lunes, 12 de abril de 2021

OFICIO


 OFICIO




Te digo que no,

que a esta altura de la vida

-de la muerte-

no tengo tiempo para sacramentos.

Y sin embargo escribo.

Este es mi oficio:

empolvar con mi harina el pan ajeno,

ser una fiera inhábil

que te salta a los ojos.

La llave que abre los poros,

los cerrojos de sangre.

A mí me duele

y a vos

te resulta indiferente.

En el peor de los casos.

En el mejor, te asusta un poco.



(Claro que es un juego perverso,

una ofrenda

de sordidez e inocencia).



La poesía desordena los cuerpos.

Es el cuchillo que revierte

el vértigo que lo empuña.

Todos los poetas estamos heridos

(entonces,

todos los hombres son poetas:

algunos escriben,

otros llegan a Dios

por el camino más corto).




Arte: "Writer", Mahes

sábado, 10 de abril de 2021

PANDEMIA

PANDEMIA

Ayer, después de muchos días,
volví a ver a mi madre.
Mi voz sonó como una piedrita de ansiedad
contra su ventana:
“Te compré los remedios, mami,
te compré un chocolate”.
Ella abrió la puerta
y dos metros de miedo
nos separaron del abrazo.
Me costó no tocarla.
Me costó no enojarme cuando me dijo:
“Si me pasa algo me cremás y me ponés con tu hermano;
los papeles del cementerio están ahí,
en el primer cajón del placard”.
Me costó no llorar con ella,
perseverar en la sonrisa y la ironía:
“Ojalá vivas en tiempos interesantes, dicen los chinos;
más vale una maldición que una receta de cocina.
No llores, mamá, por favor,
esto va a pasar,
va a pasar, te lo juro.”

Esto va a pasar, mamá,  y vamos a ser igual que antes,
igual de estúpidos y mezquinos.
Igual de miserables.
Nos vamos a lavar las manos un poco más seguido,
al principio.
Y después nos olvidaremos de hacerlo.
Como nos olvidamos de todo.
(Olvido supervivencia,
olvido en defensa propia,
¿cómo salir de la cama cada mañana
sin olvidar antes
que los papeles del cementerio
están ahí, en el primer cajón del placard?)

Te compré un chocolate, mami.
Alcohol en gel no había.


jueves, 8 de abril de 2021

ÉL


 ÉL

 

“Él murió por tus pecados”,

me dijo un catequista cuando tenía nueve años.

Yo miré la cruz, miré los clavos,

miré la corona de espinas,

y me imaginé la sangre y el dolor.

Me imaginé el pecado.

Esa mancha con la que había nacido

y me hacía responsable de la muerte de un hombre.

Esa mancha que ni siquiera el sagrado Bautismo

había conseguido limpiar del todo.

Esa mancha que alimentaba

con mis faltas cotidianas:

mentira, mezquindad, desobediencia.

 

“Él murió por tus pecados”,

me dijo un catequista cuando tenía nueve años

y yo, como tantos,

acepté el sambenito de la culpa sin chistar.

Con culpa crecí

y con culpa me desnudé cuando el deseo

fue más urgente que la misa del domingo.

Con culpa viví por no ser una buena cristiana

(la imagen del hombre muerto

nunca se borró de mi retina,

siempre estuvo ahí,

con sus clavos, su corona de espinas,

su herida en el costado).

 

Hasta que lo supe.

Lo intuí. Lo comprendí.

Él no murió por mis pecados.

Él murió porque enojó

a  quienes ostentaban el poder.

Él murió por ser amante, no cordero.

Él murió porque habló de amor.

Y no hay nada más subversivo que el amor

en un mundo contaminado por la culpa

(esa culpa que devuelvo a quien corresponda).

Nada más insurgente que el amor.

 

Nada más condenable.


Arte: Sara Tyson

martes, 6 de abril de 2021

LEO Y DIFUNDO 2021/ AMADEO GRAVINO


 LEO Y DIFUNDO 2021

1.10.- Espacio dedicado a publicar a destacadas poetas mujeres que merecen ser leídas y celebradas por los amantes de la poesía.
Hoy RAQUEL GRACIELA FERNÁNDEZ, sin lugar a dudas una de las más importantes voces poéticas de nuestro tiempo.

1.- BLANCANIEVES Y ROJAFLOR
Rosas rojas.
Rosas blancas.
Pedazos de carne que me arrancaron.

2.- LOS SEIS CISNES
Un nudo de cisnes hace el silencio
en la garganta de la tejedora.

3.- EL MAGO DE OZ
Caminos amarillos que me prometan
ausentarme de mí.
Amapolas imposibles
para dormirme sin resbalar en mis lágrimas.

4.- LA REINA DE LAS ABEJAS
He aquí lo difícil.
Señalar la boca de la recién llegada al beso.
Retener el zumbido.

RAQUEL GRACIELA FERNÀNDEZ
(de "Poemas cortos cuentos")

COMENTARIO:

Es un enorme gusto para mí el poder contar con la luminosa voz de la queridísima y admirada poeta Raquel Graciela Fernández, (muy importante en el panorama actual de nuestra poesía), dentro de las propuestas que presenta este sitio de estudio y difusión de la poesía escrita por mujeres.
Raquel es una notable poeta, con gran cantidad de recursos expresivos que maneja con igual habilidad y contundencia. Puede escribir bellos textos plenamente dramáticos sobre temas de su historia o sobre muchos de los personajes que la rodean en la vida. Escribe también poemas cargados de ironía y otros textos donde reinan la precisión y la síntesis extrema, como es el caso de los que ahora mostramos aquí.
En toda su producción, ella nos muestra una alta inspiración lírica, un decir firme, agudo y profundo y muy original y también audaz y desenfadado, un fluido manejo del vocabulario original y personalísimo que la vuelve siempre reconocible, una voz poderosa que se vuelca con marcada potencia expresiva que conmociona y nos conmueve con su emotividad.
Para mí, sin ninguna duda, (y sin tener que apelar jamás al hermetismo o al decir oscuro y rebuscado), Raquel es una de las grandes poetas de este tiempo cruel y desgraciado que estamos viviendo. Y me interesa destacar que ella vive esa realidad de forma modesta, con sencillez, sin mostrar pretensiones de maestra o de sabia, lo que agrega enorme valor a los niveles creativos que nos muestra su obra tan sincera, tan llena de sentido.
Sintetizando: creo que Raquel Graciela Fernández es una de las mejores poetas que hoy podemos leer y le agradezco de todo corazón que nos acompañe en esta propuesta.

AMADEO GRAVINO





domingo, 4 de abril de 2021

IRSE


 
 IRSE

 

Aquel novio que tuve,

el que murió a los veintidós,

decía que los objetos

no tenían durar más que las personas.

Por eso, después de cada uno de nuestros brindis,

rompía las copas con una feroz alegría adolescente

que a mí me indignaba.

No eran cristales de Bohemia, claro.

Pero eran copas lindas.

(Él ni siquiera habrá imaginado

la cantidad de cosas fútiles

que iban a sobrevivirlo:

platos, tazas, portarretratos,

recuerdos de las vacaciones en Mar de Ajó).

 

Yo pienso que las personas no deberíamos durar

más que el amor.

Que deberíamos irnos antes de que desnudarse

se convierta en un acto mecánico,

como barrer la cocina o darle de comer al perro.

Antes de que nuestra desnudez

deje ser en los ojos del otro

un salto de resplandor,

la declaración de guerra de un faro rebelde

que ilumina

el camino a seguir para que los cuerpos se estrellen

contra la tormenta del deseo.

 

Yo creo que deberíamos irnos

antes de que se apolillen los confites.



Arte: Erica Calardo

viernes, 2 de abril de 2021

LA MEJOR AMIGA


 LA MEJOR AMIGA


Nos hicimos amigas allá por los ‘80s,
en la clase de francés,
cuando yo le pregunté a la profesora por una línea de “Michelle
y ella se presentó como fan de Los Beatles.

Nos hicimos amigas  allá por los ‘90s,
compartiendo un trabajo que no nos gustaba,
yo toda ojos y minifalda,
ella tan modosita.

Estaba ahí cuando mi primer beso,
un poco sorprendida,
un poco escandalizada.

Estaba ahí cuando mi hijo
y me decía: “Respirá, respirá”,
mientras yo le ladraba que estaba respirando,
que de no respirar me hubiera muerto hace rato.

Dejamos de vernos una o dos veces,
y una o dos veces volvimos al rebaño del abrazo
como ovejitas arrepentidas.

Nunca dejamos de vernos.

Nuestros rituales son las viejas canciones,
las escapadas a los días de escuela,
los ojos llenos de mar mojando la almohada de los dos días en la vida
que nos tomamos cada tanto.

Nuestros rituales son los desayunos semanales
los chismes de la tele,
la conjura contra los príncipes de Disney.

Lennon y McCartney.

Thelma y Louise.

Cuando la miro me veo niña.

Cuando la miro me veo familia.

Es la mejor amiga.

Es mi mejor amiga.

Jamás voy a arrepentirme de haberla elegido.

Jamás.

miércoles, 31 de marzo de 2021

SI UN PERRO


 SI UN PERRO


Dicen que los perros callejeros saben
cuándo dejar de seguirte.
Sin embargo,
si un perro me sigue,
cruzo los dedos para que no lo sepa.
Para que persista colgado de mis pasos
hasta la puerta de mi casa.
Si llega hasta la puerta
no tengo excusa para no dejarlo entrar.


Si un perro entra en tu casa
es como si entrara Dios.
Como si la vecina más vieja del barrio
te dejara un santito itinerante
para que lo cuides un día,
y le prometas, y le ruegues,
antes de pasárselo a la que vive al lado.
Como si el santito bendijera
cada rincón de tu rutina.


Cuando era chica y pretendían asustarme
con el viejo de la bolsa y su escolta de perros,
yo pensaba, como casi siempre,
que los adultos eran ridículos y un poco ignorantes.
¿Quién podía tenerle miedo
a ese barrilete solitario
que se remontaba al misterio
con una cola de animales multicolores?
¿Quién podía tenerle miedo,
si los perros hociqueaban sus manos,
las lamían,
se enredaban en sus dedos
como guirnaldas de una fiesta secreta
a la que la gente formal y aburrida
no había sido invitada?
Y nunca dejaban de seguirlo,
nunca soltaban el olfato
detrás de un plato de hambre,
ni salían a girar, hipnotizados,
al compás de las ruedas de cualquier bicicleta.


Si un perro entra en tu casa
(si un perro te elige
y te sigue hasta tu casa)
es como si te eligiera Dios.
Porque si estás roto
el perro sabe juntar tus pedacitos
y rearmarte a puro lengüetazo.
Porque no hay más que sabiduría
en los ojos de un perro.
Porque los santitos que traen las vecinas
nunca te miran con tanta verdad
como te mira un perro.


Si fuera más buena (pienso),
si no hubiese envejecido tanto,
si me hubieran invitado a la fiesta de los libres,
y no pagara impuestos,
y no pidiera ni perdón ni permiso,
ningún perro sabría
cuándo dejar de seguirme.
Y yo no tendría excusas
(ni una sola estúpida excusa)
para no dejarlos entrar en mi casa.