LA
CRUELDAD DE LAS JAULAS
Las jaulas de mi infancia
olían
a pájaro lisiado,
a
vuelo reprimido.
La
soledad
supuraba
en las plumas
en
los colores que se apagaban
detrás
de los barrotes.
Yo quería acariciar un pájaro.
Saber
de su estructura leve.
No
entendía
la
crueldad de las jaulas.
Asumía
que el canto
era
consecuencia de una felicidad ingenua
que
ignoraba el encierro.
En
mi infancia los pájaros
no
podían volar.
Hoy
vuelan y los toco
con
la suave cadencia de las palabras.
Recién
cuando entendemos
la
crueldad de las jaulas
alcanzamos
el delicado gozo
de
amar sin poseer.
Arte: Tanya Mayers

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