martes, 3 de enero de 2017

MARA


MARA

“La muerte siempre al lado.
Escucho su decir.
Solo me oigo.”
Alejandra Pizarnik


A veces

decir el mar es decir

la señal y el señuelo de la espuma,

el  súbito temblor de las medusas,

un único caracol acariciando

las piernas del verano.

A veces decir el mar es decir azul,

placenta,  vientre vivo,

contracciones de sal,

pariciones de escamas.

A veces

decir el mar es decir

que en entrelunas, entresoles y entrecielos

la catástrofe no puede tocarnos.



A veces decir el mar es equivocarnos.

Nadie le puso un límite a la muerte,

nadie le dijo no toques al pájaro,

no deshagas  de un golpe el hilván de las olas.

A veces decir el mar es decirla a ella,

decir sus zapatillas, su carita lavada,

su pelo,

su pollera.

Decir que se rompió el eje de la vida,

que la arena fue cáliz hostil sin un respiro,

que la sangre se heló en sus laberintos.

Decir el mar es decirla a ella.

Decir su derrotero de flor en la basura,

su monólogo de cruces repetidas,

la pena honda que tejió su ausencia.



Decir el mar es decir

esta íntima cicatriz en la memoria.



Decir el mar nos duele.



Mara Mateu fue vista por última vez el 23 de marzo de 2008 por la noche, cuando salió de su casa rumbo a un cibercafé de la zona céntrica de Santa Teresita, Partido de la Costa. Su cuerpo fue encontrado al mediodía siguiente en una zona de tamariscos, a una cuadra de la peatonal. Estaba boca abajo, sin ropa interior, con los cordones de las zapatillas alrededor de su cuello y signos de haber sido violada. Los responsables del asesinato y abuso sexual de Mara, Diego Buzzo y Adrián Svich, fueron juzgados y condenados. Al momento de su muerte, Mara Mateu tenía 16 años.



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