STRAWBERRY FIELD FOREVER
y el recuerdo de un niño germinando
entre los animales ilusorios del pasado.
Los ciegos de padre y madre
son bestias azules como el aire.
Bestias dulces que soplan la tibieza del viento,
pequeñas tormentas en la memoria.
Un esqueleto de musgo
oficia de jardín.
Vértebras de savia y nervaduras,
húmeros floridos.
Los ciegos de padre y madre
hacen sonar sus huesos
como si fueran castañuelas de niebla
y la canción que cantan
se parece a lo eterno.
Las pastillas adormecieron
ese costado mío que hacía agua
sin vergüenza y sin culpa.
Pero hoy lloré.
La orfandad es un hilo conductor
que atraviesa la vida.
Una cuerda omnipresente
que va de desgarro en desgarro,
de sueño en sueño,
de boca en boca como si fuera
un secreto a medias con la muerte,
una cucharada de sopa caliente
y el estómago tan lejos.
sacudiéndose los años del cuerpo.
Volviendo a ser un velero de caramelo
haciendo piruetas
en la lengua perentoria del mar.
Pero hoy lloré.




