miércoles, 25 de mayo de 2011

LA JAULA


LA JAULA

“No llegaré jamás al otro lado.”
Olga Orozco 



El pájaro se ha vuelto jaula, 

la risa se ha vuelto jaula,

la vida se ha vuelto jaula. 

Detrás de los barrotes acaricio 

mi factoría de sombras. 

Acatando las leyes del centinela bárbaro 

que  desgajó mis alas 

me convertí en un estorbo de huesos, 

en un zodíaco roto, 

en la espera inconclusa que no llueve 

sobre ningún retorno. 

Ya no recuerdo a la muchacha azul 

que le palmeaba las nalgas al verano. 

Ya no recuerdo a un hombre entre mis dedos, 

todo es una orgía de cerrojos, 

un emporio de agujas cenicientas 

enturbiando el fulgor de mis pupilas, 

una húmeda tristeza que no alcanza 

para arrancar de cuajo el hilo de la lluvia. 



Mi piel se ha vuelto jaula 

y el dolor es custodio 

de esa libertad que no principia. 

Detrás de los barrotes agasajo 

mi celo paralítico. 

No llegaré jamás del otro lado. 

El légamo del alma 

se pudre en el oprobio del gorjeo, 

en la vital angustia de la carne, 

en lo que pudo ser, pero no ha sido, 

y vuelve cada hora, 

como un reproche, un gemido o una duda 

y resucita mi pacto con el miedo.






domingo, 22 de mayo de 2011

LA NOCHE Y EL POEMA


LA NOCHE Y EL POEMA



La noche se alza al viento:

una hembra

que no deja de arder.

Profusos ruedos de luz sonora

tamizan sus colmillos,

injertan su corazón en un puñal.

Las estrellas pulsan en sus flancos,

médulas de dulzura.



La noche se redobla:

trazos de nuestras uñas

sostenidos por el fuego.



Sacudiendo la melena del silencio

el poema se adelanta a las ficciones

de los días futuros.

Se deriva en señal.

Pájaro de inocencia

con la luna en las alas.



Arte: "Luna", Stacey Ann Borg

Del poemario "Cierta condición nocturna", GPU Ediciones, 2013 
Poema seleccionado para integrar la Antología Poética “Misterios para el sueño”, Ediciones Osiris, La Coruña, Galicia, España (2011)


martes, 17 de mayo de 2011

CUANDO EL SOL VUELVA A ESCORPIO


CUANDO EL SOL VUELVA A ESCORPIO

A Tadeo



Seré la que no soy

cuando se derrumban los párpados.

No me preguntaré

cómo verás mi cara en el recuerdo

si se secan los pájaros de sangre.

Habrá azoteas

repartiendo lisonjas

en los lomos cimbrados de los gatos.

Las bocas brotarán.

Dimitirán las gárgaras de culpa

que orquestan los silencios.



No me sabré la flor

de las llaves echadas

recogiendo el perfume

para tiempos mejores.

El mar cirujano abrirá luces

en las caderas vidriosas como peces,

lavará con espumas el enigma

de las piernas cerradas.



Habrá menos poemas en el llanto

y más en los horarios de los trenes

que no he tomado nunca.



Por qué seguir de largo,

como un toro iracundo,

ignorando las barandas de los puentes.

Por qué doler como una caída.



Seré presente, sin historia,

sin que punce la noche

al entreabrir los huesos.



Cuando el sol vuelva a Escorpio.



Arte: "Letting Go", Shannon  Bonatakis 
 

domingo, 15 de mayo de 2011

A ELLA LE GUSTABAN LOS PUENTES


A ELLA LE GUSTABAN LOS PUENTES

“Así que tendrá que ser algún otro puente
uno feo y sin visitas

-salvo que me gustan en especial todos los puentes- 
Tienen algo.”
Marilyn Monroe



A ella le gustaban los puentes.

Supongo que si estás sola

un puente es una promesa.

Supongo que en los ojos amargos

un puente es algo más

que un parpadeo de piel ajena.

Supongo. Supongo.

Pero yo siempre estoy suponiendo algo.



A ella le gustaban los puentes.

No iba a saltar.

No saltó.

Prefirió enredar los senos

en los cables de un teléfono eterno.

Supongo que si estás muerta

estar desnuda es un detalle.



A ella le gustaban los puentes.

Era un pedazo de carne acribillado

por miles de jadeos.

Era un pedazo de alma sin espejo.

Estaba detenida.

Pero los puentes iban y venían.



Los puentes tampoco son perfectos, querida.

Se caen.

Yo sé que se caen.



Pero una sigue como una bestia estúpida

hasta que llega la hora de manotear el teléfono.



A mi me parece que todo se vino abajo.



How will we build it up,

My fair lady?





Fotografías: Marilyn Monroe, Sam Shaw 

Del poemario "La antigua enfermedad del otoño", Ediciones de la Iguana, 2011

Poema publicado en el "Diario de los Poetas" Nº  55 presentado en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, Mayo 2011


martes, 10 de mayo de 2011

LUGARES COMUNES


LUGARES COMUNES



Quisiera escribir un poema de amor.

Un poemita dulzón

o decididamente empalagoso.

Sencillito.

Basta con recordar que los zapatitos me aprietan,

que el corazón masculino tiene agujeros

donde la dama festejada cae blandamente

como una rosa rotundamente rosada.

