sábado, 30 de mayo de 2026

CHAU, ALEJANDRA


 CHAU, ALEJANDRA

“explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome”
Alejandra Pizarnik


Chau, Alejandra, chau.

Pájaro de ceniza,

pájaro acariciado por  la ausencia,

pájaro que se vuelve jaula

que se vuelve pájaro,

que se vuelve  excusa para seguir muriendo.



Chau, Alejandra, chau.

La fea de la escuela,

la judía, la rusa,  la rara.

La que adornaba su desnudez con palabras.

La que sabía que el mejor poema

era una estrella en la cresta de su sexo,

una prórroga de viento debajo de aquel vestido azul.



Chau, Alejandra, chau.

No te olvides tus máscaras, tus huesos ablandados por las lágrimas,

ese alfabeto de arena que hilvana

el desierto que te escuece la garganta.

No te olvides los gestos inconclusos,

el gato que nunca tuviste,

esa canción de Janis

(ahora, las dos niñas monstruo se están dando la mano,

las dos niñas muertas,

una canta y la otra llora en silencio;

una agita el corazón como si agitara un pañuelo póstumo

y las dos dicen chau, chau, nos vamos,

no somos de este mundo).



Chau, Alejandra, chau.

Chau Flora, chau Buma.

Chau hacedora de todos los jardines.

Chau paridora de animales pequeños,

calientes, eternos,

alimentados con tus jugos secretos,

con tu sangre, tu savia,

con tu saliva somnolienta detenida

en la médula rabiosa del último día.



Chau, Alejandra, chau.

Afuera hay sol porque es primavera.

Adentro hay carencias pudriéndote la boca.

Te vas con todas los barcos naufragados en el cuerpo.

Con todos los muros clavados en el pensamiento.

Vomitando o gritando o gimiendo.

O riéndote de los funerales que te esperan.

Los que lloraste antes de decir chau.

Los que te arropan con sus flores rotas, sus nidos de tierra antigua,

sus gusanos traslúcidos, sus hormigas.



Chau, Alejandra, chau.

Buen viaje. Mal viaje



¿Importa?



jueves, 28 de mayo de 2026

UNA ELIGE

UNA ELIGE

A Pauli


Una elige.


Elige la muñeca a la que va a cuidar
más que a las otras.
Elige la mejor amiga.
Elige ser Meg, o Jo, o Beth o Amy.
Ser la mujer biónica o la mujer maravilla.
Obedecer a mamá o desobedecerla.
Estudiar o perpetuar la unción de las abejas.



Una elige vestidos, zapatos, carteras.
Peinados, esmaltes para uñas.
Panes o peces.
Elige amar a un hombre
hasta que la muerte los separe
(o hasta que los separe la rutina,
la reiteración de gestos que van perdiendo sentido,
la consumación pagana del otoño).
Una elige el color de las cortinas.
La raza de su perro.
Los nombres de sus hijos.
El Dios en el que no va a creer.
La bebida light con la que acompañará la cena.
(Elige cosas grandes y cosas pequeñas,
cosas trascendentes, cosas  estúpidas). 



Entonces, una noche,
por primera vez,
por terrible vez,
una elige un ataúd.



Y es tan adulta, tan adulta
que todo  le da miedo.



 

martes, 26 de mayo de 2026

EL HIJO


  EL HIJO



Ella siempre lo supo:

entrabas al dolor.

A un dolor que no te pertenecía.

Deslizándote por el tobogán de sus piernas

como un delfín rubio.



Pequeña ciruela agridulce

de puertas cerradas

caíste en picada cerca del árbol,

una mancha de amor

al pie de la letra.

La cueva se había tragado

el orgullo victoriano

de las flores y los candelabros.

La última rosa cocinaba en el horno

su roja quietud

y vos tirabas piedritas

contra la ventana

de una casa muerta.



(El bebé en el establo.

La ciruela agusanada respirando.

Escupiendo la papilla mientras el padre llora

y todos decimos así o asá

porque es fácil incubar huevos ajenos,

tender camas ajenas,

sobreactuar los poemas de otro).



En tu memoria de animal amputado

se agitaba

una melena de algas crepitantes.

No era el fuego.

era el mar

y te llamaba.



Era el mar

abriéndote las ventanas

de la casa muerta,

y ella parpadeando como un lagarto de sol,

tus mismos ojos verdes.


domingo, 24 de mayo de 2026

OJOS HÚMEDOS EN UN BANCO DE PARQUE LEZAMA


 OJOS HÚMEDOS EN UN BANCO DE PARQUE LEZAMA


A Martín y Alejandra


Él la encontró temblando

en el fondo de todos los pájaros.

Ella se acostó en sus pupilas líquidas.

Y la primavera fue una mordedura de Dios

quemándoles la carne.


Él le dijo que nada era más bello

que su melena roja.

Ella le dibujó una mariposa de ceniza

en la palma de la mano.

Y quizás todo fue una premonición,

un exordio del fuego.


Ella no quiso ser dragón,

no pudo ser princesa.

En una catedral de humo devoró

el pan ácimo de sus catástrofes:

la historia del afuera y del adentro

tortuosa

como un laberinto de cuchillas de afeitar.


El dejó los ojos húmedos

en un banco de Parque Lezama.




viernes, 22 de mayo de 2026

NATURALEZA

  

NATURALEZA


Ayer una de mis gatas
mató a un zorzal.
Jugó un rato con su exiguo cadáver
y lo dejó abandonado en el pasto
inmóvil, laxo,
como si esa vida no hubiese significado nada.
Hace unos años,
ante un hecho de esta magnitud,
se hubiera desatado el escándalo:
enojo, llanto, retos.
Pero ayer
sólo recogí del pasto al zorzal muerto
e hice un pocito en la tierra húmeda
que rodea al macizo de calas.
Una pequeña tumba improvisada.
Claro que me dio pena el pajarito:
apenas estrenaba la primavera.
Pero con el tiempo entendí
a respetar las reglas de la naturaleza:
cazás o sos cazado.
Y, a veces, ambas.
Y lo que fue parte de un ser
se convierte mañana en parte de otro.
La vida trunca de ese zorzal,
reventará en las calas,
y quizás pueda escuchar cantar a las flores
si acerco lo suficiente mi oído
a su blanca cadencia.
Ayer no le endilgué a Tiger Lily
una culpa que no tiene y que no siente.
A la hora de la siesta
se acurrucó a mi lado
y, como es habitual, la caricia
se escapó de mis dedos.
 
Antes quería que, al morir,
mi cuerpo se convirtiera en un puñado de cenizas
arrojadas por una mano amada
en algún lugar en el que hubiese sido feliz.
Ahora, no.
Ahora siento que soy un animal
que debe volver a tierra.
No como polvo bíblico.
Como materia prima de una naturaleza
que se recicla constantemente.
Que la pequeña fauna mortuoria
coma y beba de mí.
Que el tiempo sea en mis despojos.
Y que algún día suceda el milagro:
despuntar, quizás, como raíz
de un árbol donde un zorzal dispense su canto,
reiterativo, armónico, pujante,
sin gatos a la vista.