martes, 17 de febrero de 2026

EL BARRIO


 EL BARRIO

 

Hoy cumple años el chico más lindo del barrio

decía el cordobés,

y sacaba los parlantes a la calle.

Ese día nos tocaba escuchar cuarteto.

Antes de Rodrigo.

Antes de que se pusiera de moda.

Nosotras pensábamos 

que el chico más lindo del barrio era otro

y esperábamos ansiosas el Carnaval

para poder mojarlo

(el agua era, entonces,

un labio temprano

apretándose contra el deseo,

el beso al que no nos animábamos).

 

El barrio.

Esa mancha de luz en la memoria.

Ese cofre de objetos maravillosos

donde guardamos

los primeros cigarrillos,

los primeros amores,

los perros que eran de nadie y eran de todos,

el carrito del heladero,

las canciones de ABBA.

 

Hoy cumple años el chico más lindo del barrio

decía el cordobés,

y las señoras que barrían las veredas

estaban de festejo a la fuerza.

Cuarteto todo el día

y a la tardecita la torta,

los tirones de orejas,

los deseos que no iban a cumplirse

(ojalá que el verano dure toda la vida,

ojalá que llegue pronto el Carnaval

y que se quede,

chau a la escuela,

chau a los bostezos y a la escarcha,

chau al sol del 25 de mayo).

 

El barrio.

Ese lugar de pertenencia del que me fui

pero no.

Porque irse era un pecado imperdonable

y las mudanzas,

aquelarres donde los brujos de la ausencia

ensayaban su canto funesto.

Ese lugar de desgarro

donde las preguntas

me arañan la garganta como gatitos tristes:

por qué la infancia se voló

con la música a otra parte,

de qué murió el chico más lindo,

cuándo vuelve el verano.


domingo, 15 de febrero de 2026

UNA MADRE TERRIBLE


UNA MADRE TERRIBLE

Va a ser una madre terrible, dijeron,
cuando mi embarazo se hizo evidente
y las vecinas maliciosas afilaron los colmillos
para preguntar
cuándo me había casado.
Terrible, sí.
Demasiado irresponsable,
demasiado irreflexiva,
demasiado emocional.

Voy a ser una gran madre, dije yo,
y traté de rodearte de belleza:
caricaturas de Tex Avery,
música de Los Beatles,
historias de cronopios famas.
Pero el oráculo del barrio no se equivocó:
fui una madre terrible.
Dije que sí cuando debí decir que no.
Dije que no cuando debí abrazarte.
Y cuando no supe qué decir
me tiré en la cama a llorar
y no me levanté durante meses.
Vos tenías once o doce años
y no entendías.
Yo era una adulta
(demasiado irresponsable,
demasiado irreflexiva,
demasiado emocional)
y tampoco entendía.

Fui una madre terrible.
No supe
sembrar tu nombre en la luz.

De tu papá heredaste
los ojos verdes,
la nariz perfecta,
el contundente apellido italiano.
De mí,
la lluvia que gira entre tus dedos
como un trompo infeccioso.
Cronopiosfamas, y ninguna esperanza.
Los pies fríos,
la duda irrazonable.
La tristeza


 

viernes, 13 de febrero de 2026

ENFERMA

ENFERMA

  

Ella rompe 

media docena de huevos. 

Se asoma a la ventana. 

Mira la vereda gris con afán de suicidio. 

Pero el cielo es azul y hay que batir los huevos. 

Hay que tostar el pan, 

exprimir las naranjas. 

Los chicos tienen hambre.

 Los chicos siempre tienen hambre. 

Ella no entiende bien esta gula infantil: 

un puñado de flores masticado a desgano 

le basta a su organismo 

para vivir mil días. 

Su estómago es pequeño: 

apenas unas flores 

y ya siente el hastío. 

 

Ella hierve leche, 

prepara café, 

dispone la vajilla, 

acomoda su pena en un mantel floreado. 

Los chicos tienen hambre 

y ella entiende que el mundo 

es un lugar hostil, 

una  prisión fundada con gestos habituales: 

ponerse los zapatos, 

hojear una revista, 

abrazar a sus hijos, 

desnudarse en la noche para nadie. 

 

Ella busca en el horno 

el pan misericorde 

que la lleve a la ausencia. 

Deja una breve nota 

junto a las tazas sucias: 

Es invierno. En primavera 

también estaba enferma.”