Que hay señoritas a las que hay que cuidarles el alma

como si el alma fuera un canario

o un perrito faldero.

Basta con escuchar cinco o seis veces

los CDs que me grababa aquel chico

-tan azucaradamente escurridizo-

y saber que estoy hecha a la medida de alguien.

A la medida de un idiota, seguro.

Pero no importa.

Soy la mitad que falta en algún lado.



Quisiera escribir un poema de amor.

Un poemita de amor indigerible

como una lata entera de dulce de membrillo.

Facilísimo.

Basta con echar mano a un par de ojos celestes

como el cielo celeste,

al rubí de una boca apasionada,

a una melena de oro incandescente.

A un señor que dejó el corazón en cada paso

-cómo llegó hasta acá, no me pregunten-

y edificó castillos en mi piel de durazno.

(Ninguno pudo más que una casita prefabricada.

Pero supongamos que fueron castillos.)

Basta con convencerme de que soy

el tipo de mujer que tiene eso

y recordar a ese hombre,

rebeldemente descolocado a los cuarenta.

Ése nunca lloraba,

pero al menos tenía mejor gusto en cuestiones musicales.



Quisiera escribir un poema de amor.

Sencillito.

Basta con recordar que el kamikaze que duerme conmigo

me levantó en sus brazos una noche de lluvia

para que no me mojara los zapatos

y me escribió en un papelito que aún conservo

un “Qué bonita que estás” como si fuera una novela de Kundera.

La creatividad nunca fue  lo suyo, pobrecito.

Basta con hacer, además, un inventario

de los ilusos dispuestos a dejarlo todo

para que yo me quedara en algún lado.

Chantaje inútil porque no me quedé.

Como ya habrán notado.

Basta con indagar en algunos asuntos misteriosos:

¿Qué es eso del beso mariposa?

¿Qué gracia tiene amanecer en los labios

de una dama que todavía no se lavó los dientes?

¿Realmente hay gente que pierde el tiempo

recordando qué color son los cerezos?

¿Por qué no estrangulan de una vez por todas

al mentor de las infames melodías de ternura?



Quisiera escribir un poema de amor.

Con la labia que tengo no me costaría nada.



Pero dónde pongo el dolor.



Dónde.






domingo, 8 de mayo de 2011

CASI COMO PAPÁ



CASI COMO PAPÁ

Al tío Luis




Casi como papá.

Casi.



Se pone los huesos

cada mañana.

Se pone la espalda

y la quiebra

sobre el único jardín

donde fui Alicia.

El golpe de la infancia

sucedió entre sus rosas.

A través

de todos los adioses de sus soles.



Una vida hecha de astillas,

de resplandores ajenos.

Regalos de Reyes comprados

para los hijos de otros.

Quizás alguna emoción

antepuesta al recuerdo

(el pico de una estrella silenciada

expropiando

los ruidos de la carne).

Casi como papá.

Casi.



Los domingos pasea por la muerte.

Un señor mayor

arrastrando los pies bajo la lluvia

con un paraguas deforme

como la boca de un lobo.



Nunca le digo que lo quiero.

Casi como a papá.



Igual que a papá.




Arte: “Umbrella Man”, Peter Max

Finalista Poesía 12º Concurso Literario Internacional "Escritura compartida"‏, Centro Escritores/as Nacionales -  Cen Ediciones, Córdoba (2011)


domingo, 1 de mayo de 2011

CENICIENTA NO SABE


CENICIENTA NO SABE



Yo no sé

quién sujetó mi voz

con hilos de intemperie

y me dejó este camino de silencio

-una cinta polvorienta que repta

al canto de un abismo de flores de plástico

y culpas mal enjuagadas

con visitas incómodas y galletitas de limón-.



Yo no sé

quién destejió mi vestido de abejas

y le torció el pescuezo

a la húmeda golondrina

que volaba y comía entre mis piernas.

De repente,  concluyó el verano

De repente, se rompió la aromática

unidad de las uvas

y las redes de la luna

dejaron de apacentar mis sueños.



Yo no sé si fui una princesa

o una reina

o una simple mendiga

a las puertas del verso.

Di dos o tres pasos de baile

y sequé algunas lágrimas,

pero la escuela de la vida me aplazó,

como a todo el mundo.



Yo no sé si me ahogué en la luz

y ya estoy muerta.

O si todavía vivo para contarlo.

Contar eso que no sé,

porque yo no sé,

yo no sé…


 
Yo no sé quién me corta las uñas

cuando crecen demasiado

y no sé como es dormirme en las riberas

de un cuerpo que no ladra de tristeza.
 


Y no sé,

te juro que no sé,

dónde dejé mi zapato.






Arte: "¿Dónde he puesto mi zapato?", Olga Ether

Del poemario "La antigua enfermedad del otoño", Ediciones de la Iguana, 2011

2º Premio Primer Concurso Literario Bienal Internacional de Poesía y Narrativa 2011, Campana Amanecer Literario (C.A.L.), Campana, Bs. As. (2011)
 
2º Premio III Concurso Literario "Héctor Pedro Soulé Tonelli", ‏CILPA (Círculo Literario Punta Alta), Punta Alta, Bs. As. (2012)