martes, 23 de diciembre de 2025

LA PRIMERA NAVIDAD


 LA PRIMERA NAVIDAD

 

¿Sabés  que recuerdo cuando te recuerdo?

Los desayunos en los que untabas Casancrem

en galletitas de agua,

para vos y para mí.

Lo hacías con una torpeza enternecedora.

Tus manos estaban cansadas, mamá.

Tu cuerpo estaba cansado.

Y nosotros intentando colgarte una primavera

que ya no te pertenecía.

Como si esa primavera fuese una guirnalda

y vos un pino que había olvidado

cómo ser verde,

cómo brillar en un rincón de la infancia.

 

La Navidad se acerca, mamá.

Ya casi nos pisa los talones.

Es curiosa la Navidad:

no importa cuántos muertos nuevos la pueblen

con sus muecas dolidas.

No importa cuántas catástrofes domésticas acarree.

Siempre la festejamos.

Partidos, en carne viva,

siempre la festejamos.

Aunque no creamos en el nacimiento

de un dios que no nos comprende

y al que apenas comprendemos.

 

Me acuerdo de la primera Navidad

después de la muerte de tu hijo.

Mi hermano, mamá.

Yo brindé por él

como los policías de las películas yankees

brindan por sus caídos

y después me fui al patio a llorar.

Con mi vestido nuevo.

Cargando esa vocación de festejo extraña

que nos reunió alrededor de la mesa

a pesar de la ausencia.

 

Esta va a ser la primera Navidad sin vos, mamá.

Tus hijos ya estamos haciendo planes:

en tu casa o en la mía,

asado o cena fría,

en el patio,

ojalá que no llueva,

la música al mango

total ya no están los viejos para quejarse.

La vida es una rueda que sigue girando.

Sigue y sigue.

Y está bien que así sea.

Así es como tienen que ser las cosas.

 

Esta va a ser la primera Navidad sin vos, mamá.

Voy a brindar como un policía yankee

que celebra la vida del caído.

Y por ahí me voy al patio a llorar.

Un poquito.

Un poquito, nada más.

Porque te extraño.


Tanto, tanto.


 

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