domingo, 8 de septiembre de 2019

EL MONSTRUO



EL MONSTRUO 

A veces pienso que ese tipo todavía anda por ahí.
A veces pienso que ese tipo anduvo por ahí
durante todo este tiempo,
celebrando las Navidades y los cumpleaños de sus hijos,
comprándoles regalos,
llevándolos a Mc Donalds o al cine
a ver la última película de Disney.
Besando a su mujer
(o quizás golpeándola,
ese tipo no tenía saliva verde
ni espolones pero era un monstruo,
el monstruo que aparece en todas mis pesadillas,
uno, dos, ya viene por ti). 

A veces me pregunto si fui la única,
si en esta película de terror hubo
una heroína que al fin lo detuviera,
una chica con anteojos que descubriera su talón de Aquiles
en algún libro olvidado,
un ritual shokopiwah que lo borrara del mapa,
una denuncia que alguien tomara en serio.
Yo estuve por acá todo este tiempo,
con mi minifalda roja
y mi remera con una estampa del pato Donald,
con mis zapatitos sin taco,
siempre de diecisiete años,
tratando de reiniciar mi cuerpo cada día
sin que la pantalla de la memoria se tilde
en la llaga azul del error,
del horror. 

Yo estoy por acá, todavía,
preguntándome que habrá sido de la vida de ese tipo,
si todavía sigue por ahí
(adentro del placard,
debajo de la cama,
en una alcantarilla),
y deseo que esté muerto,
bien muerto para que el grito
se convierta en un acto de fe,
en una gaviota ciega que sabe de memoria el verano
y se aferra al cielo que un monstruo sin saliva verde
ni espolones
no pudo tapar con su basura.



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