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sábado, 25 de noviembre de 2017

UNA CHICA DE 16 AÑOS - DÍA INTERNACIONAL DE LA ELIMINACIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER


UNA CHICA DE 16 AÑOS
A Anahí Benítez

Tenés una hora para escribir un poema.
Una hora antes de ponerte a pelar papas
y freír milanesas.
Tenés una hora para hablar de una chica de 16 años.
Podrías hacerlo mañana, con más tiempo.
Pero, no.
Tiene que ser hoy. Tiene que ser hoy.
Como si alguien te escuchara.
Como si alguien nos escuchara.

Tenés una hora para escribir un poema.
No hace falta que sea bueno.
Tenés una hora para hablar de una chica de 16 años.
Vos, ella.
Cualquiera de tus dos Camilas.
La ex de tu hijo,
a la que detestás un poquito.
Una hora.
¿Qué vas a decir?
¿Qué vas a decir que ya no hayas dicho?

Pensás en tus 16.
Las minifaldas y las vecinas decretando
que eras una loquita.
Los exámenes de matemáticas que reprobaste una y otra vez,
porque, sí, eras una loquita
y leías “La dama de las camelias” en clase
mientras tus compañeros aprendían a despejar X.
Las horas de llanto histérico porque el pibe de la otra cuadra
cayó con una novia más linda que vos.
Relax”, el mejor disco de Virus.
A los 16 años no pensabas en la muerte.
No en la tuya, al menos.
A los 16  eras eterna.

Tenés una hora y no sabés que decir.
Pero insistís en el ritual desesperado
de escribir un poema que hable de una chica de 16 años
que no conociste,
que no vas a conocer nunca,
que se estrelló contra la palma del horror
como otra mariposa ciega.
Una chica desnuda, rota,
con los ojos secos,
con una etiqueta en el dedo pulgar del pie
donde alguien escribió prolijamente
su nombre de princesita india.

No te esfuerces.
No hay poema que valga.

Anahí.

Tenía una sonrisa hermosa.
Seguro que no pensaba en la muerte.
Seguro que era eterna.



sábado, 5 de agosto de 2017

UNA CHICA DE 16 AÑOS


UNA CHICA DE 16 AÑOS

Tenés una hora para escribir un poema.
Una hora antes de ponerte a pelar papas
y freír milanesas.
Tenés una hora para hablar de una chica de 16 años.
Podrías hacerlo mañana, con más tiempo.
Pero, no.
Tiene que ser hoy. Tiene que ser hoy.
Como si alguien te escuchara.
Como si alguien nos escuchara.

Tenés una hora para escribir un poema.
No hace falta que sea bueno.
Tenés una hora para hablar de una chica de 16 años.
Vos, ella.
Cualquiera de tus dos Camilas.
La ex de tu hijo,
a la que detestás un poquito.
Una hora.
¿Qué vas a decir?
¿Qué vas a decir que ya no hayas dicho?

Pensás en tus 16.
Las minifaldas y las vecinas decretando
que eras una loquita.
Los exámenes de matemáticas que reprobaste una y otra vez,
porque, sí, eras una loquita
y leías “La dama de las camelias” en clase
mientras tus compañeros aprendían a despejar X.
Las horas de llanto histérico porque el pibe de la otra cuadra
cayó con una novia más linda que vos.
Relax”, el mejor disco de Virus.
A los 16 años no pensabas en la muerte.
No en la tuya, al menos.
A los 16  eras eterna.

Tenés una hora y no sabés que decir.
Pero insistís en el ritual desesperado
de escribir un poema que hable de una chica de 16 años
que no conociste,
que no vas a conocer nunca,
que se estrelló contra la palma del horror
como otra mariposa ciega.
Una chica desnuda, rota,
con los ojos secos,
con una etiqueta en el dedo pulgar del pie
donde alguien escribió prolijamente
su nombre de princesita india.

No te esfuerces.
No hay poema que valga.

Anahí.

Tenía una sonrisa hermosa.
Seguro que no pensaba en la muerte.
Seguro que era eterna.





Anahí Benítez desapareció el sábado 29 de julio. El cadáver de la joven de 16 años fue encontrado semienterrado en la reserva Santa Catalina de Lomas de Zamora, tras una búsqueda de casi una semana

viernes, 4 de agosto de 2017

LA PRIMICIA


LA PRIMICIA

Es la noticia que nadie quiere dar
pero todos quieren dar
(el cadáver ya está en la morgue,
¿es o no es?
tenemos cien hojas arrancadas del diario de la chica,
la clave de su cuenta de Facebook,
un helicóptero sobrevolando el lugar de los hechos,
diez móviles de TV)
¿Quién va a tener la primicia del horror?

Mi hijo se sirve un vaso de jugo de naranja,
me mira,
me dice que a veces piensa
en la agonía de las pibas antes de.
Yo también pienso en la agonía de las pibas antes de.

Se parece a mí
este hijo que me duele tanto.
Tendrá insomnio.
Fumará hasta morir.
Siempre encontrará nudos incómodos
en el revés de las cosas.
Jamás será del todo feliz.

