miércoles, 19 de marzo de 2014

NO ES MORIR


NO ES MORIR
A Antonio Flores


No es morir:
es desandarse.
Beberse el suave tráfico de peces de plata
que agita la piel de la luna,
ser eterno como una noche que acaba,
como una flor de cristal que se rompe
al contacto de un verano demasiado intenso.
No es morir:
es madurar hacia adentro,
como un poema, como un dolor,
como un hueco dulce en el cuerpo
que desagua palabras. O aguijones.
O fatalidades. 


Atado a sus condenas,
a los imanes de la tierra,
al sarro de los amores evaporados,
él mordió un sueño de sangre.
Pero no fue morir:
fue anudar su larga cabellera
a un gesto de mariposas de sombra.
Desnacer.
Escalar el cordón umbilical y retomar
el temblor del agua natal,
la sincronía del cuerpo y la semilla,
la primeritud del claustro materno.


Fotografía: Antonio Flores

1º Mención "IV Concurso Nacional de Verano 2013 Modalidad Poesía", Grupo Alternativa, Cañada de Gómez, Santa Fe (2013)

lunes, 17 de marzo de 2014

SEÑORAS DECENTES


SEÑORAS DECENTES


Parecía tan buena pero mirá,
era mala como la madre,
era puta como la de acá a la vuelta,
era loca como la que le da de comer migas de pan a las palomas
(y las palomas le cagan la vereda,
y eso es un asco,
un asco como la panza de esa pibita
que no debe tener ni diecisiete,
como el tatuaje de ese pibito
que seguro anda en la droga).


Nosotras, por suerte,
no somos malas, ni putas, ni locas.
Los pájaros ni se nos acercan
(nuestras veredas están impecables).
Tampoco se nos acercan los magos
ni las gitanas quiromantes.


Nosotras,  por suerte,
estamos del lado correcto de la vida.
El lado ordenado.
Nuestros nombres no jadean,
no tejen y destejen
poemas de saliva.
Nuestros hombres están bien guardados
bajo siete llaves de hastío.


Nosotras somos justas y equitativas.
Democráticas. Decentes.
Centradas.
Ni poemas, ni magos, ni palomas.
Ni sexo a los diecisiete
(era puta, te dije que era puta).
A lo sumo,
alguna telenovela de una actriz mexicana
demasiado aniñada para tener cuarenta.
A lo sumo,
algún pasquín de cuarta
cuando se suicida un famoso. 


Nosotras somos señoras decentes:
los pies en el barrio
y en el cielo, nada.



Arte: Twan de Vos



viernes, 14 de marzo de 2014

FOR YOU BLUE


FOR YOU BLUE 

A George Harrison  



Dónde acabó la sed.  

Dónde acabó la queja de su guitarra.  



Algún Dios aquí o allá  

tocándole la boca  

como un caracol húmedo.  

Algún murmullo de la carne que insiste.  

Valió la pena tener  

el mar en la garganta.  

La espuma vertical en la memoria.  



Valió la pena ser  

el alma de la bestia generosa.  

Unos pasos atrás. 



Cenizas delicadas:  

un cuerpo para desarmar. 



Triste o azul,  

¿qué más da?



Arte: Irina March


lunes, 10 de marzo de 2014

TENER DIECISIETE AÑOS


TENER DIECISIETE AÑOS 

“Perdón señores grises, perdón
por ser tan pobres,
por vislumbrar el campo
y ahogarnos los puños entre sollozos escritos.”
Jorge De La Cruz Agüero 



Tener diecisiete años. 

Tener diecisiete años y ser pobre. 

Tener diecisiete años y ser tan pobre. 

Tener diecisiete años y pedir perdón 

por el filo del hambre, 

por el gemido de las levaduras, 

por la dulzura de un gato junto al agua, 

por las persianas asustadas como peces 

que corrigen, apenas, 

el oficio del alba.

  

Tener diecisiete años y deshilacharse 

como un viajero desbordado de viento 

Ser un hilván de carne que  se agota. 

Una hebra de sangre barrida 

por aquella  mujer que no pide perdón

(ella no tiene diecisiete años, 

ella no sabe lo que es querer escribir poemas y no, 

ella no tiene la cordura de los pájaros, 

a veces tan clara, 

a veces enturbiada por la primavera).


Tener diecisiete años. 

Tener diecisiete años y ser pobre. 

Tener diecisiete años y ser tan pobre. 

Tener diecisiete años y no tener, siquiera, 

un pedazo de tierra donde emprender la muerte. 

Gastarse como la lluvia que recoge sus faldas 

cuando el sol la fulmina 

con su caudal de fiebre. 

Perderle el rastro al cuerpo. 

Desaparecer.


Yo no entiendo tu fusil, hermano. 

