martes, 31 de diciembre de 2019

31 DE DICIEMBRE


31 DE DICIEMBRE

A Rosana



Esta noche no voy a estar en Nueva York.

Nada de confeti ni fuegos artificiales en el Times Square.

Nada de lentes graciosos

y besos en la boca con desconocidos parecidos a George Peppard

tal como lucía en “Breakfast at Tiffany's”.

Nada  de brindis en el 230 Fifth Rooftop

ni caminatas por el Puente de Brooklyn.

Nada de zancadillas a los espacios vacíos en la mesa

donde ceno cada Nochevieja  desde los ocho años

(antes protestaba por el mantel de hule,

los platos desparejos,

las copas que son para sidra y no para champagne,

pero ahora me da lo mismo,

me da exactamente lo mismo,

podríamos pedir una pizza esta noche y estaría bien,

ningún mantel decorado con pinitos festivos y muñecos de nieve alcanza

para adornar la ausencia,

ninguna copa de cristal fino sirve

para que el champagne barato parezca menos barato

y la sidra no me provoque dolor de estómago).



Esta noche no voy a estar en Nueva York.

Voy a estar en casa.

Voy a sonreír como una estúpida mientras puteo por lo bajo

porque soy yo la que tiene que recoger los platos sucios

mientras mis cuñadas

revisan compulsivamente sus teléfonos.

Voy a sonreír como una estúpida

(sabés que me sale bárbaro).



Voy a estar en casa.

Llamame.

Decime que la gente exagera.

Que Nueva York no es tan lindo en diciembre.

Que no hay desconocidos altruistas  parecidos a George Peppard

besando con alegría a señoras desencantadas.

Que hace un frío de locos.

Decime, por favor,

que el año que viene

los platos los va a lavar otra.






martes, 24 de diciembre de 2019

POSTAL DE NAVIDAD

POSTAL DE NAVIDAD


Él te decía que no,
que no,
que no.
Que no te iba a lastimar.
Te lo decía con sonrisa de Lobo Feroz.
Con una 9 milímetros en la mano.
Y vos le creías.
Le creías y lo amabas.
Amarlo era tan pagano,
tan inexplicable,
tan ferozmente idiota
como ponerse una bombachita rosa
para esperar la Navidad.
Jesús renace cada diciembre
para que vos puedas ponerte esa estúpida bombacha
y pienses en él,
y lo imagines haciendo el amor con la piba de la foto,
los dos envueltos en guirnaldas tan cegadoramente doradas
como un infame gato chino de la suerte
(quizás por eso vos no tenés suerte,
porque odiás al gato,
aborrecés al gato,
matarías al gato si fuera algo más que una ridícula pieza de plástico:
ese gato es tan ella,
tan estridentemente ella,
y vos sos una muñequita de porcelana Hummel,
un bibelot demodé,
una cosita tan frágil que da pena).


Él te decía que no,
que no,
que no.
Que no te iba a lastimar.
Te lo decía con sonrisa de Barba Azul.
Con una navaja en la mano.
Y vos le creías.
Le creías y lo amabas.
Ahora decís que no lo amás
pero tenés puesta una bombachita rosa desconsolada
y te encerrás a llorar en el baño después del brindis
(y cuando te preguntan le echás la culpa al champagne por los ojos rojos,
por la sonrisa que se te cae de la boca,
por el deseo irreprimible de envenenar a un gato).

domingo, 22 de diciembre de 2019

MURAL DE POETAS SELECCIONADAS PARA EL POEMARIO EN LA REVISTA LETRANTES DEL 1ER. CÍRCULO INTERNACIONAL DE POESÍA Y ARTE MUJERES PUÑOS VIOLETA "MI MUNDO SURREALISTA"


MURAL DE POETAS SELECCIONADAS PARA EL POEMARIO EN LA REVISTA LETRANTES DEL 1ER. CÍRCULO INTERNACIONAL DE POESÍA Y ARTE MUJERES PUÑOS VIOLETA "MI MUNDO SURREALISTA"

