miércoles, 12 de abril de 2023

POSESIÓN


 POSESIÓN


Dicen que viajando se fortalece el corazón,
cantabas.
Estábamos en la escuela,
festejando el día de la primavera,
o el día del estudiante,
o el día de vos tenés dieciséis  y yo catorce
y todavía no hay una fecha vacía en el almanaque,
todavía no hay una pena entre nosotros,
todavía tus ojos azules y tu voz desafinada
son criaturas vivas
y no necesito encontrar palabras
para inventarles una respiración,
para hacerlas protagonistas
en esta fiesta de resurrección de sábado a la tarde.

Yo no había viajado mucho
y el corazón lo tenía entero.
Pero lloraba al escucharte.
Lloraba y bailaba
alrededor de mis lágrimas
vestida de tableado y blanco.
Ahora pienso que estaba un poco en trance
y el futuro,
un orishá sin flores ni tambores,
se me había metido en el cuerpo.



lunes, 10 de abril de 2023

A MI ABUELA TAMPOCO LE GUSTABAN LAS TORMENTAS


 A MI ABUELA TAMPOCO LE GUSTABAN LAS TORMENTAS




Ella tenía la dolorosa costumbre

de no sonreír nunca.

Instalada en su sillón

(un sillón parecido al que usan

los directores de películas de Hollywood)

nos observaba con sus ojos ciegos.

Ella estaba ahí y nosotros

caminábamos la siesta en puntas de pie,

adelgazábamos la voz hasta convertirla

en una mariposa de alas transparentes,

no abríamos la heladera sin pedir permiso,

no teníamos nunca la última palabra.



Ella tenía el corazón en España

y la cabeza quién sabe dónde.

Escondía galletitas Havanna de limón

en el cajón de los repasadores

y era vieja desde siempre,

desde que teníamos memoria

(una vez vi una foto de ella a los veinte,

tenía un largo collar de perlas y un vestido tipo charleston,

y una sonrisa que me perturbó;

parecía una bailarina,

una bailarina festiva,

y tuve miedo de que los años

también me arrancaran la alegría).



Ella me decía mocosa de mierda, algunas veces,

pero era a la única a la que le convidaba

sus galletitas de limón

y a la que le contaba historias de barcos

y sueños,

y cosas que yo no entendía del todo:

¿quién entiende el desarraigo a los ocho años?



Ella, mi abuela,

tenía en el pelo blanco

un olor diferente a todos los olores

(a veces huelo el pelo de  mamá

y es el mismo olor,

mami tenés el mismo olor en el pelo que la abuela,

pero tu abuela se lavaba la cabeza con jabón Seiseme

y yo me la lavo con shampoo,

pero no importa, mami, es el mismo olor,

el mismo).



Tanto correr para que la sangre no me alcanzara

y, al final,

terminé pareciéndome un poco a mi abuela.

Yo también tengo el corazón en otra parte

(en Oz, eNeverlanden Temiscira)

y la cabeza quién sabe dónde.

A veces me olvido de sonreír;

a veces me miro en una foto de cuando tenía veinte

y parezco una bailarina

y me perturba no saber

dónde dejé mis zapatillas de punta.



Nos parecemos, sí, nos parecemos.

Yo escondo galletitas Havanna de limón

en el cajón de los repasadores

y a mi abuela

(la que tiembla a mi lado cuando un relámpago

me parte el insomnio en dos)

tampoco le gustaban las tormentas.






Del poemario "Pretty in pink" (2016)

jueves, 6 de abril de 2023

POEMA A MI MADRE


 


POEMA A MI MADRE


Los poemas dedicados a la madre
siempre me hicieron sentir un poco incómoda.
Quizás porque la mía nunca encajó
en el estereotipo de santa,
ángel terrenal,
fuente inagotable de dulzura y consuelo.
Quizás porque tampoco encajé nunca
en esos derroches de devoción lírica.
Los poemas dedicados a la madre
siempre me parecieron un poco forzados,
un poco exagerados,
demasiado prolijos.
Poemas de hijos perfectos
escritos para madres perfectas.
Muchas flores y pocos dardos,
y eso no es la vida.
Esa no es mi vida.
Ni la de ella.

