jueves, 26 de marzo de 2026

FIN DE ETAPA

FIN DE ETAPA

“…y también perdida la muchacha, a los cuarenta ya es solamente una manera de llorar dentro de una palabra.”
Julio Cortázar



La primera vez que me desnudé frente al espejo

tenía doce años.

Mis pechos levitaban

y mi ombligo era

una flor levemente rosada

que marcaba el camino hacia constelaciones de saliva,

nidos de vértigo,

quemaduras ciegas

como cachorros recién nacidos.



La primera vez que busqué la palabra mujer en el diccionario

tenía doce años.

Y ahí estaba yo,

desnuda frente al espejo,

germinada,

deletreando la vida con los muslos.

El agua devenida en vino

me erigía

en rehén del milagro.



Hoy el vino es agua nuevamente

y me acordonan

los fantasmas del viento.

Me reconozco como un árbol sin hojas:

el memorándum perfecto del otoño.

Y pregunto lo mismo

que preguntó mi madre,

que preguntó la madre de mi madre,

que preguntaron todas

(reinas, mendigas, Julietas que no tuvieron la delicadeza de morirse):

¿Cómo asumir esta diáspora sombría

de golondrinas rojas?

¿Cómo aceptar abril y sus misterios,

su silencio de peces que abandonan

el río absoluto de mis piernas?



La última vez que me desnudé frente al espejo

tenía cuarenta y seis años.

Me sentí un mar ausente,

la piel susurrada por caracoles lejanos.

Supe que me tocaba

armar mi rompecabezas sin la sangre.

Y sonreír, sonreír, sonreír.

Como si no hubiera perdido todavía

la esperanza de reencontrarme con la primavera.





 

martes, 24 de marzo de 2026

EL INFIERNO


 EL INFIERNO


“¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”
Canto tercero del Libro Infierno de la Divina Comedia
Dante  Alighieri


Los perros del amanecer aúllan en negro

y las horas

se olvidan de darse a luz.

La vida es una muerte en ciernes,

una cinta de luto comprimiendo

la tráquea de la primavera,

una mancha de soledad que tiembla

aguijoneada

por el estruendo caníbal de las botas.


Nueve círculos de huesos

descienden

hasta un pandemónium de pájaros rotos.

Nueve círculos de hambre.


Alguien sacude fantasmas antiguos,

tiende sábanas de orina y sed

en la impotencia de las gargantas.

Respirar es difícil:

el aire agoniza entre tanta tristeza.

En una pared descascarada

relumbra

el trazo de una mano que quiso

ponerle palabras a la libertad.

Pero yo siento que la poesía no basta.

Por primera vez siento que la poesía no basta.

Ni mil años de poesía

alcanzarían para lavar los pies

de tantos Cristos acribillados a miedo.


En mi adolescencia

yo caminaba la vereda

de esta casa de sangre.

Tenía el pelo corto

y los ojos más lindos del mundo.

Y no sabía.

Te juro que no sabía.




domingo, 22 de marzo de 2026

EL DOLOR NECESARIO


 EL DOLOR NECESARIO


"¿Cómo diablos se supone que vamos a saber si estamos en el amor o estamos en el dolor?" - Marilyn Manson



Mis muertos son inmensos.

Crecen.

Punzando cada vez más lejos, sí.

Pero ensanchando sus cauces.

Conservo sus bordes,

su autoridad indiscutida sobre la que fui.

La que no vivía de memoria.

Sístole y diástole,

tubos idénticos transitando el aire,

hambre de nada.

Intentos.



Mis muertos son médanos erráticos

que me buscan el cuerpo.

Siempre tres pasos atrás en el corazón,

donde están los juguetes rotos.

Repetidos en mi lengua.

Sabedores de signos. De huellas sonoras.

Trepados en mis piernas

para obligarme

a su dominio hermético,

al maderamen inútil del viaje final.

Una alucinación de gaviotas

destrozándose contra en el polvo.

¿Cómo saber el mar con el dolor hincado en la tierra?



Mis muertos son inmensos.

Crecen.

Las uñas, el pelo.

El capricho de ser mudos y llamarse

en primera persona.

Alguna vez la lluvia fue lluvia

y no este chorro sucio de memoria.

Cuando hablaba con mis muertos

(respirando)

y ellos comprendían

la paciencia inacabable de atestiguar lo vivo.

Ahora hay rostros enormes,

lejos, cerca, lejos, cerca.

