domingo, 2 de agosto de 2026

TENDRÍAS QUE HABER SIDO VOS

 TENDRÍAS QUE HABER SIDO VOS



Tendrías que haber sido vos.


Tendrías que haber sido vos

el rubio que me besó en el  ‘82

y me dijo sos la chica más linda de la escuela,

lástima que seas tan rara,

aunque por ahí ser rara es lo que te hace tan linda:

mientras las otras  se apretujan en el baño

para pintarse los ojos

vos  te quedás acá, mirando el  cielo de frente,

y te colgás del cuello hilos de mariposas,

cenizas de revoluciones,

canciones de Bob Dylan.


Tendrías que haber sido vos

el vecino con el que me tropecé a los dieciséis

y al que amé feroz y platónicamente

(es el hombre más lindo del mundo,

igualito a Paul McCartney,

no,  más lindo que Paul McCartney;

si no me toca me muero,

si me toca me muero también,

combustión espontánea le dicen,

es raro, pero pasa).


Tendrías que haber sido vos

el chico que me acarició la cabeza

cuando el amigo de Richard Gere  se suicidó en “Reto al destino”

y yo me puse a llorar desconsoladamente.

El que me compró un amanecer en la playa

y me dijo que ahí, en el sol,

iba a estar lo que quisiera ver, siempre.


Tendrías que haber sido vos el pibe de la fábrica,

el hermano de mi odontólogo,

el baterista de ese grupo ignoto que nunca llegó a nada,

el hombre que tiene los ojos del mismo color que los de mi hijo.


Tendría que haber sido otro

el que apareciera

cuando estuviera cansada de vos,

y me dijera que sí pero no,

que tal vez, si yo no tuviera que revisar cuadernos,

que tal vez, si nos hubiéramos conocido hace veinticinco años,

que tal vez en la próxima vida

cuando seas vos el mentiroso que me tome del brazo con  dulzura

y me diga al oído

sos la chica más linda de la escuela, la más sexy,

la que saldría seguro en la tapa de Playboy

si no estuviera siempre buscándole la vuelta a las canciones de Bob Dylan

y no fuera tan bajita.








miércoles, 29 de julio de 2026

CREEPSHOW


 CREEPSHOW


Llevo treinta años mirando películas de terror.

En las películas de terror

jamás sepultan a los muertos,

siempre quedan desparramados en las carreteras,

o en los bosques,

o dondequiera que sea que los haya alcanzado la Parca.

En la vida real,

a los muertos hay que sepultarlos.

Hace rato que estás muerto,

pero, por un motivo u otro, retrasé el funeral.

Primero,

porque te amaba

y el alma duele cuando tenemos que enterrar

a un ser que amamos.

Después,

porque el enojo y la rabia

me tenían enlazada a tu sudario.

Más tarde,

porque supuse que nos debíamos

algo tan simple como un café y una verdad.

El café llegó, pero la verdad

acudió a la cita disfrazada.

Ninguno de los dos se animó,

siquiera,

a levantarle un poco la pollera.

Y otra vez te amé,

y no pude sepultarte.

Y otra vez te odié,

y amanecí muchas veces

con los ojos hinchados

y los pies enredados en tu mortaja.



Ahora que ya no te amo

y tampoco te odio,

ahora que sos, sí, definitivamente un extraño,

un tipo al que no me daría vuelta a mirar

si me lo cruzara en la calle,

un tipo con el que jamás aceptaría tomar un café,

ni jugar una partida de ajedrez,

me doy cuenta de que no hace falta enterrarte.

Ya no sos un muerto mío.



Que te entierre otra.



Que te entierre alguien que, de verdad,

te haya conocido.


domingo, 26 de julio de 2026

LOS POEMAS QUE NO TE ESCRIBÍ

 LOS POEMAS QUE NO TE ESCRIBÍ



Los poemas que no te escribí

se alejan

como palomas de humo.

Se caen de mis manos,

de mi boca,

de mi sexo hambriento.

