miércoles, 9 de agosto de 2017
lunes, 7 de agosto de 2017
BULLYING
BULLYING
Nadie
se está preguntando hoy
quién
mató a Lara.
Ella
eligió morirse.
Ella
eligió cómo
(se
pegó un tiro debajo de la pera
la
loca de mierda).
Ella
eligió dónde
(un
quilombo
los
pibes que estaban ahí en el aula
toda
la sangre
asqueroso).
Ella
supo por qué
(supuestamente fue un juego
qué
se yo
me
chupa un huevo).
Ella
eligió no suplicarles
a los
que se corrieron para que su suicidio no los salpicara
cuando
la vieron sacar el 38 de la mochila.
Nadie
se está preguntando hoy
quién
mató a Lara.
A nadie le importa.
Lara no es Hannah Baker.
No hay trece razones.
No hay próxima temporada.
Mañana la entierran y
sanseacabó.
La comunidad educativa está muy consternada
(¿justo acá se tenía que pegar el corchazo la piba?).
sábado, 5 de agosto de 2017
UNA CHICA DE 16 AÑOS
UNA
CHICA DE 16 AÑOS
Tenés
una hora para escribir un poema.
Una
hora antes de ponerte a pelar papas
y
freír milanesas.
Tenés
una hora para hablar de una chica de 16 años.
Podrías
hacerlo mañana, con más tiempo.
Pero,
no.
Tiene
que ser hoy. Tiene que ser hoy.
Como
si alguien te escuchara.
Como
si alguien nos escuchara.
Tenés
una hora para escribir un poema.
No
hace falta que sea bueno.
Tenés
una hora para hablar de una chica de 16 años.
Vos,
ella.
Cualquiera
de tus dos Camilas.
La
ex de tu hijo,
a
la que detestás un poquito.
Una
hora.
¿Qué
vas a decir?
¿Qué
vas a decir que ya no hayas dicho?
Pensás
en tus 16.
Las
minifaldas y las vecinas decretando
que
eras una loquita.
Los
exámenes de matemáticas que reprobaste una y otra vez,
porque,
sí, eras una loquita
y
leías “La dama de las camelias” en clase
mientras
tus compañeros aprendían a despejar X.
Las
horas de llanto histérico porque el pibe de la otra cuadra
cayó
con una novia más linda que vos.
“Relax”,
el mejor disco de Virus.
A
los 16 años no pensabas en la muerte.
No
en la tuya, al menos.
A
los 16 eras eterna.
Tenés
una hora y no sabés que decir.
Pero
insistís en el ritual desesperado
de
escribir un poema que hable de una chica de 16 años
que
no conociste,
que
no vas a conocer nunca,
que
se estrelló contra la palma del horror
como
otra mariposa ciega.
Una
chica desnuda, rota,
con
los ojos secos,
con
una etiqueta en el dedo pulgar del pie
donde
alguien escribió prolijamente
su
nombre de princesita india.
No
te esfuerces.
No
hay poema que valga.
Anahí.
Tenía
una sonrisa hermosa.
Seguro
que no pensaba en la muerte.
Seguro
que era eterna.
Anahí Benítez desapareció el sábado 29 de
julio. El cadáver de la joven de 16 años fue encontrado semienterrado en la
reserva Santa Catalina de Lomas de Zamora, tras una búsqueda de casi una semana.
viernes, 4 de agosto de 2017
LA PRIMICIA
LA PRIMICIA
Es la noticia que nadie quiere dar
pero todos quieren dar
(el cadáver ya está en la morgue,
¿es o no es?
tenemos cien hojas arrancadas del diario de la chica,
la clave de su cuenta de Facebook,
un helicóptero sobrevolando el lugar de los hechos,
diez móviles de TV)
(el cadáver ya está en la morgue,
¿es o no es?
tenemos cien hojas arrancadas del diario de la chica,
la clave de su cuenta de Facebook,
un helicóptero sobrevolando el lugar de los hechos,
diez móviles de TV)
¿Quién va a tener la primicia del horror?
Mi hijo se sirve un vaso de jugo de naranja,
me mira,
me dice que a veces piensa
en la agonía de las pibas antes de.
Yo también pienso en la agonía de las pibas antes de.
me mira,
me dice que a veces piensa
en la agonía de las pibas antes de.
Yo también pienso en la agonía de las pibas antes de.
Se parece a mí
este hijo que me duele tanto.
Tendrá insomnio.
Fumará hasta morir.
Siempre encontrará nudos incómodos
en el revés de las cosas.
Jamás será del todo feliz.
este hijo que me duele tanto.
Tendrá insomnio.
Fumará hasta morir.
Siempre encontrará nudos incómodos
en el revés de las cosas.
Jamás será del todo feliz.
Arte:
"Heart Attack", William Ronald
martes, 1 de agosto de 2017
DEL ‘67
DEL ‘67
A Daniel, que fue parte del camino
“¿Qué pasa en la Tierra que el cielo es cada vez más
chico?”