De Barcelona, Gilma Arévalo Bartra con "Holograma" y Alex Madueño con su poema "Parecía un sueño"; de Chile, Adelaida Flor Canío Huenchumilla con su poema "Huellas"; de la sede de Colombia, Ipiales, con su poema "Sueños" Elisa Magdalena Vela Herrera; de El Salvador, la poeta Cecilia Castillo con su poema "Poema 6 de la mujer luna"; de Guatemala, Ana María Valdeavellano con su poema "Sueños no letargos"; de Holanda, seleccionada la poeta María Rosa con su poema "Eras una amazona"; de Miami, la poeta Susy Navón con su poema "Migración"; también de Miami, la poeta Shirley Czukerberg con su poema "Locura"; de Perú, la poeta Mirta Rosario Mansilla Nieto con su poema "Amontonando huesos"; de la sede de Argentina, la poeta Raquel Graciela Fernández con su poema "Nadie deja su casa sin dolor" y  la poeta Lidia Beatriz Herrera con su poema "Ébano"; de Mérida, Yucatán, Gloria García Sosa con "Si pudiera cantarte las estrellas", Shirley Morgan con "Oscilante" y Carmita Díaz López con "Reclamo de sangre y tierra"; y de Chiapas, Letizia Pérez con “El transéunte que no soy…quema mis venas”.

viernes, 20 de diciembre de 2019

POEMA A MI MADRE



POEMA A MI MADRE

Los poemas dedicados a la madre
siempre me hicieron sentir un poco incómoda.
Quizás porque la mía nunca encajó
en el estereotipo de santa,
ángel terrenal,
fuente inagotable de dulzura y consuelo.
Quizás porque tampoco encajé nunca
en esos derroches de devoción lírica.
Los poemas dedicados a la madre
siempre me parecieron un poco forzados,
un poco exagerados,
demasiado prolijos.
Poemas de hijos perfectos
escritos para madres perfectas.
Muchas flores y pocos dardos,
y eso no es la vida.
Esa no es mi vida.
Ni la de ella.

Mi madre,
enojada con su madre,
con los bailes de carnaval que se perdió,
con las monedas que juntaba a escondidas
para comprar su ajuar de novia,
no es una santa.
Mi madre,
enojada con su viudez prematura,
con la mitad de la cama vacía,
con los reclamos del cuerpo silenciados
por las voces de tres hijos pedigüeños,
no es un ángel terrenal.
Mi madre,
enojada,
no es una fuente inagotable de dulzura y consuelo.
Sin embargo,
sé que en este poema dedicado a ella
deberían aparecer el vestido estampado con margaritas
que le quedaba tan bien,
los ositos hormigueros que dibujaba
en mis cuadernos de la escuela primaria,
la paciencia con la que me despiojó
y me enseñó las tablas de multiplicar,
el mejor arroz con pollo del mundo,
las canciones con las que acunó a mi hijo.
Debería aparecer la palabra amor.

Que está (está).

Escondida debajo de cualquier otra palabra.
Encogida como un bicho bolita temeroso
que no sabe muy bien
qué hacer con tanta luz.


Arte: "Mother Daughter Forest", Leah Piken Kolidas

jueves, 12 de diciembre de 2019

PAMELA Y JIM



PAMELA Y JIM


PAMELA

Nunca quiso nacer, pero nació,
otra bonita California girl,
otro castillito de arena,
otra ola, otra palmera,
otro bikini incendiario de alma vieja
y ojos lejanos como los ladridos de los perros.
Creció como crece el pasto:
libre y amenazada por el orden
de los que confunden el ajedrez con los jardines.
Su cabeza creció,
un globo rojo inflado con helio
flotando sobre la estúpida insistencia de las cenas familiares.
Su corazón creció,
una jaula amoblada con alambre de púas
y pajaritos muertos.

Nunca quiso nacer, pero nació,
sin saber ni por qué ni para qué,
hasta que el líder de una manada de lobos invisibles
sembró espigas de sangre en su sonrisa de Orange County
y ella supo
que había nacido para ser poema.

JIM

Él podía hacer que la Tierra
se parara en seco.
Podía gritar, podía llorar,
podía cantar e invocar a los espíritus.
Podía alterar el curso de los ríos,
de las lunas,
obligar a la naturaleza a cumplir su voluntad.
Podía ser la aguja que pinchara su cabeza globo
y lograra que sus ideas estallaran,
y los pajaritos tiesos de su corazón
abrieran los ojos
como pequeños Frankesteins devueltos a la vida
por un milagro eléctrico.

Él deseaba que ella viviera
o muriera
con una sonrisa infantil en los labios
(no una sonrisa de Orange County,
una sonrisa de pezón y leche,
una sonrisa de muerte satisfecha).
Él escribía poesía
y cuando la nombraba
(cuando la tocaba con las palabras)
los lobos temblaban,
se les hacía agua la boca.

LA MUERTE, POR FIN

Pamela despertó la mañana
del 3 de julio de 1971
y encontró a Jim muerto en la bañera.
Tres o cuatro lobos
(visibles ahora
en su trágica belleza)
le lamían los ojos.
Tres o cuatro lobas aullaban.
Él sonreía, dijo ella
(una sonrisa de muerte satisfecha,
una sonrisa infecciosa que rodó como una epidemia
por las calles de París
cuando Pamela abrió la ventana
y los lobos se desvanecieron
tocados por la rutina del sol).

Ella también rodó,
hasta 1974,
hasta Los Angeles,
hasta el sofá y la heroína.
Si sonrió al final
(si sonrió satisfecha
en un eructo de leche y miel)
es un secreto que los lobos se llevaron
grabado en los colmillos.


lunes, 9 de diciembre de 2019

EVENTOS

EVENTOS

Fiesta anual de la Fundación Argentina para la Poesía


Con los poetas Claudia Vázquez y Antonio Requeni


Con las poetas Sonia Rabinovich y Leonor Mauvecín 

Presentación Trémolo - Rapsodia Ensamble de Voces



Con los poetas Estela Porta y Marcos Silber

Primer Círculo Internacional de Poesía y Arte - Argentina

Mujeres Puños Violeta

Fridas de Barcelona y el mundo



Con la poeta Anamaría Mayol

domingo, 8 de diciembre de 2019

AUTORRETRATO III - AUTORITRATTO III



 AUTORRETRATO III

Casi siempre está triste,
salvo cuando escucha a Los Beatles
o acaricia a los gatos.
O cuando es viernes
y se toma un champancito barato,
y piensa “Gracias a Dios es viernes”,
como si la vida fuera una película disco
(porque no le gustan ni los sábados,
ni los domingos,
ni los lunes,
pero los viernes todavía tienen para ella cierto encanto,
cierto aire de genuina promesa).
Es mezquina, casi siempre,
generosa, a veces,
demasiado orgullosa como para romper las fotos que no la favorecen,
demasiado orgullosa como para reescribir sus poemas.
Nunca visitó Europa,
ni aprendió a bailar,
ni usó un vestido de fiesta.
Jamás se tiñó de rubia.
Pero es tan anacrónica, tan patriarcal,
tan tonta,
que todavía sueña con castillos y valses,
y una melena como la de Rapunzel extendida
sobre la almohada del Príncipe Feliz.
Hubiera deseado no nacer,
no crecer,
no tener que morir.
Hubiera deseado un don más práctico
que el de garabatear el dolor
y ponerle el cascabel a la palabra.
Casi siempre está triste
pero sonríe
como si no le apretaran los zapatos de la rutina,
como si el amor no fuera una prenda incómoda
que le tira de la sisa,
como si su corte de pelo todavía estuviera de moda.
Está gorda,
está vieja,
está asustada.
Casi siempre está triste.
Tiene unos ojos hermosos.


AUTORITRATTO III

È quasi sempre triste,
tranne quando ascolta i Beatles
o accarezza i gatti.
Oppure quando è venerdì
e si prende uno champagnetto a buon mercato,   
e pensa “Grazie a Dio e venerdì”,
come se la vita fosse un film disco
(perché non le piacciono né i sabati
né le domeniche,
né i lunedì,
ma i venerdì hanno ancora per lei un certo fascino,
una certa aria di genuina promessa).
È tirchia, quasi sempre,
generosa, a volte,
troppo orgogliosa come per rompere le foto che non le rendono giustizia,
troppo orgogliosa come per riscrivere le sue poesie.
Non ha mai visitato l’Europa,
né  imparato a ballare, 
né usato un abito da sera.
Non si è mai fatta bionda.
Ma è così anacronistica, così patriarcale,
così scema,
che sogna ancora con i castelli e i valzers,
e una criniera come quella di Rapunzel distesa
sul cuscino del Principe Felice.
Avrebbe desiderato di non nascere,
non crescere,
non dover morire.
Avrebbe desiderato un dono più pratico
di quello di scarabocchiare il dolore
e mettere un sonaglio alla parola.
È quasi sempre triste
ma sorride
come se non le stringessero le scarpe della routine,
come se l’amore non fosse un vestito scomodo
che le tira lo scalfo,
come se il suo taglio di capelli fosse ancora di moda.
È ingrassata,
è diventata vecchia,                    
ha paura.
È quasi sempre triste.
Ha dei bellissimi occhi.


Traducción: Elba Gallenti