Un luctuoso baile veneciano.

Máscaras que siguieron

por no articular la palabra a tiempo.



Mis muertos son míos.

Que nadie tironee de sus pobres hechuras.

No voy a soltarlos.



Nunca.







viernes, 20 de marzo de 2026

HUELLAS


 HUELLAS



Él tenía en la garganta

un bosque de palabras que no me habían tocado nunca.

Savia amanecida en la laringe,

golpes de luz verde,

lianas amorosas serpenteando

entre vocales y consonantes.



Él me decía

que el amor era posible

más allá del poema,

que la vida era posible

puertas afuera de mi dulce islote de pan y mermelada,

de espaldas al blanco santuario del jabón en polvo

y el llanto arrinconado en la mímica hueca

de la telenovela de las tres de la tarde



Yo tenía en la boca

todas las heridas del viento.

Él  estrelló  su cantar de cantares

contra mi gesto atávico de reina en cautiverio.

Y fue una herida más,

un pájaro azul agónico

tatuado para siempre

en el revés de mi canto.






lunes, 16 de marzo de 2026

SALTOS AL VACÍO

SALTOS AL VACÍO


I - PEG, EL BOULEVARD DE LOS SUEÑOS ROTOS



La suicida busca

su camino de regreso

(regreso al agua natal,

al útero que tiembla cuando el amor lo golpea

con su suave látigo de lilas).

Busca descalzarse las calles

que desembocaron en la nada.

Arrancarse de los días

el dudoso lujo 

de haber malventilado sus partes íntimas.

Entonces

arroja su cuerpo a los perros del aire

y sus dentelladas son tan dulces, tan dulces,

 que la carne germina en una estampida de jazmines.



(Jazmines que se pudren cuando tocan el suelo

y el silencio se seca,

y la sangre todavía pregunta 

por el camino regreso).




 II - DOROTH Y, SE ACABÓ EL VODKA



La suicida planea un viaje largo.

Eso les dice a sus amigos.

Los invita a una fiesta de despedida.

Se encoge de hombros cuando el vodka se acaba.



La suicida empapela la noche con pájaros de azufre.

Lleva un traje de terciopelo negro

y la cabeza atiborrada

 de objetos inflamables.

Da un salto que es, casi, una declaración de fuego.



Se había acabado el vodka

y a ella

se le había acabado la sed.


 
III - EVELYN, EL SUICIDIO MÁS HERMOSO



La suicida sonríe,

siempre sonríe.

La sonrisa es una máscara que usa hacia afuera;

hacia adentro

desteje coronas de novia

y se arrima

a los olores rojos.

Y quiere arder

como ardieron esos vestidos

que deberían haber sido su carne

(¿Por qué una mujer quemaría vestidos?

¿Por qué una mujer quemaría vestidos si esos vestidos no fueran

el preámbulo de un cuerpo que se abre paso

hacia un gesto de adiós definitivo,

hacia una desnudez de vertebras dulces

rompiéndose

como mariposas de luna y leche?).



La suicida busca no ser

pero el olvido le suelta las manos

(La belleza es, casi siempre, una  bestia antojadiza.

A veces respira

en el sexo puntual de los amantes.

A veces nace muerta

y el dolor es su casa).




IV - RUSLANA, LA MUERTE DE RAPUNZEL



La suicida abre ventanas en cada llaga

y se arroja a un vacío hecho de húmeros tristes

y piel entumecida.

Se estrella contra Dios y su hueste de santitos sordomudos,

contra las muñecas rusas sofocadas con volados,

contra la ceremonia ordinaria del hambre.

Abre ventanas  que se dejan morir

como animales delicados

atragantados con puñados de flores.

Ventanas que son.

Pero no.



Hasta que una vez

la suicida abre una ventana real

y los ojos se le sueltan como pájaros feroces.

Entonces ella también es un pájaro

y se va detrás de esos ojos,

detrás de un nido de sangre detonada.

(Y el asunto no tiene más vueltas

porque hay una cabeza rota en el pavimento,

y comienzan a llegar los curiosos, las sirenas,

y una mano de niebla recoge lo que le pertenece desde aquel día

en el que, por primera vez,

la suicida no se perdonó el cuerpo).





Arte: "Woman committing suicide by jumping off of a bridge", George Cruikshank

Arte: "Peg Entwistle" Josh Pincus 

Arte: "Beautiful suicide"Katarina Vojković