martes, 13 de mayo de 2008

OTRA MUJER QUE DICE CHAU


OTRA MUJER QUE DICE CHAU

(Variación sobre un texto de Eduardo Galeano)



"Me llevo un paquete vacío y arrugado de cigarrillos Republicana y una
revista vieja que dejaste aquí. Me llevo los dos boletos últimos del
ferrocarril. Me llevo una servilleta de papel con una cara mía que
habías dibujado, de mi boca sale un globito con palabras, las palabras
dicen cosas cómicas. También llevo una hoja de acacia recogida en la
calle, la otra noche, cuando caminábamos separados por la gente. Y
otra hoja, petrificada, blanca, que tiene un agujerito como ventana, y
la ventana estaba velada por el agua y yo soplé y te vi y ese fue el
día en que empezó la suerte.
"Me llevo el gusto del vino en la boca. (Por todas las cosas buenas
decíamos, todas las cosas cada vez mejores que nos van a pasar).
"No me llevo ni una sola gota de veneno. Me llevo los besos cuando te
ibas (no estaba nunca dormida, nunca). Y un asombro por todo esto que
ninguna carta, ninguna explicación, puede decir a nadie lo que ha
sido."

EDUARDO GALEANO, "MUJER QUE DICE CHAU"


Yo no tengo demasiadas cosas que llevarme, por lo menos no demasiadas cosas de lasque pueden asirse con esta manito torpe que me quemé con la plancha (las poetas no deberían planchar nunca; ninguna mujer debería planchar nunca: la ropa tendría que ser descartable como las tacitas de papel dentro de las cuales las palabras fluyen como una pequeña lluvia; porque ya sabés, mis lluvias son pequeñas, y mis espejos son de ceniza y mis naufragios son insignificantes como tacitas de papel donde el café se enfría y la sangre pide a gritos una tregua).
Nunca se me ocurrió conservar un paquete de cigarrillos vacío y arrugado, y eso que siempre fui una urraca y me la pasé amontonando papeles y más papeles, porque los papeles eran los que iban a salvarme del desastre y los que iban a reparar mi memoria mutilada cuando los años dispararan su artillería feroz contra las amapolas que agonizan de sed en mi cerebro, esas que sólo son un poquito desquiciadas (mis amapolas también son borderline, al fin y al cabo, son mías). Tampoco tengo ninguna revista, ni una servilleta donde hayas dibujado mi cara, aunque me basta con que la hayas dibujado, alguna vez, con la yema de tus dedos cuando el amor era fácil y comerme y beberme y matarme y nacerme eran aventuras tan fascinantes como morderle las vísceras hirvientes al sol de la mañana. Jamás pude diferenciar una acacia de un tilo, así que no hay hojas de ningún árbol en mi corazón-maleta, y tampoco está allí la ventana por donde te vi y empezó la suerte, porque tampoco hubo ventana y te vi mucho tiempo después de que la suerte estuviera echada (Dios sí juega a los dados y la nuestra fue una generala extraña: el mejor puntaje para una mujer con el alma hipotecada y un hombre incesante como el golpe del viento en los tobillos de una noche que nunca alcanzó a ser milagro). Prefiero llevarme en los labios el gusto a vos: renuncio al champagne por esta vez. Me llevo, sí, el hambre que no saciamos nunca, el brindis póstumo de nuestros cuerpos enajenados por la hoguera, el íntimo silencio de tu cabeza reposando sobre la desnudez de mi vientre-promesa y la bendición de tu boca escalando mi asombrado Monte de Venus. Me llevo tus retos: “No le hagas esto a tu trabajo”, me decías; se lo sigo haciendo, ¿ves? Porque siempre fui una niñita desobediente.
Me llevo a la pibita que es la encarnación de todos esos malditos poemas, ¿de qué sirve tanta belleza si corta y rasga, y lapida la perfecta simetría de los sueños? Me llevo mi ombligo que es el centro de un mundo que no es el tuyo y el cadáver de la que murió de su vestido rosa, pero sigue cantando, y la dulce erección de mis desvelos penetrando la femenina nostalgia del recuerdo. Me llevo a Rufina, y a Ayn Rand, y a Alice Cooper (y te dejo a Charly: “Vos quisiste comprar un perro pero soy un gato”).
Yo tampoco me llevo una sola gota de veneno.
Me llevo, sí, mi inocencia apedreada por las flores, las mentiras que jamás te dije, y la seguridad de que esta vez, por fin, aprendí algo: la conveniencia de saber morir a tiempo.





