domingo, 20 de septiembre de 2020

VIOLENCIA


VIOLENCIA

Yo no sé qué les pasa a las mujeres ahora.
No aguantan nada.
Sí, ya sé que hay muchos hombres violentos.
Antes no era así, creo.

Hace 30 años que estoy con él.
Yo era una chica linda cuando lo conocí
pero cuando me miraba al espejo
no veía a una chica linda:
veía a una inútil que había terminado el secundario raspando;
una muerta de hambre que no conseguía
ningún trabajo como la gente
y se moría de vergüenza cuando las amigas de la infancia,
que iban a la Universidad,
la veían limpiar vidrios;
una pobrecita que se acostaba con cualquiera
que le pasara la mano por el lomo,
como a un perro de la calle,
buscando un poco de amor,
alguien que lamiera las heridas
de su infancia rota.

Me enamoré, claro que me enamoré,
y al principio todo anduvo bien;
un cuento de hadas, sí,
una telenovela con final feliz.
Zapatos lindos, vestidos lindos, auto.
Pero enseguida empezaron los gritos,
los portazos,
el romper esto o aquello.
Supongo que yo lo hacía enojar,
nunca fui buena ama de casa,
nunca aprendí a planchar bien
y fumaba a escondidas en el baño,
igual que en la escuela.
Tuve que cumplir horarios
y estar siempre cuando él llegaba,
y hacer el amor cuando él quería,
aunque me explotara la cabeza,
aunque mi día hubiese sido atroz.
Me gustaba hacer el amor, sí,
hasta que me ponía boca abajo
y me lo hacía por atrás,
algo que siempre odié,
que siempre me dolió.
Algo que me hacía sentir humillada.
Yo me tragaba las lágrimas y pensaba “ya acaba, ya acaba”,
porque eso hacen las esposas, ¿no?
Y yo era una muerta de hambre,
(la plata no era mía, yo no me la ganaba)
y las muertas de hambre no tenemos el no fácil.

Nunca tomé ninguna decisión importante:
él es que sabe.
Y ahora ni siquiera soy una chica linda.

Hace 30 años que estoy con él.
Tiene sus cosas, claro.
Pero violento no es.
Jamás me puso la mano encima.




Arte: Viktoria Hrytsa

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