martes, 21 de julio de 2026

POEMA DE NO HALLOWEEN


 POEMA DE  NO HALLOWEEN


 A mis hermanos



“Morir de verdad,

estar realmente muerto,

debe ser sublime”,

dice el monstruo desde la pantalla

de un viejo televisor en blanco y negro.

La nena no sabe

qué significa la palabra “sublime”.

Ella piensa que estar muerto

debe ser como estar solo,

pero con los ojos cerrados.



Teme que el monstruo

se acerque,

mientras duerme,

para enseñarle cómo es estar muerto,

cómo es estar realmente muerto.

Ella duerme con un cuchillo

debajo de su almohada.

Va a partir al monstruo en dos,

si aparece

(la nena no confía en los crucifijos;

estuvo toda una noche pidiéndole a ese hombrecito flaco

que cuelga de una cruz

que su papá no se muriera, y nada;

el hombrecito miró para otro lado,

hizo como que no la escuchaba,

se entretuvo en hacer milagros baratos:

que llueva, que no llueva,

que gane Boca,

que falte la maestra).



Esa noche –la nena recuerda,

siempre recuerda-

que su hermanito se hizo pis en la cama

y su papá supo

-porque, seguro, tampoco lo sabía-

qué significaba la palabra “sublime”.



Cuando la nena empieza a sangrar,

el monstruo no parece tan malo.

Ella piensa, al conocer la trama

de la palabra ignorada

que, por ahí,

él tenía razón.



Después, pasan los años.

La nena crece (no crece)

y  sigue sangrando

(un poco porque quiere la naturaleza,

otro poco porque quiere el mundo).



La hermanita le pregunta llorando

cuándo le va a tocar ser feliz.

El hermanito fuma demasiado

y siempre tiene los ojos rojos.



El monstruo la mira

con sus pupilas inequívocas

cuando ella come en silencio

y repite para sí,

como una letanía,

la palabra “sublime”.



Y no es Halloween.





domingo, 19 de julio de 2026

LA DESNUDEZ DE MI MADRE


 LA DESNUDEZ DE MI MADRE


La desnudez de mi madre me conmueve.

Es una premonición,

un espejo de futuro

donde mi cuerpo abraza

su cuota de crepúsculo.

El cuerpo.

Ese camino ancho donde la vida corre

y va dejando huellas,

escamas pálidas donde hubo peces rojos,

sudarios de hollín donde hubo hogueras,

pliegues, blanduras, grietas,

trazos temblorosos.

La desnudez de mi madre me emociona.

Con el mismo esmero con el que bañaba a mi hijo

la unjo con jabón y ternura.

Me miro en ese cuerpo,

me leo en esa historia,

en esa vasta soledad de campo abierto.

Su desnudez es el invierno

pero es, también, una manta,

una taza de café caliente,

un lugar junto al fuego.

 

Nos enseñaron a amar la belleza de los 20 años,

rotunda, empedernida.

Nos enseñaron que esa belleza era la única

(y nos pasamos la vida corriendo

detrás de un conejo esquivo,

una presa de luz que se deshizo

entre los dientes de junio,

eso que fuimos y perdura en las fotografías,

en la memoria de una noche perfecta).

Sin embargo, hay otra belleza.

Brutal. Inevitable.

Cruda

como una pintura de Lucian Freud:

la insólita hermosura que trasunta

la desnudez de mi madre

mientras enjabono su espalda con suavidad

y el agua cae sobre sus hombros

como el cielo cae

sobre el canto de los pájaros.

 

 

 Arte: Lucian Freud 

Del poemario “El corazón de mi madre”, Apócrifa Editorial (2022)

jueves, 16 de julio de 2026

ELLA LO HACE POR MÍ


 ELLA LO HACE POR MÍ

“La otra, de reina, parece que mendiga.” – Fina García Marruz

Ella lo hace por mí.
Se cuenta
una y otra vez
la fábula del agua,
la gesta de la humedad remontando
la dulzura exasperante de las piernas,
la partición del sexo
en  diminutos soles líquidos.
Punzantes. Quemantes.

Ella tiende la mesa del cuerpo.
Dispone amapolas de rubor
en la hendidura perfecta del ombligo.
Panes y peces transparentes
en los gestos del hambre.
Se empecina en florecer en junio,
en  propagar su fosforescencia
de sirena imposible.
Su ingenuidad me insulta.

Ella no alcanza a comprender
que dos y dos son cuatro.
Que tres es  el retrato de lo escaso.
Que cinco es un absurdo.
Ignora el abandono de la luz
(no sabe que está sola).
Ignora que el espejo le devuelve
la voz  inconsolable
de una campana rota.
  
Ella lo hace por mí.
Reinamendigamujerpalomainútil.
  
Ella lo hace por mí
y yo la miro hacer
con la piedad desesperada
de la madre que acuna un hijo idiota.


martes, 14 de julio de 2026

OTRO POEMA DE AMOR


 OTRO POEMA DE AMOR


Nada más infructuoso
que otro poema de amor
concebido
a la sombra innumerable de tus manos,
subiendo por tus dedos
hasta la ráfaga violenta de tu boca.
Nada más excesivo
que otro puñal de letras abogando
por la danza celeste de tus huesos
y por tus pulsaciones
de piélago imperioso.
No me hacen falta
más metáforas redondas y sonoras
como negras marimbas,
ni más bodegas de uvas indivisas
mojándome la lengua,
para aguzar con tinta
tu estatura de trigo,
y mecer en mi voz
tu presencia de cielo embanderado.

Y sin embargo escribo.

Escribo,
con un sol omnisciente
entre las piernas,
enhebrando un rosario de palabras.
Escribo,
con tu piel encajada en mi cintura,
con tu proa salvaje y libertaria
penetrando mis mares.
Escribo,
sabiendo que es inútil que lo intente,
que no hallaré jamás ese vocablo
que corone
el poema perfecto,
que moriré en la espuma del silencio
y no habrá calendario
que me retorne al hoy intransferible
donde amaso el poema.

Y sin embargo escribo.

Escribo,
simplemente,
para decir te amo.