miércoles, 25 de septiembre de 2019

CHAU, ALEJANDRA


CHAU, ALEJANDRA

“explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome”
Alejandra Pizarnik


Chau, Alejandra, chau.

Pájaro de ceniza,

pájaro acariciado por  la ausencia,

pájaro que se vuelve jaula

que se vuelve pájaro,

que se vuelve  excusa para seguir muriendo.



Chau, Alejandra, chau.

La fea de la escuela,

la judía, la rusa,  la rara.

La que adornaba su desnudez con palabras.

La que sabía que el mejor poema

era una estrella en la cresta de su sexo,

una prórroga de viento debajo de aquel vestido azul.



Chau, Alejandra, chau.

No te olvides tus máscaras, tus huesos ablandados por las lágrimas,

ese alfabeto de arena que hilvana

el desierto que te escuece la garganta.

No te olvides los gestos inconclusos,

el gato que nunca tuviste,

esa canción de Janis

(ahora, las dos niñas monstruo se están dando la mano,

las dos niñas muertas,

una canta y la otra llora en silencio;

una agita el corazón como si agitara un pañuelo póstumo

y las dos dicen chau, chau, nos vamos,

no somos de este mundo).



Chau, Alejandra, chau.

Chau Flora, chau Buma.

Chau hacedora de todos los jardines.

Chau paridora de animales pequeños,

calientes, eternos,

alimentados con tus jugos secretos,

con tu sangre, tu savia,

con tu saliva somnolienta detenida

en la médula rabiosa del último día.



Chau, Alejandra, chau.

Afuera hay sol porque es primavera.

Adentro hay carencias pudriéndote la boca.

Te vas con todas los barcos naufragados en el cuerpo.

Con todos los muros clavados en el pensamiento.

Vomitando o gritando o gimiendo.

O riéndote de los funerales que te esperan.

Los que lloraste antes de decir chau.

Los que te arropan con sus flores rotas, sus nidos de tierra antigua,

sus gusanos traslúcidos, sus hormigas.



Chau, Alejandra, chau.

Buen viaje. Mal viaje



¿Importa?





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