OTOÑO
Qué lindo feo día, digo
mientras el gris se enseñorea
sobre todas las cosas.
Una medusa dorada desciende
sobre esternón de los árboles
y los arrastra a un océano crujiente
donde el verde no hace pie y se hunde
hasta que la primavera se suelte el pelo
y los lindos feos días se escondan
detrás de un macizo de flores.
El otoño
es un vaso de leche caliente
después de la escuela,
una dádiva de pan con manteca,
un cónclave de hermanos,
la libertad de pensar que la vida es eso:
la leche, el pan, los hermanos,
el suspiro final de una tarde de escuela.
Y al otro día la misma rutina mansa,
todo en su lugar:
los compañeros, la maestra,
las cuentas de dividir tan difíciles,
las medias de los flamencos.
Qué lindo feo día, digo,
como tantos lindos feos días
que se amontonaron como cachorros con
frío
para hacer la infancia.
Tantos días en los que fui feliz
sin saberlo.
El recuerdo de esos días
me hace sonreír, siempre.
El otoño, como la niñez,
es un estado de gracia.

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