miércoles, 27 de marzo de 2024

TIERRA DE OTOÑO


 TIERRA DE OTOÑO 

I

La cicatriz de la luz pende 

(sin hilo) 

sobre un pecho gastado. 

Las memorias no usadas se estremecen 

(casi el puño de la luna). 

Inconsistente como la camisa de un muerto, 

(como un juego de pestañas falsas) 

la lengua se alza para no decir.


II

Hay pies que rozan 

la melena de una ahogada, 

la melena de vidrio que corta y muerde 

(arena hecha de gritos).

Caracoles de lo húmedo

fluyen entre los dedos. 

La mañana duele entera.


III

Una esperanza nunca verde 

ata el suspiro, 

se dobla como una lágrima oscura 

(mientras el sol de espaldas, 

la arpillera descosida de los párpados). 

El siseo del viento se estira. 

Triste. Como un arpegio de humo.


IV

El sueño tiene cierto sabor metálico, 

cierto movimiento leve 

como el cabeceo de una flor. 

Pubis angélico, cuévano de alas 

(una velocidad hecha de cuerpos sonoros).


V

La mirada humilde enlaza 

dos carnes íntimas. 

La risa palpa los dientes 

(como si una liebre, 

como si un animalito tibio). 

Las pieles se conjugan 

en un relámpago diurno. 


VI

Ojos de agua tocada,

ojos de nieve en hebras

(la altura blanca, 

el iris donde circula un colibrí, 

una ilusión de aire). 


VII

El poema es un guante que recojo, 

un desafío de seda 

sujeto a metamorfosis. 

Dice (no dice). 

Se acerca (se aleja). 

Es la baba caliente de un molusco. 

Un lento pleamar  hecho de agujas.

  

VIII

Proas de hielo. 

Popas de hielo. 

Bordas blancas. 

El  buque como si siempre. 

Como si nunca. 

Vibrante alfiler remendando 

un pájaro salvaje. 

El mar, esa mentira, 

en la espina dorsal del Universo.


VIX

El hocico empapado de la lluvia 

hurga debajo de la parva  de hojas secas 

donde él escondió su nombre. 

Un mantel amarillo tendido 

en la soga del vecino.

Así, de improviso, llegó el otoño.


X

Entonces la queja regresaba 

de cebolla en cebolla. 

Una capa, otra capa, otra capa 

(la sequía de las cuerdas vocales 

cortando lágrimas finas). 

Al final, el vacío. 

El oscuro espejo donde un muerto 

se lava la palabra. 


XI

La memoria de la sed en el desierto. 

La lengua de la sed vaticinando 

secos golpes de arcilla. 

Y tu cuerpo que es agua 

(pero es sal). 

Y tu cuerpo que es ola 

(pero duele).


XII

Yo, pecadora. 

Yo, bruja remolcando abecedarios. 

Yo, reina que abdica de sí misma. 

Yo, la mejor de todas (la peor) 

con un solsticio imposible 

clavado entre las cejas. 

Con los ojos repentinos. 

Como un gato.




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