jueves, 13 de agosto de 2026

ASÍ TE DESAMO


 ASÍ TE DESAMO

Así te desamo.
Rompiéndote en pedacitos
como a una vieja foto heredada de la abuela
donde aparecen los rostros de parientes
que no conocimos nunca
(y nunca conoceremos porque todos están muertos
y olvidados;
sus tumbas deben ser los lugares
más tristes del Universo).


Así te desamo.
Sacándote de mi cama.
Ni sábana de arriba ni sábana de abajo.
Nada que pueda enredarse entre mis piernas,
recoger mis sudores,
velar mi retorno al agua natal,
al boca a boca de la primavera
(vaginas como mariposas sin alas
y los poemas de Neruda ardiendo
debajo del pudor de los pupitres).



 Así te desamo.
Así, así  y así.
Fingiendo que nací para bruja
y no soy la chica que se encoge en el bosque
a merced de la piedad del cazador
(la chica que ni siquiera puede gritar,
pero tiene un contrato a perpetuidad
firmado con los pájaros).



Te desamo cerrándome ventanas.
Recosiéndome heridas.
(Pero sólo hasta la próxima vez, honey,
sólo hasta la próxima vez).
El hombre es el único animal
que tropieza dos veces con la misma piedra.
La mujer, la única que se parte la cabeza.



lunes, 10 de agosto de 2026

CARTA A TODAS LAS QUE SOY


  CARTA A TODAS LAS QUE SOY

“Me moldeó muchas caras esta sumisa piel,
adherida en secreto a la palpitación de lo invisible
lo mismo que una gasa que de pronto revela figuras
emboscadas en la vaga sustancia de los sueños.”
Olga Orozco



Queridas, 

nada de lo que puedan decir me sorprende. 

De noche no duermo y de día  

arranco la costra de mis heridas 

para que sangren y sangren,  

y los viejos amores sean llagas nuevas 

y nunca cicatricen. 

Ya sé que soy un poco loca. 

De lunes a viernes estoy colgada del teléfono 

marcando números de hombres que no existen 

y los sábados me pinto las uñas de negro

y dibujo cruces en las puertas de las casas 

de todos los bastardos que no quisieron atenderme. 

Los domingos fumo en silencio. 

De noche no duermo.  

(Mr. Sandman, por favor, tráigame un sueño).



Queridas,  

nada de lo que puedan hacer me sorprende. 

Las palabras se niegan a obedecerme.

¿Qué potestad puedo tener yo sobre las palabras, 

si ellas están vivas y yo estoy muerta? 

Muerta e insomne,  

atada con una mueca desgarrada 

a un blister de pastillas que también se niegan a obedecerme. 



Queridas,  

la del vestido gris y la página en blanco, 

la del pelo mal recogido y las mariposas rotas, 

la de las amapolas desbocadas como bestias de seda, 

nada de lo que ustedes puedan decir, hacer, sentir, 

soñar, gozar o padecer me sorprende. 

Las conozco a todas de memoria. 

Las he aprendido a los golpes. 

Ustedes son un poco locas también.  

Y tampoco duermen.  

Nunca duermen.



Nunca.




sábado, 8 de agosto de 2026

LANA Y AGUA


 LANA Y AGUA



Nunca me pregunté por qué Lucy 

estaba en el Cielo. 

Nunca me pregunté si estaba viva 

o muerta 

o estrictamente dormida. 

Nunca me pregunté si era calva, 

si la agonía había llegado pelo por pelo 

mientras los zapatos blancos susurraban 

y barrían la llaga 

debajo de los muebles. 

Nunca me pregunté si estaba rota, 

si la torpeza había llegado vena por vena 

mientras todos los zapatos la excluían 

y nadie barría nada porque había llaga 

pero no había escoba 

ni había muebles. 



Lucy era un sueño 

sujeto a metamorfosis: 

ahora, el sol, 

ahora, una constelación de objetos 

dulcemente inútiles,

ahora, la niñita que cree seis cosas increíbles 

antes del desayuno.

Ahora, su cuerpo de caleidoscopio 

tomando decisiones vertiginosas, 

sus amantes, embutidos en trajes de papel, 

multiplicándose. 

Ahora, la garganta centelleada de flamencos, 

los muslos fosforescentes, 

la cabeza en las nubes. 

Una puerta abierta entre las piernas. 

Y los diamantes. 

Los diamantes.



Siempre creí que Lucy era yo. 

Pero yo no sé ni tejer 

ni remar. 

Y los espejos 

suelen darme la espalda. 


Lo maravilloso es fácil. 

Lo difícil es todo lo demás.

jueves, 6 de agosto de 2026

CORNALITOS


 CORNALITOS


“Hay cornalitos” decía un cartel

en el que una mano torpe

había dibujado un pequeño cardumen.

Enseguida pensé en mamá.

En su destreza en la cocina.

En la fuente que llegaba a la mesa

entre exclamaciones de alegría:

nos encantaba comer pescaditos.

Pensé en que no sé

cuándo comí por última vez

la comida de mamá:

sus buñuelos de acelga,

sus fideos con queso y ajo,

su arroz con pollo.

Un relámpago de azúcar y sal

atravesó  mi paladar.

y me empapó de los sabores de la infancia.

 

“Hay cornalitos” decía el cartel.

Pensé en mamá.

Pensé en una vida

comiendo la comida de mamá.

Pensé en esos momentos

en los que lo cotidiano se convierte en excepcional

porque es la última vez.


martes, 4 de agosto de 2026

NO NOS HIZO FALTA PARÍS


NO NOS HIZO FALTA PARÍS 

“And if I say I really loved you
and was glad you came along…”
Paul McCartney, “Here today” 


No nos hizo falta París. 

Tampoco lo tuvimos. 

Tuvimos, sí, 

una playita de mala muerte 

y un muelle que se caía a pedazos, 

y un amanecer que tiñó de rojo 

los párpados del cielo. 

Y el mar acariciando 

el plumaje indeciso de la arena. 

Y el viento que fue víspera del milagro, 

del legítimo prodigio de encontrarte. 

Dicho así, suena cursi. 

Pero no fue cursi. Fue real. 


Tuvimos bacanales de ternura. 

Yo flotaba en mi desnudez geométrica 

como una afable señorita de Picasso: 

los pechos fragmentados en cristales de hielo 

mojándote las manos, 

y aquí, y allí, un triángulo incesante, 

subiendo, bajando, 

de tu boca a tu ingle, 

de tu sed a mi infierno. 

Eras el dulce comensal de mi cuerpo, 

tan sabio en tu falta de experiencia, 

y yo te dejaba hacer, 

interpretando mi atildado  papel de reina virgen 

dispuesta a abdicar sin remilgos 

en el primer gemido.


Tuvimos la catedral de nuestros sueños, 

que no tuvo nada que envidiarle a Notre Dame. 

Y tuvimos Buenos Aires, 

ligera, sucia, maravillosa, 

única.


Tuvimos una puerta que no abrimos. 

Una puerta entre todas las puertas, 

la del arroz con leche y las damitas casaderas de San Nicolás. 

Nos entretuvimos jugando con las llaves, 

creyendo, con candor, 

que nos sobraba el tiempo. 


No nos hizo falta París. 

Pero nos quedó todo lo que vivimos. 

A vos, dondequiera que estés. 

A mí, 

here today, 

hamacándome en la risa del pasado, 

escribiendo estos versos.