Arte: "Heart Attack", William Ronald

sábado, 29 de abril de 2017

"CADA 30 HORAS" - CINE DEBATE


Alejandra Perdomo, directora del documental "Cada 30 horas"


Con Alejandra Perdomo, directora del documental "Cada 30 horas"


sábado, 11 de marzo de 2017

NIÑAS DE GUATEMALA


NIÑAS DE GUATEMALA


las dormían

con cuentos sin hadas

con cuentos de carne extranjera

apuñalándoles el cuerpo

ellas apretaban las rodillas con asco

y después apretaban los ojos

no querían ver pero veían

se veían adentro

rotas

faroleritas ciegas tropezando

con restos de infancia

con palomas blancas  sin rama y sin flor

sentadas en verdes dolores

y la vida era un ta te ti suerte para nadie

y la noche era una morgue de hielo


las dormían

con cuentos sin perdices

les comían la piel

la boca

les apolillaban los huesos

les decían que eran malas

que escondían cuchillitos en el pelo

y relámpagos debajo de la lengua

que el dolor era mentira


las encerraron

por mujeres

por pobres

por brujas


niñas de Guatemala

muertas de desamor y de fuego

esperando

que el poema las recoja



El 8 de marzo de 2017 un incendio en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, ubicado en el municipio de San José Pinula (Guatemala), provocó la muerte de  40 niñas y adolescentes. Una veintena de sobrevivientes se encuentra en gravísimo estado. Las chicas estaban encerradas en un sector del albergue, ya que el día anterior algunas habían logrado huir en medio de una protesta por los atropellos que sufrían en el lugar, que incluían maltrato verbal y físico, y abusos sexuales. 

Guatemala: 37 niñas murieron amotinadas por denunciar abusos

miércoles, 8 de marzo de 2017

YO TUVE LA CULPA



YO TUVE LA CULPA


Yo tuve la culpa.

Claro que yo tuve la culpa.

Yo usaba la pollera demasiado corta,

las uñas  demasiado largas,

los ojos demasiado abiertos para abrazar

amaneceres/perros/mariposas

demasiado cerrados para advertir

el gesto cruel del verdugo.

Yo caminaba sola por la playa,

me comía el mar,

me comía la espuma,

era una sirena ondulante de mochila rosa.

Yo iba a bailar con un short demasiado provocador,

un corte de pelo demasiado llamativo

y ese mechón subversivo y rubio

cayéndome sobre la frente.

Yo besaba a mis amigos en los labios, a veces.

Yo tomaba algo con mis amigos, a veces.

Yo tenía amigos.



Yo tuve la culpa.

Claro que yo tuve la culpa.

Yo andaba y desandaba los pasos de la noche,

me hamacaba en las pestañas de la luna,

tenía un novio, o dos,

y  me dejaba amar

porque yo también amaba.

Yo usaba los jeans demasiado ajustados,

los tacos demasiado altos,

la boca demasiado abierta para besar/cantar/reír

demasiado ajena al grito.

¿Por qué iba a gritar si yo tenía 15, 17, 20 años?



Yo tuve la culpa.

Claro que yo tuve la culpa.

Yo era demasiado joven,

demasiado linda,

demasiado alegre.

Estaba demasiado viva.

Yo era demasiado.

Tenía un violín en la sangre,

un pájaro en la garganta,

un jardín brotado en los párpados.

Y el aire florecía cuando me tocaba el sueño.

Yo tenía la ilusión de ser velero, poema, camino,

guardapolvo a cuadros, guardapolvo blanco,

sutura en la llaga de los hospitales.
.
La ilusión de pintar en mi aldea

todas las aldeas del mundo.

Yo escribía las memorias de mi útero

en un diario impalpable,

escuchaba absorta sus cantos tribales,

sus pulsaciones de animal dorado.



Yo tuve la culpa.

Claro que yo tuve la culpa.

Yo tuve la culpa de la bala que me quebró la espalda,

del golpe que me partió la cabeza,

de la puñalada que me desmembró el camino de la sangre.

Yo tuve la culpa de los pulmones rotos,

del sexo profanado,

del caos del ombligo,

del descalabro de las piernas.

Yo tuve la culpa de la bolsa negra

que vistió mi desnudez apagada,

de la logia de moscas custodiando

mi pudrición y mis úlceras,

de la mirada viuda respirando

arena, tierra, basura.



Yo tuve la culpa.

Claro que yo tuve la culpa.

Yo bailé sobre una mesa como una gitana impúdica,

me fui a la cama con un hombre que apenas conocía,

me quedé con un golpeador porque me gustaba,

me aventuré en las aguas del peligro,

le fui infiel a mi marido, a mi patrón, a mi Dios,

no repasé las cuentas de un rosario de penitencia.

Yo serví mi cuerpo

en la bandeja cotidiana del prejuicio.



Yo tuve la culpa.

Claro que yo tuve la culpa.

¿Cómo no voy a tener la culpa

si yo soy mujer?


Fotografías: Proyecto "Arising / Resurgiendo" de Yoko Ono, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires – Fundación Costantini (MALBA). 

"Arising / Resurgiendo" es un proyecto de la artista Yoko Ono orientado a llamar la atención sobre la realidad de las mujeres hoy. Ono solicita contribuciones, pidiendo a las mujeres que envíen fotografías de sus ojos y testimonios anónimos que den cuenta del daño que sufrieron exclusivamente por su condición femenina.