Los pierdo

como un árbol que pierde sus hojas.

Sin pesar.

Sin conciencia.


Los poemas que no te escribí

dejaron de dolerme,

de escocerme, de minarme.

Dejaron de ser mis llagas.

Ellos te definían:

amor, amor,

animal terrestre,

animal celeste,

brújula carnal para navegar

mi desnudez más luminosa.

Ellos me definían:

el don de la ingenuidad.


Los poemas que no te escribí

se alejan

como te alejás vos.

Entonces cierro las piernas

como quien cierra

un libro lleno de historias maravillosas.

Nuestro cuento no fue un cuento de Andersen

(ni siquiera puedo recordarte

con una tristeza limpia).

No soy una bailarina de papel,

(hace tanto tiempo que no soy una bailarina de papel)

soy una mujer confusa  y algo miope,

una mujer madura

(aunque conserve mis manos de hada

y pretenda que los poemas que te escribí

hayan valido la pena,

e insista para que seas ése a quien yo quería

y no éste,

tan trivial, tan ajeno,

tan desentendido de mis constelaciones).





viernes, 24 de julio de 2026

EL JARDÍN


EL JARDÍN
"Un claro en un jardín oscuro o un pequeño espacio de luz entre hojas negras.” – Alejandra Pizarnik


Yo vine a ver el jardín. Y me quedé.
Al principio, contra mi voluntad.
Te juro que no quería ser poeta,
poetisa, mujer que escribe,
mujer que debería callarse,
mujer que hace malabares con las palabras y no sabe.
Mujer que debería, en todo caso,
extender la mano y pedir limosna. 



Yo no quería abrazarme las rodillas
moviendo la cabeza como una máquina estúpida
-arriba, abajo, arriba, abajo-,
con este sabor a intemperie en la boca.
Roedora resignada. Roedora de versos. 


Yo no quería retirarme de los asuntos urgentes:
“No hay leche”, “No hay pan”,
“Se me pasó el arroz”, “Seguí participando”. 


Pero vine a ver el jardín.
Con esta lucidez que no puedo arrancarme de los sesos.
Intentando lanzar el ojo a través de la cerradura.
Para ver. Para ver no sé qué.
Para ver la flor que fue la génesis de todo.
Buscando una reina más loca que yo.
Buscando la respuesta al “Seguí participando”. 


¿Y si no sigo?


No me engaño: jamás voy a estar desnuda entre las lilas.
Mi palabra vuela bajo.
Pero yo me conformo ver el jardín.
Y quedarme.
Al principio, contra mi voluntad. 


Ahora, porque esta es mi casa.



miércoles, 22 de julio de 2026

POEMA INNECESARIO


 POEMA INNECESARIO


Hice el amor toda la noche.

Con vos

que estás tan muerto

como quisieron mi espanto y mi capricho.

Aunque inspires y expires.

Aunque reordenes cada día

las raíces y el agua.

Para empezar de nuevo.

Para colgarte al hombro

una vida de sal o de madera.

Una vida que no puedo

tocar en la vigilia.



Yo puse el océano

entre tus pies y mi casa.

Yo te apaleé hasta verte mi enemigo.

Algo estaba roto en mi cabeza.

Asesinarte era tan urgente

como abrirme de piernas y obligarte a llenarme.

Una vasija hendida.

Nunca fue suficiente.



Hice el amor toda la noche.

Con vos

que ni siquiera preguntaste

por quién doblaban las campanas.

Fue lento y suave.

Fue una cursilería.

Casi como caminar entre algodones.



Yo puse el dolor

entre tu boca y mi nombre.

Mi cuerpo fue un río lleno de ahogados.

Tuve el deber de arrastrarte entre cadáveres.

Pero alguna vez hicimos el amor así, supongo.

Tan lento, tan suave, tan cursi.

Antes de que te arrancara los ojos.

Antes de que malpisara el jardín del aire.



Hace años que dejé de llorarte.

Y ya sé lo innecesario que es decirte

que de verdad te amaba.