domingo, 10 de mayo de 2026

SUCEDE


SUCEDE


El poema sucede en los suburbios

de mi cuerpo.

Asciende por mis piernas,

un caracol que remolca su baba de palabras.

Deja una estela luminosa,

un camino viscoso en el que la noche hunde sus dedos

como los hunde una mujer

en la nuca de su primer amante.

En el torrente mudo del sexo

desamordaza su olor a azucenas feroces.

En el ombligo,

juega con los ecos del agua prenatal,

se aprieta como un clavel intocado por la primavera.

.

El poema come de mí.

Es voraz, es feroz,

es un pichón de cristal que se rompe

en la cresta de mi lengua,

una orgía de astillas

naufragando en el desorden de mi saliva.



El poema le cuelga el no festejo de una taza de té

a mi dulce penumbra de criatura carroliana.

Se suelta el pelo y flota con torpeza.

Busca ser todos los barcos.



La hoja en blanco

deja el sol en la proa

y dice adiós.



Imperfecto

como un  pequeño delfín oxidado

el poema sucede.



Arte:  Aykut Aydoğdu 

viernes, 8 de mayo de 2026

MENTIRAS

MENTIRAS

Me dijo tantas cosas.
Me dijo que jamás ninguna mujer
lo había hecho sentir como lo hacía sentir yo.
Que las que habían estado antes
acurrucadas debajo de su lengua,
haciendo pie en su cuerpo
cuando el grito subía como la marea,
eran apenas hojarasca,
apenas grietas en el recuerdo
por donde se filtraba un otoño
cada vez más difuso.
Me dijo que había apedreado faroles
durante toda su vida
hasta que yo me encendí en su boca
y fui la luz inextinguible,
y lo enceguecí,
lo hice temblar,
lo devolví al estado de gracia
de los recién paridos.
Me dijo que lo nuestro era la excepción a la regla:
para siempre vos,
para siempre yo,
para siempre habitar la pasión habitándonos,
protegiéndonos de la tormenta entre las piernas del otro.

 Una tarde,
después de hacer el amor,
mojada todavía,
saqué un viejo cuaderno de mi cartera
y le leí dos o tres poemas que había escrito.
“¡Cuánto talento!”, me dijo.
Fue la única mentira que le perdoné.


Arte: "Lie in wait", Dorina Costras 

miércoles, 6 de mayo de 2026

SOLEDAD


 SOLEDAD

 

Hay una soledad que duele

más que otras soledades:

estar solo en medio de una multitud

mientras los ángeles proscritos

y los dulces fantasmas

revoletean a nuestro alrededor

como mariposillas rebeldes

subyugadas por la oscuridad.

En esta soledad me zambullo

buscando el agua natal

las paredes azules del útero.

Pero nada me devuelve al no ser,

al no oír

la insistente melodía del mundo.

 

La soledad del buen día,

del cómo estás descuidado

que no espera respuesta.

Es la risa de los otros lo que nos mata.

La imposibilidad de acoplarnos

a su viralidad satisfecha.

 

Hay una soledad que duele

más que otras soledades:

esa pátina de carencia

que me remonta el cuerpo,

el no saber llegar a tiempo

sin naufragar en las palabras.

Porque no existe poema que la nombre,

no existe lengua

que se atreva a tocarla.

 

Mi soledad

es algo más que un destino.



Arte: Ofra Amit

lunes, 4 de mayo de 2026

CARTA AL NIÑO BUENO


 CARTA AL NIÑO BUENO


A Julio Cortázar



Vamos a desatarnos los pies.

Vamos a dejar que las veredas los muerdan,

que la tierra  apiñe montoncitos  de libertad

entre nuestros dedos pasmados.

Vamos a impugnar un destino de cordones prolijos,

camisas planchadas

y cafés urgidos porque los relojes

nos llueven en los ojos.

Ni dentífricos, ni toallas, ni vacunas,  ni impuestos al día.

