lunes, 17 de junio de 2019

LECTURAS "LA PALABRA QUE SANA" / JUNIO 2019


LECTURAS "LA PALABRA QUE SANA" / JUNIO 2019


EL SECRETO DE RODOLFO VALENTINO

Cuando llegó a Nueva York
Rudy fue jardinero, lavaplatos, carterista, gigoló
y socio involuntario del club del hambre.
Su suerte cambió el día que se plantó frente a una cámara,
todo ojos verdes y pestañas saturadas de rimmel,
y pasó de inmigrante italiano
sheik, torero, amante supremo,
remiendo de cartón pintado endulzando
la soledad anorgásmica de las amas de casa,
secreto inconfesable de los ascensoristas del Ritz
y de los cowboys que juraban despreciar su cara empolvada
y soñaban con su torso desnudo e impecable.

Rudy también tenía un secreto,
un secreto que hundía
como una lengua afiebrada o un ladrido
en las bocas de sus esposas lesbianas
y se hacía mordida en los bares gay de Hollywood.
Un secreto que se llevó a la tumba
para no insultar
la marcial virilidad americana.

Dicen que Rudy vuelve cada noche
y su fantasma todavía golpea

las puertas del armario.

274 DÍAS

274 días duró su matrimonio.
274 noches la tuvo en su cama,
desnuda y rubia,
la mujer a la que todos amaban
y él quería amar con exclusividad,
la mujer del vestido blanco
y las piernas del mundo.
La mujer que no podía darle un hijo
que lanzara al futuro,
como una piedra de esperanza,
su apellido italiano.

274 días duró su matrimonio.
Después,
ella se casó con otro
pero él siguió siendo un puerto
donde la niña naufragio podía atracar
cuando la abandonaban sus amantes,
sus psiquiatras,
sus ganas de bañarse y cepillarse el pelo,
sus ganas de vivir.

Cuando ella murió
él rugió como un león
y lloró como un recién nacido.
Pero tuvo el coraje para organizar su funeral,

comprar las flores,
vestirla,
prohibir que se acercaran a su cadáver
las moscas y los depredadores.

Un segundo antes de que el cáncer
ganara otra batalla
él lanzó su nombre al más allá,
como una piedra de esperanza.
“Al fin voy a poder volver a ver a Marilyn”
murmuró Joe Di Maggio.

Al fin.

NATALIE WOOD LE TENÍA MIEDO AL AGUA

Antes de que Natalia naciera
una bruja le dijo a su madre
que iba a ser una gran estrella
pero que debería tener cuidado con las aguas oscuras.
María,
mujer  estepa,
rusa y dura, arma blanca,
licor blanco, trueno,
se empecinó en parir una estrella
y en mantener sus pies secos,
su corazón seco.

Antes de que Natalia fuera Natalie
(cuando era la pequeña Natasha
y su sonrisa era un ciervo tibio pastando
en el bosque virgen de la boca)
su madre la sentó en las rodillas de un director de cine
y la obligó a cantar.
Natalia cantó y cantó,
sin dejar de sonreír,
y cuando tuvo que llorar
María le arrancó las alas a una mariposa
y le mostró la muerte.

Antes de que Natalie fuera una estrella
una bestia le rompió el sueño del amor entre las piernas.
María no la dejó gritar.
La obligó a seguir cantando.
Pero cuando tuvo que llorar
Natalia no necesitó mariposas mutiladas:
pensó en su cuerpo partido por un rayo de baba,
en su monte de Venus talado por el miedo.

Antes de que Natalie fuera otro bonito cadáver de Hollywood
fue una estrella empapada en champagne
bailando con peces de sombra
en la cubierta de un yate lujoso.
Había discutido con su marido, dicen.
Había desobedecido a María y había gritado.

Natalie Wood le tenía miedo al agua.
Nunca aprendió a nadar.
Se ahogó en 1981, borracha y sola.

Aguas oscuras, vaticinó la bruja.
La madre, las lágrimas, el océano.

EL AMOR HA QUEDADO ATRÁS, MURIÓ EN UN PORSCHE

Caminaban por la playa tomados de la mano,

susurrándose ángeles al oído,
con la certeza de que iban a estar juntos para siempre.
Él era un rebelde con causa,
atormentado por su orfandad prematura,
cargando sobre su espalda rubia
el peso de la vileza con la que un pastor cuáquero
le había arrancado la infancia del cuerpo.
Ella, una chica italiana y religiosa,
que soñaba con ser una de estrella de Hollywood.
James Dean nunca sonreía y tenía modales bruscos.
Pier Angeli se enamoró de su sonrisa
y se hundió en su boca hasta encontrar
la  raíz de la ternura.

Pero la madre de Pier, católica y feroz,
se opuso al romance.
La chica italiana, enferma de familia,
de usos y costumbres,
de Cerdeña y de Espíritu Santo,
fue obediente y se casó con otro.
El día de la boda llovió
James Dean  lloró en la puerta de la iglesia,
mojado y solo.
Diez meses después se mató en un accidente.
El matrimonio de Pier duró, apenas,
cuatro agónicos años.

La chica italiana no quiso llegar a los 40.
A los 39,
casi el espectro de una flor,
con pocas perdices en su haber
y la soledad como un cilicio
con el que se castigaba cada noche,
eligió el final.
“El amor ha quedado atrás, murió en un Porsche",
escribió justificando
su orgía de pastillas,
su insulto a la  madre y al Espíritu Santo,
su soltarle la mano a la vida.

Su decidir, por fin,
de qué lado de la cama quería dormir
y con quién.

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