Fito Páez
Nací en el ’67 con Sargento Pepper a la cabeza.
Fue en plena primavera. Ya habían debutado los Doors
y se había incendiado el Apollo 1.
No sé si mamá se enteró. No sé si le importó.
Ella estuvo nueve meses en cama esperando a su segundo bebé
(su tercer bebé, porque el segundo
se había diluido en una frustración de sangre).
En Hanoi los cowboys se inyectaban
banderas decoloradas y muerte.
En California los hippies masticaban flores
y hablaban de amor.
En Buenos Aires sonaba La balsa
y Racing festejaba.
En el ’69 el hombre pisó la luna
y yo dormía la siesta.
En el ’72 empecé el Jardín de Infantes
mientras Khim Phuc corría desnuda
mordida por el napalm
(todavía le duelen las quemaduras,
pero sonríe).
El ’76 me encontró ciega de padre.
El ’78, cortando papelitos,
de inocencia entera,
porque no sabía.
El ’80, remolcando hasta la escuela
el cadáver de John Lennon.
Las casas del barrio siguen igual,
los viejos se murieron todos.
Doña Laura, Doña María, Don Manolo
se dieron de baja sin hacer demasiado ruido.
No noté que faltaban
hasta que toqué un timbre al azar
y un extraño me abrió la puerta.
Cuando se empezaron a morir los jóvenes
debuté con las pastillas:
una para dormir,
otra para despertarme,
una más para poder venderle a mi hijo
un mundo en el que no creo
(es espacioso, tiene buena luz,
una mano de pintura y queda como nuevo).
En el 2000 me emborraché, como todos.
Supongo que mi vida no tiene nada de extraordinario.
Nací en el ’67 con Sargento Pepper a la cabeza.
Este año voy por los cincuenta.
Toco los timbres de siempre
y son extraños quienes me abren las puertas.
Lo único que me consuela es que Khim
Phuc sonríe.
Me gustaría ser como ella.
Arte: Florian Köhler
domingo, 30 de julio de 2017
OJOS HÚMEDOS EN UN BANCO DE PARQUE LEZAMA
OJOS HÚMEDOS EN UN BANCO DE PARQUE LEZAMA
A Martín y Alejandra
Él la encontró temblando
en el fondo de todos los pájaros.
Ella se acostó en sus pupilas líquidas.
Y la primavera fue una mordedura de Dios
quemándoles la carne.
Él le dijo que nada era más bello
que su melena roja.
Ella le dibujó una mariposa de ceniza
en la palma de la mano.
Y quizás todo fue una premonición,
un exordio del fuego.
Ella no quiso ser dragón,
no pudo ser princesa.
En una catedral de humo devoró
el pan ácimo de sus catástrofes:
la historia del afuera y del adentro
tortuosa
como un laberinto de cuchillas de afeitar.
El dejó los ojos húmedos
en un banco de Parque Lezama.
Arte: Marc Chagall
viernes, 28 de julio de 2017
LAS ARRUGAS DE BRIGITTE BARDOT
LAS ARRUGAS DE BRIGITTE BARDOT
Brigitte no está muerta.
No
es una estrella muerta.
No
encaja en la sed de nadie.
No
encaja
en
el álbum de figuritas de la nostalgia.
Se
autoexcluyó del club del deseo
por
esa estúpida manía de cumplir años.
Es
la abuelita de James Dean,
de Marilyn
Monroe,
de Jean
Harlow,
de Rodolfo
Valentino.
Tiene
el pelo blanco,
las
piel manchada,
las
tetas mustias.
Y
esas arrugas.
Todos
los que la soñaron desnuda
la
maldicen
por
no haberse muerto hace 50 años.
Ella
se encoge de hombros
y
declara
que
ningún hombre es mejor que un gato.
Les
saca la lengua
a
la revista Vogue
y a
los masturbadores solitarios.
A
veces puede ser una señora muy desagradable,
como
la vecina que te pincha la pelota
si cae en su jardín
o
le dice a tu mamá que sos una maleducada
porque
revoleaste los ojos y la bolsa
cuando
se te metió adelante de prepo
en
la cola de la panadería.
A
veces puede ser una señora muy jodida, sí.
Brigitte es la abuelita del lobo,
la
bruja mala de los cuentos,
la
que cuece en su caldero
abortos
y calabazas.
No
quiere hijos ni carrozas.
Lo
dijo una y mil veces: prefiere a los perros.
Todos
los que la soñaron desnuda
la
sueñan muerta a los 27,
socia
vitalicia del club del deseo,
rubia,
con la boca redonda,
las
tetas flamantes,
tersa,
suave, un jazmín blindado.
Jamás
una arruga.
Ni
en broma una muela cariada.
Ella
les saca la lengua.
La Bardot se
hizo vieja.
Siempre
fue una desvergonzada.
Fotografía: Brigitte Bardot, Eric Feferberg
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