Vamos a emborracharnos hasta decirle que sí

a los monigotes obscenos que algún niño malo

(malo como vamos a ser nosotros

que todavía no sabemos ser malos)

dibujó en la espalda de la mujer más hermosa del mundo .




La Muerte tiene todavía los pantalones cortos.

Voy a sentarme a esperarte

en el banco de esa plaza que me debe la intemperie.

Vení,

mojado como los amantes que enmarañaron

las primeras sábanas del mundo,

con un pescadito rojo escurriéndose entre tus dientes

-un pescadito vivo-.

Vení,

que tengo el corazón troquelado y quiero que te lo lleves

para pegarlo en el álbum de figuritas de las costureritas que no saben coser

pero se dejaron la piel

en las bocas de todos los hombres a los que no les importan

ni los dobladillos ni los botones.

Vení,

que tengo un sexo de juguete dormido.

Dale cuerda hasta que suelte esa musiquita

que hipnotiza a los pájaros.

Remontalo

como a un barrilete de sudor y encaje.




Y que los gendarmes y las niñeras se  ocupen de sus asuntos.



sábado, 2 de mayo de 2026

LA CRUELDAD DE LAS JAULAS


 LA CRUELDAD DE LAS JAULAS 

Las jaulas de mi infancia

olían a pájaro lisiado,

a vuelo reprimido.

La soledad

supuraba en las plumas

en los colores que se apagaban

detrás de los barrotes.


Yo quería acariciar un pájaro.

Saber de su estructura leve.

No entendía

la crueldad de las jaulas.

Asumía que el canto

era consecuencia de una felicidad ingenua

que ignoraba el encierro.

 

En mi infancia los pájaros

no podían volar.

Hoy vuelan y los toco

con la suave cadencia de las palabras.

 

Recién cuando entendemos

la crueldad de las jaulas

alcanzamos el delicado gozo

de amar sin poseer.



Arte: Tanya Mayers

martes, 28 de abril de 2026

IL A MIS LE CAFÉ


  IL A MIS LE CAFÉ

 

Il a mis le café

dans la tasse

 

Recitar a Prévert en francés

es de las pocas cosas que recuerdo

de todas las que,

supuestamente,

aprendí en el secundario.

Junto con los nombres de las tenias

(saginata, equinococus, solium)

y el peligro latente del botulismo

agazapado en las latas abolladas.

La memoria es loca, pienso,

o yo pasé por la escuela como quien pasa

por un desfile de Carolina Herrera.

 

Il a mis le lait
Dans la tasse de café

 

Lo miro con desazón,

como si la taza estuviera rajada

y el café y la leche se escurrieran

por la delicada herida de la porcelana.

Y empaparan el mantel hasta convertirlo

en un pañuelito descartable más,

de esos que hoy revolotean por toda la casa

y confunden a los gatos

que persiguen, sin suerte,

pajaritos de papel mojados de pena.

 

Así estoy yo, así,

como una taza rajada.

Me veo entera de lejos,

me veo sana.

Pero estoy a punto de explotar en el microondas

o de quebrarme definitivamente

si alguien me lava

con demasiada vehemencia.

 

Alguna vez leí por ahí

acerca del Kintsugi,

una técnica japonesa que no desecha

la porcelana rajada.

Las repara con un barniz de resina

mezclado con polvo de oro o plata.

Porque las roturas y los quiebres

son parte de la vida del objeto,

hablan su historia y sus transformaciones,

lo embellecen.

Supongo que lo mismo debe pasarnos a nosotros

cuando nuestras heridas cicatrizan

y cada cicatriz es una rosa que asoma

reafirmando que somos humanos.

 

Il a mis le sucre
Dans le café au lait

 

Sans me parler
Sans me regarder

 

Quizás yo debería hablarle.

Quizás yo debería mirarlo.

Quizás yo debería preguntarle

como hace tantos años:

“¿Querés que te recite un poema de Prévert en francés?”