jueves, 18 de diciembre de 2025

ESCALOFRÍOS


   ESCALOFRÍOS
 

La escucho deambulando,

toda la noche.

Abriendo y cerrando cajones.

Desparramando papeles.

Dando pequeños golpes en las paredes

como si quisiera asegurarse de que es,

de que existe.

Sin que ella supiera cómo, dónde, por qué,

la línea de la vida se hizo pájaro

y se voló de su mano.

Ahora sus dedos son los barrotes

de una jaula vacía,

y ella, una gitana blanca,

una gitana ciega

mirándose con desconsuelo

el destino amputado.

Aullando.

 

Cuando aúlla

siento escalofríos.

No estoy preparada

para cederle mis noches a un fantasma.

No tengo el valor que se requiere

para ver levitar sus pies de jazmines rotos

a quince centímetros del suelo.

No me atrevo a mirarla a los ojos,

a seguir una trayectoria de terror

pupilas adentro

para adivinar qué herida, qué venganza,

qué profecía de amor no cumplida

la mantienen atrapada

en un mundo al que ya no pertenece.

 

Cuando aúlla

siento escalofríos.

Me tapo la cabeza con la almohada

y lloro bajito.

Lloro hasta que me quedo entredormida

y un mugido de estrella me empuja

contra la cama.

Le temo y ella lo sabe.

Le temo y yo sé

que eso le provoca una tristeza infinita.

 

 La escucho deambulando,

toda la noche.

Aullando. Aullando. Aullando.

 

Soy yo

en cada rincón de la casa.



Arte: Tom Gates

martes, 16 de diciembre de 2025

DE MI ESTADÍA EN EL PAÍS DE OZ


DE MI ESTADÍA EN EL PAÍS DE OZ
 
 
 
No sé cuál era el nombre del tornado
 
que me arrastró al País de Oz:
 
¿dolor, desamor, desconsuelo?
 
Sólo sé que estuve sola en el viaje,
 
y que fui yo la niñita que necesitaba volver a casa,
 
la que necesitaba un corazón,
 
y un cerebro,
 
y la valentía para mirarse al espejo
 
aceptando que los años conspiraban
 
debajo de mis ojos antes tan luminosos,
 
y había algunos cabellos blancos
 
mordiéndome las sienes,
 
y un puñado de cuentas sin saldar
 
abiertas en mi piel
 
como llagas umbrías.
 
 
 
 Hice el viaje hasta Ciudad Esmeralda
 
subida a unos zapatos rojos de tacón
 
que me quedaban un poco grandes
 
(Freud, zapatos rojos,
 
pasiones desbocadas,
 
obsesiones…
 
sólo por una vez
 
déjenme pisotear las reglas
 
de un mundo que no entiendo).
 
 
 
Hubo caminos amarillos interminables
 
donde reposar mi otoño
 
y fui todas las Reinas,
 
y todas las Brujas
 
(las malas y las buenas,

las muertas y las vivas).

Gocé entre amapolas,

pero me quedé dormida

y no supe despertar a tiempo

(las mentiras son poderosos narcóticos;

necesitamos creer y creemos

y nos hundimos cada vez más

en un falso paraíso alucinado).



  Ustedes ya saben cómo termina el cuento:

Oz, “el Grande y Terrible”,

era un hombrecito insignificante.

El gran farsante

atiborró mi cabeza con afrecho, alfileres

y un poco de paja,

y me regaló un bonito corazón

de seda roja

relleno de aserrín,

y me dio a beber una pócima falaz

jurando que me haría valiente.

Y me empujó fuera de Ciudad Esmeralda

(una ciudad que, al fin y al cabo, no era verde:

era una ciudad gris,

como todas las ciudades,

sólo que el hombrecito me obligó a usar anteojos coloreados

para que yo viera las cosas

como él creía que debía verlas). 



Todavía me faltaba volver a casa.

Cerré los ojos

y deseé con todas mis fuerzas

dejar atrás ese país artificial, bello y extraño

donde anidaba la mentira

y la crueldad era moneda corriente.


