lunes, 4 de noviembre de 2019

LA VENTANA



LA VENTANA


Las dos nos preguntábamos lo mismo:

cuántas veces te habrás asomado a esa ventana.

Ella, con la memoria húmeda de partos.

Yo, con las  rodillas raspadas en un gesto de infancia.

La ventana, aturdida de cielo,

era un ojo místico para verte vivo.

Te tragabas  el sol

de sangre entera

y te derretías,

lobo de escarcha,

para caer en su regazo apesebrado

desnudo y niño.


Yo contaba las manzanas que faltaban

para volver a la escuela.

La oruga del verano

se soltaba la piel

y el otoño

empezaba a ser

una mariposa que dolía.


Las dos nos preguntábamos lo mismo:

cuántas veces te habrás asomado a esa ventana.

Ella te acunaba en sus párpados

que se iban atrás en el recuerdo.

Yo jugaba con los gatitos

y me mordía los ojos

para que ella

-mamá-

no me viera llorar.






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