidio al perro inmóvil

cuyo pecho apenas se levanta

en un juego de respiración lenta y suave.

El silencio sería perfecto

si el tic tac del reloj

no insistiera en repetirse.

 

Me pregunto hacia dónde me llevan las aguas

de este río revuelto que no es ganancia para nadie.

Me pregunto qué sentido tiene

estar enojada con el mundo

si el mundo sigue girando ajeno a mis berrinches.

El tiempo no para

(me lo recuerdan el insistente tic tac

y las pequeñas arrugas

que una araña invisible

tejió con prolijidad alrededor de mis ojos).

Los días vividos se amontonan

como hojarasca

en las puertas de este cuerpo

expatriado de la primavera.

 

Hoy, de madrugada todo parece más claro.

Más preciso, más contundente.

La soledad se hincha

como el estómago de un rico

que devoró su ración y la de alguien más.

Alguien más que se murió de hambre

con los ojos saltones y las manos

extendidas hacia lo imposible.

Me pregunto si escribir tiene sentido

en este mundo donde las palabras se repiten tanto

que acaban por vaciarse de significado.

Me pregunto cuánto hace que noté

el acecho del tic tac,

cuánto hace que las arañas tejen sus sentencias,

cuánto hace que me como la ración de otro

que se muere

sin que yo deje de dar vueltas sobre mi ombligo. 

 

Me pregunto cuándo empecé a envejecer.

Cuánto hace

que nadie me besa en la boca.



miércoles, 28 de enero de 2026

MAMÁ - ELISABET CINCOTTA


 MAMÁ


decíamos que mamá era bruja
-nació un 31 de octubre-
nosotras nos llamamos brujas
nos condecoramos
con la orden brujas madres
les dimos diplomas
a la descendencia
de pequeñas barríamos
los patios
volaban las escobas
y ahora
ahora barremos la vereda
lucimos nuestra estirpe
preparando guisos de arroz
nunca mejor nuestra dote de brujas
en estos tiempos
saber hacer guisos variados
es casi una hazaña

Elisabet Cincotta

ELISABET CINCOTTA


 Elisabet Cincotta
1947-2026