domingo, 11 de mayo de 2008

ACCIÓN DE GRACIAS


ACCIÓN DE GRACIAS

A Vincent Van Gogh



Holandés desdichado, me urge agradecerte

por tu noche estrellada, saciada de plegaria;

no mancilló tus lienzos la encarnizada y diaria

batalla que, sin triunfo, libraste con la suerte;



por los rubios trigales que el plumaje cansino

del cuervo sobrevuela; por el cuarto pequeño

donde forjó tu genio cada lúcido sueño;

por tu roja cabeza, por tu gesto cetrino;



por tu amor derramado en paños y pigmentos,

por tu razón perdida en pos de claroscuros,

por tu impronta de yedra trepadora de muros,

verdeciendo pasiones con noveles alientos;



y por las castas flores brotadas de tu mano,

eternidad divina, encarnizados soles.

¡Benditos tus pinceles!; en esos girasoles

asoman con sus fuegos los dioses del verano.




Arte: "Autorretrato", Vincent Van Gogh 

1º Mención Especial Poesía Concurso “Fiesta Internacional de las Letras”, Necochea, Bs. As. (2006)

Poema publicado en la revista "La Hoja" Nº 37, publicación periódica del Conservatorio Literario de Rosario,  Marzo 2007


domingo, 4 de mayo de 2008

RECUERDO


RECUERDO

 
  “Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello, que me
deslumbraba. Aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la
hierba, de la gloria de las flores, no hay que afligirse. Porque la
belleza siempre subsiste en el recuerdo.”
William Wordsworth



  

Abrí un libro de versos
 
y allí estabas,
 
balanceado por el agua marina
 
de un soneto de Neruda,
 
caracol, gaviota, arena,
 
corazón jamás saciado de sal,
 
mucho más que polvo y huesos triturados,
 
mucho más que ausencia.
 
Me sorprendió, insurgente,
 
tu ortografía de muerto querido,
 
palabras de amor en papeles amarillos,
 
el pasado que vuelve, inexorable,
 
y me golpea la boca sorprendida
 
con un puño cerrado,
 
con un puño crispado.



 
Abrí un libro de versos
 
y allí estabas,
 
perpetuado en un poema que yo no escribí,
 
veintidós años sonrientes,
 
la foto borrosa de un verano inconcluso
 
que me grita con la estridencia de su silencio
 
que nosotros, los de entonces,
 
( los muertos y los vivos)
 
ya no somos los mismos.
 




Finalista Poesía - “XIII Certamen Internacional de Poesía y Narrativa Breve 2006”Editorial Nuevo Ser, Ciudad de Bs. As. (2006)


domingo, 27 de abril de 2008

JARDINERO


JARDINERO
 
A George Harrison

 
 
 
Místico jardinero
 
con herramientas sabias destruiste
 
el muro de ilusión que te impedía
 
la exacta visión de tu guitarra.
 
Detrás del muro
 
recién nacido el mundo era distinto,
 
lo nombraste nube ultraterrena,
 
erigiste un palacio con cajas de bizcocho.
 
Hoy que lloran las guitarras y las cítaras
 
porque el ángel fatal de la hora última
 
te quebró la garganta,
 
quiero empuñar tus armas, jardinero,
 
tu voz líquida de cielo derramado,
 
y destruir los muros de ilusión,
 
el espejismo absurdo de la carne,
 
la apariencia obscena que esclaviza,
 
parirme así, desnuda y refulgente,
 
puro espíritu aplastando la materia,
 
con los ojos lavados como soles,
 
en un mundo sin antifaces fatuos
 
ni tristes mascaradas.
 
En un mundo sin miedo. 