Arte: Edvard Munch


miércoles, 11 de febrero de 2026

CERRANDO PUERTAS


 CERRANDO PUERTAS 


“¡No le toques ya más que así es la rosa!” – Juan Ramón Jiménez 


De repente, la ausencia. Un manotazo, la voz de fuga. Un manotazo, la rotura del mediodía. La ortografía del muerto en un papel amarillo. Peligro de habla. Peligro de gritar lo que no se dijo nunca.  

II 

Ciega de alma, la mesa. El lugar vacío. El instante que humedece las palabras. Partir el pan y el cuchillo. Partir la boca muda. Saber la fatalidad más grande. Sin volver a mirarlo jamás. Porque esa risa no era mía: las fotografías mienten.  

III 

Cuándo dio el salto. Cuándo se convirtió en el antepasado de la esperanza. Dónde se dejó la vida. Por qué no lo reconozco en el roce de la luz. Por qué fuimos arena que no coincidió en ningún desierto.  

IV 

Entonces el alma es un lugar sin pájaros. Entonces no hay más Infierno que mugir para adentro, dar estocadas ciegas a los signos, entenderse por fin con la locura. Entonces no queda más consuelo que la desnudez atemporal de las flores.  


Quién le sirvió a la Muerte este plato de carne viva. Demasiado cercana para buscarlo. Mi verso insiste pero no lo toca. Hay una fiesta con amigos a la que no me  invitaron. Me muerdo las manos, pero es tarde. E inútil: no lo conozco.
  
VI 

El llanto de los vivos espanta a los muertos. Los párpados de los muertos espantan a los vivos. Pero los ojos de los unos y los otros jamás se encuentran. Hay reinos que no pueden tocarse.  

VI 

Los juguetes de la vida están rotos. Hay que cumplir los ritos que envuelven cada llama que se agota. La tierra en la garganta finalizando historias. La tierra sofocando los ojos que nunca fueron llaves. Él abandonando las garras.  

VIII 

Sangre resbalada en sus últimas baldosas. Sangre que no es sangre pero duele como un animal moribundo. Quiero sentirlo mío, pero no puedo. Algo me arrancó su tiempo y no hay lágrimas que valgan para recomponer la injusta tragedia de la carne.  

IX 

Elevo mi nada hacia lo que no escucha. Podría tener una cruz. Podría tener un escapulario que dijera su nombre. Pero a los muertos hay que dejarlos ir. Por eso le suelto las manos.  


Dolió aprender a no palpar la rosa. A cerrar ese tiempo que fue nuestro. Escaso, errado, flemático, indigente. A restañar con palabras el pasado imperfecto. Para que los muertos y los vivos comprendan de una vez por todas que ya no hay que tocar nada. El poema está terminado.




lunes, 9 de febrero de 2026

TÉ PARA UNO


 TÉ PARA UNO

Esto no es una película de Shyamalan, 

pero yo también veo gente muerta. 

Los muertos 

-mis muertos- 

se atrincheran blandamente en la lluvia delatora 

que le muerde las manos al otoño 

y resisten la furia del olvido, 

su bocanada absurda de papeles mustios 

y lápidas inciertas. 

Yo les sirvo té muy azucarado 

en preciosas tacitas de porcelana 

y alfombro sus gargantas con mis gritos, 

y amueblo sus pupilas con mi llanto. 

Los muertos 

-mis muertos- 

casi nunca contestan mis preguntas, 

sólo beben su té y enseñan sus encías grises 

en un remedo ingrato de sonrisa. 

Yo invento una merienda surrealista 

para alegrar sus huesecitos tristes, 

y atesoro con celo mi alcancía de sombras, 

mis visiones de endechas y naufragios, 

mis espejos trucados.


Esto no es una película de Shyamalan. 

Tampoco es un capítulo de “Alicia en el País de las Maravillas”. 

Esta es mi vida 

y estos son mis muertos. 

Esta es mi taza de té 

y este  es mi insoportable desamparo. 

Y esta es mi soledad,

intacta.


sábado, 7 de febrero de 2026

FIN DE FIESTA


FIN DE FIESTA


La habitación encantada está desierta.

Esta es mi confidencia más lejana.

Un mazo de cartas extraviadas

corre por la mesa en ruinas.

Cerca de mi mano descansan

cinco caracolitos traslúcidos.

Yo quería saber.



Morir de amor será siempre,

pero morir de verdad,

morir con el espesor de la carne,

es una vez. 

Una sola y solitaria vez.

Para el poeta blanco.

Para el poeta negro.

Para el que nunca corrió bajo la lluvia

con el afán de medir cuánto dolía el agua.



Ahora comprendo que el Conejo Blanco llegaba tarde

porque siempre es tarde.

Quizás eso me convierta en adulta.



No sé.