DIGO TU
NOMBRE
Todos los
días digo tu nombre.
Lo digo en
voz baja
para que
nadie lo escuche,
salvo los
pájaros,
salvo las
flores,
salvo los
ratones de azúcar
que caminan
en puntas de pie
en los
sueños repetidos de mis gatas.
Han pasado
tantos años ya,
y sin
embargo todos los días digo tu nombre,
para
recordarte,
para recordar
que el amor puede sembrar en mi cuerpo
algo más que
maleza adormilada.
No digo te
quiero,
ni te
necesito,
no reclamo
tu piel para mi reino
ni planto
bandera en la memoria urgente de tus labios.
Digo tu
nombre.
Nada más.
Mis cuerdas
vocales vibran
como las
alas de una mariposa en celo.
El cofre de
mi lengua
se abre para
deletrearte.
Digo tu
nombre como se dicen
los secretos
infantiles
con manzanas
tiritando en la boca,
con un croar
insistente de verano.
Todos los
días digo tu nombre.
No hay
nostalgia en sus sílabas,
no hay
dolor.
Hay un
gracias a la vida porque me dejó quedarme
con algo
tuyo.
Algo tan
precioso como tu nombre.
El que digo
todos los días.
Bajito,
bajito,
orando, orando.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario