martes, 30 de abril de 2019

PRESENTACIÓN "UN RAYO A TIEMPO"


Presentación de "Un rayo a tiempo" en el marco del 15º Encuentro Latinoamericano de Poetas "Abrazo de Voces"
Viernes 3 de mayo de 2019 - 20:20 hs.
Galpón Artístico de Caballito - Av. Avellaneda 1359 - CABA
Presenta Claudia Vázquez - Organizan Las Pretextas

lunes, 29 de abril de 2019

ROMPER UNA FLOR


ROMPER UNA FLOR


El cuerpo cruje,

se quiebra

como un vestido de vidrio

que suicida mariposas

en su penosa transparencia.

No sabe

de príncipes rociando con almíbar

los encajes  del himen,

de cuartos amoblados con relámpagos,

de repulgues secretos

para iniciar el fuego.

Clava sus uñas en el cielo,

se desnutre en gritos,

se conduele en  derrumbes

de sangre y orina.



(Romper una flor es

romper el verano;

romper  una mujer es

tatuarle la orfandad en los huesos,

extender un mantel en su vientre

para que cada noche

el amor cene ausencia).





La ablación o mutilación genital femenina comprende todos los procedimientos quirúrgicos que consisten en la extirpación total o parcial de los genitales externos, u otras intervenciones practicadas en los órganos genitales femeninos por motivos religiosos, culturales o no terapéuticos. Se calcula que 70 millones de niñas y mujeres actualmente en vida han sido sometidas a la mutilación/ablación genital femenina en África y el Yemen. Además, la cifra de afectadas por esta monstruosa está aumentando en Europa, Australia, Canadá y los Estados Unidos, principalmente entre los inmigrantes procedentes de África y Asia sudoccidental. 

viernes, 26 de abril de 2019

APRENDIZAJE



APRENDIZAJE

En el '76 mi hermana juntaba estampitas.
Figuritas sagradas de angelitos rubios
velando el sueño de niñitos rubios,
imágenes de vírgenes y santos,
recuerdos de Primera Comunión.
Cuando papá murió
la tía Carola
-la tía tan pájaro gris,
tan viuda desde siempre-
nos dijo que las estampitas traían mala suerte
y que la mala suerte
nos había dejado sin padre.
Mi hermana y yo
aprendimos la muerte, la orfandad y la culpa
de un solo manotazo.

(También aprendimos otras cosas:
a desconfiar de los ángeles,
a diferenciarnos de las vírgenes
y a no darle la espalda jamás
a los puñales de los santos).


martes, 23 de abril de 2019

UNA NENA TRISTE



UNA NENA TRISTE

Soy una nena triste
que no recuerda
la sonrisa de su papá iluminando
ninguno de sus cumpleaños
Recuerdo, sí,
algunos regalos:
una colonia Coqueterías,
un elefante de tela floreado
y relleno con alpiste,
la novela Genoveva de Bravante,
bombachas.
Odiaba que me regalaran bombachas.
Recuerdo la torta de mi fiesta de quince
que no era de confitería y tenía el aspecto
de una torre de Pisa en miniatura
decorada con merengue
y florecitas de azúcar.
Me tiré en la cama a llorar
porque la torta estaba torcida,
aunque, claro, lloraba por otra cosa:
a los diez años pensaba que mi papá
se había muerto porque era viejo;
a los quince,
comprendí que la vida me había amputado algo,
un mano,
una pierna,
parte del corazón,
entrar del brazo del hombre que más me quiso
en un salón o una iglesia,
ponerle a su nieto en el regazo
(será por eso que en mi vida no hay vestidos de fiesta,
ni altares,
ni valses,
lo tengo todo o no tengo nada, 
esa soy yo,
una extremista del amor,
casi nunca tengo nada).

Soy una nena triste
atada al primer invierno sin su papá
por un puñado de cabellitos de ángel.
Era viejo con sus 39 años y su corazón defectuoso,
era viejo, sí, pero era nuestro,
mío,
de mis hermanos.
Todos eran viejos entonces y no nos miraban
ni siquiera cuando nos despiojábamos unos a otros
como monitos encerrados en una jaula de miedo.
Qué invierno frío el de 1976.
Cuánta soledad.