Pero lloro sobre sus balas húmedas.





viernes, 7 de marzo de 2014

HERMANAS


HERMANAS



Yo soy Meg, decía ella, correctísima,
y a mí me parecía verla
alisando los pliegues de su vestido largo
adornado con moños y volados.
Yo era Jo, casi siempre,
(pero en secreto también era Amy,
quería probarme todos los sombreros,
pasear por Europa,
casarme con Laurie).
Ella era la hermana mayor
y se había tomado tan en serio el papel
que los dos años que me llevaba
parecían eternos.
Siempre tenía los útiles en orden,
los deberes al día,
el guardapolvo impecable.
Tenía, además, el pelo largo y lacio,
las piernas interminables,
todo eso que yo no iba a tener nunca.
Vos tendrías que aprender un poco de tu hermana,
sentenciaba mamá,
y yo no sabía si la quería o la odiaba
(la quería porque me había hecho un traje de Mujer Maravilla
con una cortina roja vieja,
una bombacha de stretch azul
y mucho papel glasé metalizado;
la odiaba porque era mejor que yo,
siempre iba a ser mejor que yo
y no perdía todas las pinturitas la primera semana de clases).


A pesar de dormir en la misma habitación
nunca nos quedamos hasta las seis de la mañana
compartiendo secretos del corazón.
Pero cuando estaba de luna de miel
me mandó una tarjeta postal contándome que le había dicho
Ra, prendé la luz a su flamante marido.
A  pesar de llevar la misma sangre
nunca nos acercamos demasiado
(no éramos las chicas March,
ni las rubiecitas de la tribu Brady:
éramos hermanas de verdad,
disputándonos la mirada amorosa de un padre
que había muerto hace siglos).


Hoy estamos las dos espantando mariposas negras
en la sala de espera
de una Unidad de Terapia Intensiva.
Ella, con zapatos Ricky Sarkany
y blusas impensables en la vidriera de los coreanos.
Yo, con un jean así nomás
y un bolso enorme con la cara de Marilyn Monroe.
Ella, llamando por teléfono a todo el mundo.
Yo, pidiéndole que también llame a mi hijo o a mi marido,
porque mi celular no tiene crédito,
no tiene batería, me lo olvidé,
 ojalá que no lo haya dejado en el bar.

(Y ella llama, claro;
hace más de cuarenta años que sabe que no soy Jo:
soy la que pierde todas las pinturitas la primera semana de clases).


¿Y si le dijo que sí, que la quiero?



Arte: Iman Maleki


miércoles, 5 de marzo de 2014

SOLEDAD


SOLEDAD
  
"All the lonely people
Where do they all come from?
All the lonely people
Where do they all belong?"
Paul McCartney  
  


 
Ella se quita la máscara
 
y las medias
 
y las guarda en el frasco
 
donde flotan su piel y su miseria.
 
Ella se quita el sombrero
 
y la garganta,
 
se empapa de silencio,
 
estrangula un vocablo que la excede,
 
suprime la herramienta
 
que ajusta día a día
 
su humor y su cordura.
 
Ella cierra la puerta de los sueños
 
y se traga la llave,
 
apaga la luz de sus pupilas
 
y se sienta a morir
 
apretando las muelas,
 
apretando las horas,
 
apretando la nada.
 



Nadie sabe con certeza
 
hacia dónde van
 
los que parten en soledad.





Arte: Ozstuff 




domingo, 2 de marzo de 2014

POR AHÍ ESTA NOCHE POR FIN LE DAN UN OSCAR A LEONARDO DI CAPRIO


POR AHÍ ESTA NOCHE POR FIN LE DAN UN OSCAR A LEONARDO DICAPRIO


Quién sabe.
Por ahí esta noche por fin le dan un Oscar a Leonardo DiCaprio
y yo sonrío (un poco, sólo un poco)
cuando comento con una copa de vino en la mano
se lo debían desde Gilbert Grappe
y mi hijo se siente  aliviado porque todavía puedo sonreír
a pesar del blanco sobre blanco,
y la ilusión del alcohol en gel para no traer bichos y no llevarnos bichos,
y la chica muerta que estaba embarazada y se llamaba Daniela.
Por ahí no me enfermo de terror cuando suena el teléfono
ni  maldigo a encuestadores aburridos
y señoritas exaltadas que me felicitan una y otra vez
porque me gané algo,
algo que no sé qué es
(un Oscar no, un Oscar seguro que no,
pero por ahí esta noche se lo gana DiCaprio
y yo me alegro durante cinco minutos porque se lo merece,
claro que se lo merece,
y nunca se lo dieron por lindo,
déjate de joder, Raquel,
decís cada pavada).


Quién sabe.
Por ahí esta noche me tomo una copa de vino de más
y tengo ganas de hacer el amor
y el cuerpo deja de pesarme como una mochila
que quiero dejar tirada en cualquier lado.
O me tomo dos copas extra
y me duermo enseguida
antes de que brote el murmullo del océano que empuja
detrás de mis ojos
y los recuerdos hagan agua,
y se desborden,
y yo sea un ovillo de pena
a medio camino entre el insomnio y las sábanas mojadas.
Por ahí esta noche le encuentro la vuelta a la esperanza,
o a  Dios,
o a las estampitas de la Virgen de aquí y la Virgen de allá
que se amontonan sobre los lobos blancos que tiran dentelladas de alcohol en gel
(inútil, inútil, inútil)
y los pasos sin ruido.


Quién sabe.
Por ahí esta noche por fin le dan un Oscar a Leonardo DiCaprio.


Ojalá.



Arte:  "Leonardo Di Caprio", Mark Ryden