jueves, 6 de julio de 2017

PRÓLOGO DE "SUS SILENCIOS" DE SUSANA RODRIGUES TUEGOLS

"SUS SILENCIOS"

Prólogo 

Todas las historias familiares están atravesadas por silencios que se amplifican al ser transmitidos de generación en generación y van modelando no sólo a los miembros de ese clan sino también a su dinámica relacional. Somos lo que somos por lo que fueron nuestros padres y nuestros abuelos, pero también somos lo que somos por lo que dijeron y por lo que callaron.
En cualquier historia familiar hay silencios, sí, pero no por ser silencios pasan desapercibidos. Su voz muda reverbera más que el grito. Nos aturden con su ruido blanco. Nos interpelan desde su aparente inocuidad. Nos golpean. Desde niños aprendemos a vivir con cabos sueltos. Algunas personas lo hacen durante toda su vida. Otras necesitan completar las piezas del rompecabezas porque asumen que, lejos de la macabra premisa que pretendió instaurarse durante años en Argentina, el silencio nunca es salud. La salud llega cuando se hecha luz sobre lo tácito. Las relaciones se sanan cuando la palabra ocupa el espacio que le pertenece.
Dialogar el silencio, monologarlo, es el desafío que Susana Rodrígues Tuegols encara en esta nueva novela donde una familia siciliana debe encontrar el camino para verbalizar su historia y sanarla. Con visiones, con fuego, con perdón, pero sobre todo, con la palabra que falta.

“Hago un largo destino:
dialogar el silencio,
monologar el silencio.
Repetir el fuego
de mis visiones iniciales.”

El silencio, en el marco de una historia familiar y, por supuesto, en el marco de la historia de las naciones, es mucho más que un olvido involuntario. El detalle ausente, el personaje que quedó relegado en los pliegues de la memoria, la anécdota jamás intrascendente, el secreto atroz, son silenciados de forma deliberada. Erróneamente, suponemos que lo que no se dice no existe, no existió, no ha sucedido. Nos aferramos a sentencia infantil “ojos que no ven, corazón que no siente” y la transformamos en “si no se sabe, no pasó”. Pero sí pasó. Callarlo tiene el efecto contrario que pretendemos: jamás logramos superarlo, dejarlo atrás. Eso es lo que intuyen los personajes de “Sus silencios”, quienes luchan por echar luz sobre su historia, en una Sicilia de ensueño que esconde detrás de su costado pintoresco una trama de tradiciones sombrías, códigos de honor ineludibles y venganzas feroces.

Extirpar el silencio de la historia de una familia exige poner en escena a todos los actores de la misma: muertos y vivos. Las civilizaciones antiguas convivían pacífica y naturalmente con sus muertos. Algunas sociedades modernas, como la mexicana, lo hacen incluso en la actualidad, pero no es lo común. En “Sus silencios” los muertos también son cabos que deben atarse y semejantes con los que es necesario aprender a convivir. Comparten con los vivos una herida común y colectiva que necesita restañarse.

“En mi casa
los muertos y los vivos somos márgenes
de la idéntica herida:
no nos tocamos
pero latimos juntos.
Nos miramos.
Nos predecimos.
Intentamos lugares.”

La Historia como disciplina se ocupa del relato de los hechos. La Literatura suma a los hechos el universo de los sentimientos. Susana Rodrígues Tuegols logra en esta nueva novela no sólo contarnos una historia atrapante: nos hace partícipes, además, de las pasiones, los dolores y las aspiraciones de sus personajes. Ellos buscan desterrar el silencio de su historia y nosotros reflexionamos acerca del silencio de las nuestras. Quizás sea el momento de que también empecemos a buscar la luz. Y nacer a una nueva inocencia hecha de verdades.

“A veces me sacudo
el miedo luminoso
que me priva de abrazar
a los seres que fueron en mí.
Entonces,
la herida se cierra y yo repito
mi acto de inocencia:
aprender a dormirme cada noche.” 


Raquel Fernández – Marzo 2017

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