Soy una nena triste 
que no recuerda
la sonrisa de su mamá
entera, del todo.
A veces me confunden con una señora
que juega a las escondidas con los gatos
y jura que este año se plancha el pelo,
adelgaza diez kilos 
y encaja
en el estúpido vodevil del verano.
Pero no.
Soy una nena triste
abrazada a un elefante de tela floreado
y a una cajita repleta de cosas inútiles
que hacen el silencio
cuando intento nombrarlas.


Arte: "The girl and the rabbit",  Cindy Grundsten

lunes, 22 de abril de 2019

BROTE POÉTICO RADIO


Brote Poético debuta en el aire de Radio a el miércoles 24 de abril a las 18:30 con una entrevista a la poeta Raquel Graciela Fernández, que habla de su libro más reciente "Un rayo a tiempo", editado por El Mensú Ediciones. Además, la música de Laura Ros y otras artistas.

Conducción: Marina Cavalletti


domingo, 21 de abril de 2019

PRÓLOGO "EL VIENTO LOS HONRA" DE MIRIAM LUJÁN SARKIS




PRÓLOGO "EL VIENTO LOS HONRA" DE MIRIAM LUJÁN SARKIS

La guerra es, sin lugar a dudas, una de las experiencias más trágicas y demoledoras que puede atravesar un ser humano. Partiendo de esta premisa, Miriam Luján Sarkis se adentra en los entretelones de la incertidumbre, el dolor y el coraje para dar forma a un libro que, a pesar de la dureza de su temática, no pierde en ningún momento su profunda luminosidad. “El viento los honra” poetiza una herida abierta en el alma de la República Argentina: la Guerra de Malvinas. Y lo hace con suma delicadeza, con una belleza dolorosa que nos conmueve y nos obliga a hacer propia la gesta de aquellos que, sin reservas, lucharon por la Patria.
“Presagio”, el primer poema del libro, nos pone frente a frente con la incertidumbre y la agonía de la espera: Pesaban demasiado las palabras, / no pude esconder la verdad, / el silencio era visible, / inminente el traslado”.  Este primer poema nos introduce en un mundo de silencio, espera y miedo, donde la noche, el viento y la muerte se erigen como grandes tótems alrededor de los que gira la experiencia desgarradora del combatiente. Con exquisita sensibilidad, Miriam Sarkis traza un mapa de la experiencia bélica desde su costado más humano: “En el borde de su sombra, / la infancia / lo mira /hambriento, / de rodillas, / alzando las manos, / con la boca cosida / por el viento de siempre, / sin tiempo / para sus ojos de niño aterrado.” Vuelve una y otra vez a la infancia del soldado, tan próxima y a la vez tan lejana. “Cuando era niño / me mostrabas la luna, / yo me dormía con tu canto (…) Yo arderé en el viento, /hasta que me vuelvas a mostrar la misma luna”, nos dice la autora, y la infancia se convierte en un talismán, una piedra preciosa de efecto apotropaico: Ahora estoy en la cocina de mi casa /mi madre se seca las manos en el delantal.”
Los poemas van trazando el mapa de la guerra en primera persona. Y cuando ese mapa ha tomado forma aparece “La carta”, un texto donde Miriam apela a su experiencia como esposa de un ex combatiente y corre el telón de la noche, el polvo y el silencio para mostrarnos la otra cara de la historia: la de las familias de los combatientes, sus madres, sus padres, sus hermanos, sus mujeres, sus amigos. Atravesados también por el miedo y la esperanza, rehenes de una soledad impuesta por los poderosos: “La radio a pilas es la prolongación de mi mano. Ningún telegrama me serena, toda noticia que recibo, es lejana a este instante. / No puedo verte, amor. / ¿Cómo sostener tanto frío?”  Y entonces el amor surge como un nuevo talismán: “Más allá de todos los discursos, /el viento /me trae tus ojos, / tu olor /sana la herida.”
“El viento los honra” no se agota, sin embargo, en la experiencia bélica.  Los poemas que cierran el libro hablan del regreso a un escenario que marcó a fuego y sangre la vida de tantos argentinos. Y ese regreso tiene ribetes de redención: “Transmuta en mariposa mi dolor”, dice el soldado en el Cementerio de Darwin. El círculo se cierra.
“El viento los honra” es un libro escrito desde el amor, un logro de la palabra poética de Miriam Sarkis y un merecido homenaje a aquellos que lucharon por la Patria. Adentrarse en él exige sensibilidad y respeto. Su lectura es, tal como la de la guerra misma, una experiencia transformadora: nadie saldrá indemne de sus páginas, nadie volverá a ser el mismo después de su lectura.

Raquel G. Fernández 

viernes, 19 de abril de 2019

EL CEMENTERIO DE LAS POLACAS


EL CEMENTERIO DE LAS POLACAS


Cruzaron el mar con las tripas como brújula,

con el hambre como mapa celeste,

contando los granos de arroz

que les faltaban

para llegar a una cama caliente,

a la ternura áspera

de un mantel a cuadros.

Cruzaron el mar y en tierra

cayeron como peces rotos

en una red de saliva sucia.


Las desnudaron,

las midieron,

les etiquetaron la piel,

el olor,

los besos.

Les maldijeron el amor para siempre.

Las devoraron.

En este pedazo de tierra ausente de Dios

escupieron sus huesos.

Sus ombligos son heridas sin patria

que no sanarán nunca.


Cruzaron el mar para llorarse

entre las piernas del verdugo.

Clavaron sus voces en la garganta del lobo

y el viento se llevó sus labios.


En este pedazo de tierra ausente de Dios

donde el gusano trabaja

no hay flores ni piedritas

que tiendan su corazón para salvarlas

de tanto y tanto olvido.




Situado en la avenida Crisólogo Larralde, frente al Cementerio Municipal de Avellaneda, en la provincia de Buenos Aires, el Cementerio de los Impuros es la única necrópolis que existe en Argentina exclusiva para rufianes y prostitutas.
A fines del siglo XIX, la Sociedad Israelita de Socorros Mutuos Varsovia era la fachada con la que funcionaba la mayor organización judía de proxenetas de la Argentina, que se distinguía por traer mujeres jóvenes desde Europa, sobre todo  Polonia, a nuestro país. Se proponía a las jóvenes pobres venir a la Argentina para contraer matrimonio con hombres de buena posición económica que las rescatarían de las privaciones y el hambre que padecían en sus países de origen. Sin embargo, la promesa de un matrimonio ventajoso no era más que burda patraña: una vez aquí las muchachas eran calificadas y tasadas tras un desfile que debían hacer desnudas ante los evaluadores, y derivadas a hacia los prostíbulos vip de la high society porteña o los nefastos quilombos de los barrios bajos, donde eran brutalmente explotadas.
Las pobres condiciones de higiene impuestas en los lupanares no pudieron evitar que las enfermedades venéreas y, principalmente, la tuberculosis hicieran estragos entre las muchachas, quienes rápidamente eran discriminadas y abandonadas a su suerte cuando una extremada delgadez las delataba como portadoras de un mal por aquellos tiempos letal.
La comunidad judía, al tomar conocimiento de la barbaridad que se consumaba en su nombre, expulsó a los proxenetas que entonces abandonaron el rótulo de Sociedad de Israelita de Socorros Mutuos Varsovia  para adoptar el de Zwi Migdal. Dada la marginación a la eran sometidos tanto rufianes como explotadas y el calificativo de impuros que les imponía su religión, la Zwi Migdal se vio obligada a tener un cementerio propio, por lo que en 1906 adquirió un predio de aproximadamente un cuarto de hectárea, donde instaló su necrópolis.
En la actualidad, el Cementerio de los Impuros se encuentra cerrado, en estado de abandono y saqueado. Se sitúa a la par del Cementerio Israelita de Avellaneda,  en Av. Crisólogo Larralde al 4100, en el barrio de Villa Domínico.


domingo, 14 de abril de 2019

EMA



EMA

Me gusta llamar a las personas por su nombre
y por eso le pregunté el suyo.
Ema, me respondió en un hilo de voz,
sin levantar su mirada oblicua
de la caja registradora.
Ema, repetí,
sabiendo que ese nombre apenas le pertenecía,
como apenas le pertenecen sus veinte años
gastados de lunes a lunes entre paquetes de jabón en polvo,
frascos de aceitunas
y señoras que se quejan cuando los caramelos
compensan la falta de monedas para el vuelto.
Lindo, murmuré,
sabiendo que ese nombre era apenas una aspirina impotente
frente al dolor del desarraigo.

A veces me pregunto cómo se llamará Ema en realidad.
¿Jia Ying? ¿Kumiko?
(A veces me pregunto
si entiende lo que dicen las señoras que se quejan
porque los chinos nos roban el trabajo).

A veces me pregunto cuándo descansa Ema.
Cuándo sonríe.


Arte: Li Wentao