viernes, 21 de septiembre de 2018

PRIMAVERA



PRIMAVERA

Llega la primavera y dicen
que todos la estaban esperando.

Yo también la esperaba,
descosiéndole las moscas a enero,
envuelta en las arpilleras de abril,
entrechocando los dientes en julio.
Llega la primavera
y dando vueltas en negro
un aquelarre de hormigas invoca
al dios de los brotes tiernos.
Yo también invoco a un pequeño dios
con mis sandalias de musgo y mi ombligo pagano.
Un dios secreto, mío,
al que le bailo y le bailo,
toda volados y rótulas perfumadas,
para que bendiga este calor  de luna,
esta casa vacía,
esta desazón de almanaques.
Porque tengo miedo de que la primavera se escurra
entre las arrugas del poema
y no me toque los ojos.
Que el cuerpo no responda
desandado ya de los ciclos rojos
y los fuegos fatuos del deseo
y se pierda
en un desgano de sábanas deshabitadas
y almohadones donde sueñan los gatos.

Bailo, bailo, bailo.
Espero ser la que era,
la madera que se descubre guitarra,
los giros optimistas de la cuerda
de una cajita de música,
el ramito de fresias,
y romper con una sonrisa,
con esa sonrisa que te gustaba tanto,
la vajilla que guardé para tiempos mejores.



miércoles, 19 de septiembre de 2018

CONTRACORRIENTE


CONTRACORRIENTE

Estás dormido y te miro,
te miro en la oscuridad,
te veo como cuando te conocí,
el traje impecable,
la corbata violeta,
la alianza de boda.
Yo fui la chica que se saltaba las reglas
cuando a las chicas se nos exigía ser correctas
-rebel rebel,
el vestido rasgado y la cara hecha un lío,
atajando los ramos de novia de las amigas
que hacían buena letra-.
Estoy enamorada y punto,
lo siento por ella
-en realidad no lo sentía,
ni un poquito,
lo sentía por mí que los sábados a la noche te extrañaba
y los domingos jugaba a la  hija ejemplar
comiendo ravioles con mamá y los chicos
y te odiaba un poco hasta el lunes y la copa de vino,
y la boca crecida en la marea vertical de mi espalda-.

Te miro, nos miro,
nos veo,
me veo
tan instalada en este amor doméstico.
Todas mis amigas se divorciaron
y  ahora,
con medio mundo saltándose las reglas,
yo voy al supermercado chino y riego las plantas,
y lo siento por ella, que se le murió el perro,
algún día tendría que pedirle disculpas.

Severino la contra me decía mi papá.
Creo que nunca nadie me definió tan bien.

lunes, 17 de septiembre de 2018

PERDICES EN ESCABECHE



PERDICES EN ESCABECHE

Mi papá cazaba perdices.
Mi mamá las cocinaba.
Pelaba zanahorias y cebollas,
las cortaba en rodajas finísimas.
Preparaba un escabeche esmerado,
lo perfumaba con laurel,
lo acicalaba con pimienta negra
(esas bolitas diminutas que picaban tanto si las mordías),
cantaba.
Nosotros, los chicos,
éramos un torbellino de barro y agujas de pino
entrando y saliendo del reino mágico de las ollas,
tres lunares milagrosos
en la espalda clara del mediodía.
Tanta risa no nos cabía en la boca.

Nos habían contado muchos cuentos
y sabíamos
que comer perdices era
la metáfora más pura de la felicidad.


sábado, 15 de septiembre de 2018

BETTY


BETTY

Si mis amigos poetas hubiesen conocido a Betty
la hubieran defenestrado:
escribía textos almibarados,
llenos de rimas y estrellas.
Si mis amigas feministas hubiesen conocido a Betty
la hubieran compadecido:
era una princesa de Disney de 50 años,
rubia y rosa.
Si mis amigos ateos hubiesen conocido a Betty
la hubieran desaprobado:
iba a misa todos los días
y no tuvo un amante por temor a Dios.

Pero yo,
que soy casi poeta,
casi feminista,
casi atea,
y que tuve la suerte de conocer a Betty
(la que bailó con Los Beatles
y abandonó la pista para escribir una casa,
un marido, tres hijos
y un puñado de versos que casi nadie leyó,
y se voló un setiembre hecha un gorrión de pluma y cáncer)
no sé si conocí alguna vez
otra mujer que me gustara tanto.




Arte: "Vaaleatukkainen tyttö", Helene Schjerfbeck


miércoles, 12 de septiembre de 2018

NO SOMOS LOS INGALLS


NO SOMOS LOS INGALLS

Probablemente
yo fui la manzana podrida del cajón.
Probablemente mi cabeza
fue la fruta agusanada
que contagió el caos a los utensilios de cocina,
a las arañas que balconean los rincones,
a los gatos.
Ahora
nuestras cucharas se deprimen,
nuestras arañas son obsesivo compulsivas
y nuestros gatos hierven de fobia
a los transportes públicos.

No somos los Ingalls.
Papá no toca el violín,
mamá no sonríe
y todos nos volvemos locos de atar
cuando nos cortan la luz.
  


Arte: "Crazy family", Maria Vamvakidi 

lunes, 10 de septiembre de 2018

LOS TRABAJOS Y LAS NOCHES



LOS TRABAJOS Y LAS NOCHES


Ella,
la loba,
lame sus úlceras
infectadas de bruma.
Su andar errático circunvala
un nudo de cuerpos altivos.

Morirse de soledad 
apenas es 
morirse del olor de los otros 
cuando se aman.




Arte: "Précieuse Céleste", Loetitia Pillault

Del poemario "Querida Alejandra" (inédito)