Fotografía: George Harrison

4º Mención Poesía  “XIV Certamen Nacional De Los Cuatro Vientos Poesía y Narrativa Breve” – Editorial De Los Cuatro Vientos, Ciudad de Bs. As. (2006)


viernes, 25 de abril de 2008

AMANECER CON LLUVIA


AMANECER CON LLUVIA 



Me despertó la lluvia. 

La lluvia me enferma, te lo dije. 

Esto no es la campiña inglesa, 

esto es la ciudad 

y los perros no dejan de crecer en las aceras, 

sus hocicos se mojan y me duelen, 

y los platos de los pobres 

se inundan en sus cárceles de chapa. 

Me despertó la lluvia 

y no había ni café ni cigarrillos, 

ni siquiera un pájaro haciendo equilibrio 

en la punta de mi seno izquierdo, 

ni siquiera una sábana piadosa

que resumiera la ternura.

Me vestí a los tumbos, 

me calcé esta realidad que me envenena, 

me encontré con la sorpresa de mis huesos 

todavía secos.

Deambulé por la casa desordenando el orden 

que amuebla el cristal de mi memoria.

Mordisqueé esa canción que me juraste

y la arrojé al cubo de basura.



La lluvia me enferma, te lo dije. 

Cuando llegue el sol 

hinchado y dulce, 

será  un fruto a destiempo. 



Te imagino sonriendo ante mi pena. 



No puedo olvidarme de tus ojos.




Arte: "Portrait Painting - Rain", Robert Wheater



jueves, 24 de abril de 2008

UN PÁJARO


UN PÁJARO
 
 
A Manuel, en el día de su Primera Comunión.
 
 
 
 
Porque en tu piel persiste
 
la impronta de mi abrazo
 
y llevarás mis ojos
 
al cielo del futuro
 
yo quiero darte un pájaro.
 
 
 
Un pájaro pequeño,
 
un pájaro que absorto
 
haya escuchado al santo
 
de corazón gozoso y de lengua florida
 
instrumento de paz en las manos del Padre.
 
 
 
Y pueda repetirte
 
en su idioma de pájaro
 
las sabias alabanzas que cantaba Francisco
 
y te enseñe que el mundo
 
es un templo divino,
 
que cada florecilla en la Tierra es sagrada.

 
 
Un pájaro que anide
 
en tu tibia garganta
 
y endulce las palabras
 
que salgan de tu boca,
 
que siembre las semillas de tu canto en el viento
 
y humildemente coma
 
migajas de las manos
 
de los hombres virtuosos.
 
 
 
Porque en tu piel persiste
 
la impronta de mi abrazo
 
y tu risa es mi herencia
 
de alegría en el mundo
 
yo quiero darte un pájaro.
 



miércoles, 23 de abril de 2008

DREAMCATCHER


DREAMCATCHER



Me dijiste que te acordarías de mí

cuando vieras un Atrapasueños.

Deberías corregir el recuerdo

si todavía está vivo.

Deberías corregirlo

aunque esté muerto.

Mi carne no puede detener las pesadillas.

La trama del músculo no interrumpe

el aullido de las estrellas.

En mí la noche se pudre.

Es un crematorio con horario completo.

La angustia de no estar.

Y el eco de la pala que retumba.



Hace rato que no pensaba en mí

como en un Atrapasueños.

Quizás la magia funciona al revés.

Deja pasar los sueños educados

y me obliga a los otros.

Eso es lo que él dice.



Él.

El otro.

Los dos me tienen miedo.

Escucho sus palabras.

Tan idénticos,

en el alma, en el cuerpo

-si no fuera porque el tiempo

cava su propia fosa-.

A veces me comprendo

una extraña entre ustedes.

A veces me escondo

debajo de la mesa

y le miro los pies.

Qué huellas diferentes a las mías.

Qué animal distinto.

Tampoco tus huellas encajaban.

Debe ser que mis pasos están equivocados.

No sé.



Creo que ya me cansé de soñar.

Creo que los comedores de sueños

me están debiendo algo.

No te acuerdes de mí

como la que detiene

el musgo que nutre los rituales.

Mi trama es defectuosa.

Ya lo sabías.




Qué animales distintos.

Todos ustedes.



Arte: "Dreamcatcher", Olie Cannoli-Griffard