 Pero antes, me descalcé.



Zapatos rojos, nunca más.
 


 

Arte: Jordan Carson 

Del poemario "Once Upon A Time" (2014)

domingo, 14 de diciembre de 2025

MANDALA


 MANDALA




I

La desnudez del aire

y los cuerpos

como estrellas binarias.

Imposible prolongarse en el otro:

nos circundamos,

nos acordonamos,

pero estamos solos

(el sudor es  frontera).



II

Un volcán

se estaciona en mi pulso.

Oigo

como nace una rosa.

Soy una extraña criatura doméstica.

La que no cesa de arder

y promete

su poema como huella.



III

Hubo un andamio

entre soles

(el saludo del fuego

a todos los hijos vagabundos,

la mordedura del verano

sacudiendo las redes).

Las abejas volvieron

(espolvoreadas de viento).

Se calzaron

el zapato de cristal del mediodía.

Te toqué

(desde entonces la pólvora).



IV

Ángeles

pulsando

en las aristas de la sangre.

Pupilas que se rompen.

Grietas tibias

en la arcilla de los párpados.

Un cuerpo

que se deshace en la noche.

El traje del hombre amado

recostado en la lluvia.

La barca sosegada me transita.

Me desperté

con todo el mar en las venas.



V

Orbita

el cuerpo celeste.

Entonces la carne se circula.

Es un nudo de luz.

Hombre y mujer rodando.

Intemperie

donde caen los sentidos

mientras la luz apura

su vaso de constelaciones.






Del poemario "Once Upon A Time"  (2014)

viernes, 12 de diciembre de 2025

LOS DIARIOS DE ALEJANDRA


 LOS DIARIOS DE ALEJANDRA


París, 1960

24 de diciembre

Desperté viéndome como un cuerpo sin piel, una llagada.



Dice una voz,

dice una cornisa de pájaros

desplumando

súplicas ajenas.

Dice la sentencia del aire.

Se declara culpable del poema.

Las palabras

abren y cierran cajones.



Dice que fue un cadáver

y ahora es una anciana feroz

cortando hilos.

Descosiendo  la arpillera de las sombras.

Trayendo de regreso

a las bestias de sangre.

Sin poder mantener a raya

sus harapos de  infancia.



No se puede armar un nido

con los barrotes de una jaula.

¿A dónde irá a vender su desnudez

la niña desposada con las máscaras?



El abecedario es un océano sucio.

Dice que se ahoga.






Del poemario "Once Upon A Time"  (2014)

miércoles, 10 de diciembre de 2025

JULIETA


JULIETA



Hubo un balcón,

florado,

desflorado,

un hilo de noche saliendo de la boca,

mientras las cinco puntas de una estrella

le nadaban el rostro.

La doncella pálida entendía

la piel de las palabras.

Desdoblaba las manos

para tocar el perfil de una promesa

que le dolía

-tanto-

entre las piernas.



Él iba y venía,

hablaba del nombre de la rosa,

de un silencio cualquiera.



Él se juraba vaina de la espada,

pero ella fue la sangre

cuando aquel beso de rumbo equivocado

le puso la muerte entre los labios.







Del poemario "Once Upon A Time"  (2014)

 

lunes, 8 de diciembre de 2025

ANA


 ANA

A Ana Frank


I 

El sol acopia el paisaje 

en el corazón rebosante de lilas. 

Con pétalos le lava los ojos 

a la memoria cautiva. 

Así es como la toca la primavera. 

Como un ángel hecho de señales. 

Magia viva de hilos transparentes. 


II

El virus del encierro se instala

en el cuchillo de niebla 

que desflora  un  pan con cicatrices. 

Pero ella se parte y se comparte 

a mitad del poema. 

Toca el cielo, tan lejano y tan próximo. 

Es el intento humano de cantar 

lo que queda de las amapolas vivas. 


III

La adolescencia y sus huesos de pájaro. 

La médula de miel dialogando 

con el jardín imaginado. 

