martes, 14 de enero de 2020

EL INFIERNO



EL INFIERNO

“¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”
Canto tercero del Libro Infierno de la Divina Comedia
Dante  Alighieri


Los perros del amanecer aúllan en negro

y las horas

se olvidan de darse a luz.

La vida es una muerte en ciernes,

una cinta de luto comprimiendo

la tráquea de la primavera,

una mancha de soledad que tiembla

aguijoneada

por el estruendo caníbal de las botas.


Nueve círculos de huesos

descienden

hasta un pandemónium de pájaros rotos.

Nueve círculos de hambre.


Alguien sacude fantasmas antiguos,

tiende sábanas de orina y sed

en la impotencia de las gargantas.

Respirar es difícil:

el aire agoniza entre tanta tristeza.

En una pared descascarada

relumbra

el trazo de una mano que quiso

ponerle palabras a la libertad.

Pero yo siento que la poesía no basta.

Por primera vez siento que la poesía no basta.

Ni mil años de poesía

alcanzarían para lavar los pies

de tantos Cristos acribillados a miedo.


En mi adolescencia

yo caminaba la vereda

de esta casa de sangre.

Tenía el pelo corto

y los ojos más lindos del mundo.

Y no sabía.

Te juro que no sabía.








Fotografías: Espacio de la Memoria "El Infierno" (Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio)  

sábado, 11 de enero de 2020

BETTY



BETTY

Si mis amigos poetas hubiesen conocido a Betty
la hubieran defenestrado:
escribía textos almibarados,
llenos de rimas y estrellas.
Si mis amigas feministas hubiesen conocido a Betty
la hubieran compadecido:
era una princesa de Disney de 50 años,
rubia y rosa.
Si mis amigos ateos hubiesen conocido a Betty
la hubieran desaprobado:
iba a misa todos los días
y no tuvo un amante por temor a Dios.

Pero yo,
que soy casi poeta,
casi feminista,
casi atea,
y que tuve la suerte de conocer a Betty
(la que bailó con Los Beatles
y abandonó la pista para escribir una casa,
un marido, tres hijos
y un puñado de versos que casi nadie leyó,
y se voló un setiembre hecha un gorrión de pluma y cáncer)
no sé si conocí alguna vez
otra mujer que me gustara tanto.




Arte: Doris Joa


De "Rapsodia Ensamble de Voces - Trémolo", Ediciones El Mono Armado (2019)


miércoles, 8 de enero de 2020

SONIA


SONIA

Andaba por los 17
y era la prima de las vecinas rusas.
Yo tendría 5 o 6 años
y estaba fascinada con su pelo largo y rubio,
sus ojos azules,
su olor a jardín de invierno,
a moneda de nieve.
Parecía estar hecha para el silencio
pero cantaba
y su voz era redonda y profunda
como las notas de un pájaro,
como el llamado de una campana nupcial.
Cantaba
y le daba cuerda a una caja de música que conservo intacta
en mi memoria de infancia:
un molino que giraba sus aspas iluminadas
al compás del “Vals de las flores”,
Tchaikovsky para soñar los sueños de los 5 años,
el privilegio de ser amiga
de la prima de las rusas.

Andaba por los 17
y era tan hermosa
que yo me mordía las lágrimas cuando era ella
la que me desenredaba los rulos
y hundía mi nariz mora en su pelo rubio cada vez que podía:
jardín de invierno, sí,
moneda de nieve,
Snegúrochka.

Sonia, la rusita.
La perdí en alguna mudanza.
Años después supe que se suicidó a los 20,
con el vestido roto
y el aliento borracho del padre
empotrado en la nuca.


Arte: Merry D

De "Rapsodia Ensamble de Voces - Trémolo", Ediciones El Mono Armado (2019)

domingo, 5 de enero de 2020

EMA


EMA

Me gusta llamar a las personas por su nombre
y por eso le pregunté el suyo.
Ema, me respondió en un hilo de voz,
sin levantar su mirada oblicua
de la caja registradora.
Ema, repetí,
sabiendo que ese nombre apenas le pertenecía,
como apenas le pertenecen sus veinte años
gastados de lunes a lunes entre paquetes de jabón en polvo,
frascos de aceitunas
y señoras que se quejan cuando los caramelos
compensan la falta de monedas para el vuelto.
Lindo, murmuré,
sabiendo que ese nombre era apenas una aspirina impotente
frente al dolor del desarraigo.

A veces me pregunto cómo se llamará Ema en realidad.
¿Jia Ying? ¿Kumiko?
(A veces me pregunto
si entiende lo que dicen las señoras que se quejan
porque los chinos nos roban el trabajo).

A veces me pregunto cuándo descansa Ema.
Cuándo sonríe.


Arte: Li Wentao

De "Rapsodia Ensamble de Voces - Trémolo", Ediciones El Mono Armado (2019)

jueves, 2 de enero de 2020

EL CEMENTERIO DE LAS POLACAS



EL CEMENTERIO DE LAS POLACAS



Cruzaron el mar con las tripas como brújula,

con el hambre como mapa celeste,

contando los granos de arroz

que les faltaban

para llegar a una cama caliente,

a la ternura áspera

de un mantel a cuadros.

Cruzaron el mar y en tierra

cayeron como peces rotos

en una red de saliva sucia.



Las desnudaron,

las midieron,

les etiquetaron la piel,

el olor,

los besos.

Les maldijeron el amor para siempre.

Las devoraron.

En este pedazo de tierra ausente de Dios

escupieron sus huesos.

Sus ombligos son heridas sin patria

que no sanarán nunca.



Cruzaron el mar para llorarse

entre las piernas del verdugo.

Clavaron sus voces en la garganta del lobo

y el viento se llevó sus labios.



En este pedazo de tierra ausente de Dios

donde el gusano trabaja

no hay flores ni piedritas

que tiendan su corazón para salvarlas

de tanto y tanto olvido.




De "Rapsodia Ensamble de Voces - Trémolo", Ediciones El Mono Armado (2019)