Mi madre,
enojada con su madre,
con los bailes de carnaval que se perdió,
con las monedas que juntaba a escondidas
para comprar su ajuar de novia,
no es una santa.
Mi madre,
enojada con su viudez prematura,
con la mitad de la cama vacía,
con los reclamos del cuerpo silenciados
por las voces de tres hijos pedigüeños,
no es un ángel terrenal.
Mi madre,
enojada,
no es una fuente inagotable de dulzura y consuelo.
Sin embargo,
sé que en este poema dedicado a ella
deberían aparecer el vestido estampado con margaritas
que le quedaba tan bien,
los ositos hormigueros que dibujaba
en mis cuadernos de la escuela primaria,
la paciencia con la que me despiojó
y me enseñó las tablas de multiplicar,
el mejor arroz con pollo del mundo,
las canciones con las que acunó a mi hijo.
Debería aparecer la palabra amor.

Que está (está).

Escondida debajo de cualquier otra palabra.
Encogida como un bicho bolita temeroso
que no sabe muy bien
qué hacer con tanta luz.



Del poemario "El corazón de mi madre", Apócrifa Editorial (2022) 

martes, 4 de abril de 2023

FELIZ


 

FELIZ




Me hubiera gustado conocerte

cuando tenías catorce años.


Cuando tus pasos no temblaban


y las veredas


reventaban de flores


alrededor de tus zapatitos Guillermina,


y los pibes del barrio


se daban vuelta


cuando te veían pasar.


Kolynos, te decían.


La chica pura sonrisa.



 

Me hubiera gustado conocerte


antes de que ninguna sombra


te enlodara la frente.


Con el corazón indemne.


Sin arrastrar el estigma


de la viudez prematura.


Sin la llaga del hijo muerto


quemándote el útero.


Sin ninguna mueca de dolor


torciéndote la boca


cuando intentás tender la cama,


o te levantás de una silla.


 

 

Me hubiera gustado preguntarte


“¿Cómo estás?”


y que me respondieras “Bien”.


Y me sonrieras, chica Kolynos,


para volver a nacer en tu alegría


y sacudirme del cuerpo


este antojo ridículo de duplicar tu otoño,


tus malas brújulas, tus tormentas,


tus retablo de lágrimas.


Desaprender el enojo y la tristeza.


Desaprender la hembra amputada.


 

 

Me hubiera gustado verte feliz,


mamá.


Verte feliz.


A los catorce.


Siempre.







Del poemario "El corazón de mi madre", Apócrifa Editorial (2022) 


lunes, 3 de abril de 2023

UN VESTIDO


UN VESTIDO


 
Ayer soñé que mi madre

se compraba un vestido.

Un vestido con margaritas

como ese

que ceñía su cuerpo joven,

sus redondeces,

tanto brote nuevo.

Anoche soñé que mi madre

se compraba un vestido

y giraba

un poco  sol,

un poco relámpago,

y las margaritas se encendían

como lucecitas de Navidad,

y ella nacía

en un pesebre de algodón

con una estrella en el camino,

una estrella en la frente.


 
Hace mucho tiempo que mi madre

no se compra un vestido.

Hay pequeñas cosas

que se dan por sentadas.

Nunca pensamos que esa vez

es la última vez.

La vida decide.

El dolor decide.

La debacle de las piernas,

la boca que se derrumba

sin besos para apuntalarla.

El corazón tachado,

una palabra

que no podemos decir,

un bocado de silencio para tragarse

el sístole y diástole

donde late el cansancio.


 
Ayer soñé que mi madre

se compraba un vestido.

No la abracé, le dije

“Te queda bien”.

No pensé que era la última vez.

Nunca es la última vez

cuando cierro los ojos

y mi madre gira,

una calesita de flores

y piernas interminables.

“Te queda bien”, le dije.

Y ella sonrió

como no sonríe nunca.

 

 



Del poemario "El corazón de mi madre", Apócrifa Editorial (2022)