Más allá, la columna vertebral del odio 

erguida en el lento acabarse 

de las constelaciones. 

Mordidas de lobo acechando 

el ruedo sencillo  del primer beso dado. 


IV 

La enfermedad caliente del cerrojo. 

Las rejas. La quemadura incurable. 

La Muerte exorcizada con un lápiz. 

La Muerte incendiada 

en la hoguera de la luna. 

Una soga de palomas sosteniendo 

la emoción de la cintura que despunta.


V 

Ana innumerable. Ana de luz infinita, 

Ana muriéndose de todos los inviernos. 

De todas las gargantas cegadas de nieve. 

De todas las fiebres. 

Las manos del odio encajando frío

en una mortaja de zozobras. 

El adiós escrito en un pañuelo de sal 

que se bate a duelo con el viento.


VI 

Una lenta pulsión de terciopelo 

poniéndole su voz a la esperanza. 

Ella apagando las luces en los cuartos 

de la sed y del hambre. 

Ella reinventando un océano 

de ruiseñores germinados. 

Sembrando un  retal de mariposas 

en las gargantas de los sobrevivientes.







Arte: "Portrait of Anne Frank", Ekaterina Nesterova

Del poemario "Once Upon A Time"  (2014)


sábado, 6 de diciembre de 2025

THE BOOK OF MIRRORS


 THE BOOK OF MIRRORS



 Me interrogo, cada mañana, en el vértice del espejo.


1

Había una vez un espejo.

No había un hombre,

no había  una mujer.

Ningún jadeo penetraba

 el denso protocolo

de un calculado festín carnal.

Había una vez un espejo.

Un espejo solo.

Abierto.

Como un interrogante.



Caer dentro de un espejo es un ejercicio arduo
que requiere prescindir de cualquier máscara.



2

La sangre aplicada de tu bestia

gesticula desde el otro lado.

El botín inalcanzable

es la sangre.

El cuerpo del deseo es la bestia

El error es la máscara.



Algunos hombres son como espejos

-la niña correcta se equivoca una vez más:

todos los hombres son como espejos-.



3

Y entonces el macho se parte

y vuelan sus semillas

hasta la boca idéntica

que mastica su espasmo.

Una sombra babea,

muy desnuda,

crispándole los ojos.



Cuando el espejo me bebe,  el infinito se acaba en mis temblores
(es como tenderle el cuello a un asesino).



4

Y entonces la hembra expone

la viudez de su garganta

al tajo del cristal que donde se gastan

los pulgares del sueño.

Del otro lado,

las bestias cantan.



Alguien cruza el espejo y cubre mi cuerpo, como una sombra.



5

Las voces que instruyeron

la hoguera primitiva de los muslos

insisten en roer el hueso de la urgencia.

No hay un hombre,

no hay una mujer.

Hay un estallido tendiendo sus redes

en los orificios perturbados de dos cuerpos.

Y algunas mentiras

que  ríen,

como hienas.



Me miro en un espejo de cenizas:
todos los espejos son de ceniza desde que olvidé el rito del fuego.



6

El semen devoto de tu bestia

aúlla desde el otro lado.

La página en blanco

es el semen.

La palabra tullida es la bestia.

El poema cruel es el silencio.



Tu espejo se desangró, desafiando el rigor de la materia.
Consumiste tu vida en un instante. Era la señal.



7

Había una vez un espejo.

Había un hombre.

Había una mujer.

Había una distancia que se medía

en brújulas obscenas.

Había una vez un hombre roto,

con un girasol invertido entre las piernas.

Había una vez una mujer entreabierta,

goteando partículas de luz.

El hombre estaba solo.

La mujer lloraba.



Un sonido acribillado. La noche.
Se bifurcan los caminos del abismo.
La caída es libre dentro de cualquier espejo.



8

¿Y si quebramos todos los espejos?

¿Y si tentamos al luto

con las vértebras calientes de una sábana?

¿Y si clavamos este suicidio ridículo

en la garganta de un pájaro?






Del poemario "Once Upon A Time" (2014)