domingo, 20 de abril de 2008

MENSAJE


MENSAJE


El poema me ha escrito:

amalgama de carne y de palabras,

mi vanidad plasmada

en el errático papel

como una mariposa de luz.

Heme aquí, lector,

soy el poema:

el hilo de Ariadna

con el que podrás recorrer

impunemente

los ciegos laberintos de mi alma.



Arte: “The Bride”, Isabelle Bryer

Del poemario "Revelaciones", Ediciones Raíz Alternativa, 2007 

Diploma de Reconocimiento de Méritos Poesía – “12º Concurso del Conservatorio Literario de Rosario”, Rosario, Santa Fe (2006)


jueves, 17 de abril de 2008

CONCLUSIÓN


CONCLUSIÓN
 
  “Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.
(Creo que te inventé en mi mente).”
Sylvia Plath, “Canción de amor de la joven loca”
 
 
 
Siempre fui más vieja de lo que quise.
 
Siempre fui menos loca que tus bramidos.
 
No puedo desclavar tus ojos de mi carne.
 
Mis pezones se astillan con el golpe
 
de tu boca de niebla.
 
Mis jugos aún llueven
 
en la palma remota de tu mano.
 
No sé si te inventé en mi mente
 
o me inventé para que me amaras.
 
Es tan difícil escribir el dolor
 
cuando me quiebro las uñas
 
desgarrando paredes muertas.
 
Cierro los ojos y soy yo quien se extingue.
 
Los abro y ahí está mi cadáver,
 
mi última ofrenda al adulterio.
 
 
 
Maldita seas princesa adicta al abismo.
 
Malditos sean los pactos intramuros.
 
 
 
Si por lo menos pudiera

arrancarme de cuajo la memoria,

desclavarme tus ojos,

impugnar la díada perfecta

de mi sed y tu urgencia.

Volver a ser mamá, esposa,

maestrita insípida recortando

cartulinas de colores,

aletargarme en mi isla doméstica,

sin Prozac,

sin recuerdos,

sin lágrimas.



Arte:  Natalie Shau 



domingo, 13 de abril de 2008

ROSAS ROJAS PARA EXHUMAR CADÁVERES


ROSAS ROJAS PARA EXHUMAR CADÁVERES



Me escribo,

abierta de par en par,

lamiendo el borde roto

de una historia inconclusa,

esparciendo polvo

con la mala voluntad

de un trapo seco.

Me escribo,

pariendo imposibilidades,

rosas rojas para exhumar cadáveres,

cascabeles mudos

para no despertar

a la niña dormida.

Más allá

de las ventanas violatorias

que atesoro

en la cabeza de los otros,

bulle una vida que me desconcierta,

el amor amamanta

a los hijos de la lluvia

y las palabras

(esas desconocidas)

se baten a duelo sin pudicia

con mis íntimas máscaras.




Arte: Sylvia Ji

Mención Especial Poesía “Identidad Bonaerense 2007”, Federación Bonaerense de Entidades no Gubernamentales, Bs. As. (2007)


domingo, 6 de abril de 2008

LA PRIMERA LLUVIA


LA PRIMERA LLUVIA

  “Hoy no es como otras lluvias,
hoy llueve por vez primera
sobre el mármol de su tumba.”
Hugo Mujica
 
 


Imposible cargar con el cadáver

de la persona amada.

Civilizadamente lo entregamos

al primitivo abrazo de la tierra,

al polvo secular que fue principio,

a las fauces abiertas de la tumba.

Secamos nuestras lágrimas con flores

sacrificadas al mármol desolado.

Quizás nos resignamos mansamente.

Quizás aún esperamos el milagro.



Pero la lluvia,

esa primera lluvia,

que llueve descarnada sobre el cuerpo

que cedimos al barro,

nos duele porque es otra y es distinta

a todas las lluvias que han caído

sobre cruces anónimas y ángeles.

Esta lluvia primera es la que dice

que el gusano trabaja,
 
que la ausencia es ya definitiva,
 
que no existe el milagro. 
 
 
 
Nos morimos un poco con el muerto
 
y el agua nos cala hasta los huesos.
 
 
 


Finalista Poesía  “Concurso Literario Editorial 3+1” – Editorial 3+1, Ciudad de Bs. As. (2006)

Poema seleccionado para integrar la Antología Poética "Vamos a buscar la luz" (2006, Editorial 3+1) presentada en el Museo Etnográfico de la Facultad de Filosofía y Letras, UBA, CABA.


jueves, 3 de abril de 2008

COMENTARIO DE CONTRATAPA DE "OJOS QUE MIRAN AL CIELO"

"OJOS QUE MIRAN AL CIELO"

Comentario de contratapa


"Ojos que miran al cielo", un llamado, una señal, allí en el límite de la memoria donde la palabra se descalza.
"Ojos que miran al cielo" no es un eco errático de otras voces; es la voz, la geografía de un canto rapanui que se desliza en el viento, como la ausencia, como el encuentro de la propia desnudez. Es recorrer los ojos, las miradas, en cada hombre, en cada mujer, en cada niño, en el pájaro, en el caminar de la lluvia, en la esencia volcánica de los sueños.
"Ojos que miran al cielo" es un olor, un paisaje, un sonido, pero también es más, y más allá, y más adentro. Es un estado atemporal del alma. Lo sagrado y lo profano; en la piedra cada mirada canta un silencio antiguo.
"Ojos que miran al cielo" son las voces ataviadas en la tierra, son todos los lugares, y ninguno.
"Ojos que miran al cielo" está allí, en la escucha del poeta.


Claudia Vázquez, poeta y cofundadora del Centro Cultural Alejandra Pizarnik


domingo, 30 de marzo de 2008

CAMPANAS


CAMPANAS
 
“La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti.”
John Donne


 


Un hombre murió y era mi padre:

de pie en el camposanto del recuerdo

exhibía en sus manos extendidas

un corazón de mecanismo defectuoso

donde alguien había escrito mi nombre.



Un hombre murió y era mi amante:

su desnudez se revelaba triste

como una mendiga descalza

con los pies azules de frío,

su sexo era una flor marchita,

un lirio clausurado.
 


Un hombre murió y era el poeta:

por las grietas del suelo se escurría

roja y caliente su sangre andaluza,

y la tierra, teñida de carmín,

vomitaba fusiles.
 


Un hombre murió y era el Mesías:

brillaba en el madero su carne flagelada,

un rumor de abejas laboriosas

le cerraba la boca

y de la dulce herida que abría su costado

brotaban rubias mieles.



Un hombre murió,

tenía tantos sueños,

tenía tantos nombres,

tenía tantos rostros.



Lloré,

porque un hombre murió

y comprendí que las campanas

doblaban por mí.




Arte: "Pequeño", Nicoletta Tomas Caravia

2º Premio Poesía “Certamen Literario 2005/2006 de Cuento y Poesía Escritora Viviana Llorens” SADE Delegación Lomas de Zamora, Lomas de Zamora, Bs.As.(2006)


jueves, 27 de marzo de 2008

TODOS LOS HOMBRES QUE AMÉ


TODOS LOS HOMBRES QUE AMÉ

(POEMA JOCOSO SOBRE REALIDADES TRÁGICAS)



Todos los hombres que amé

eran unos reverendos imbéciles.



(No, nena, así no se empieza un poema,

esto suena a Olympe de Gouges

y a mujer decapitada,

porque nada hay más engorroso

que una mujer que tiene cabeza y la usa.

Mejor empezá diciendo:

"Todos los hombres que amé

eran tan diferentes a mí

que se empeñaron en abrirme el estómago de un tajo

para ver qué clase de estopa

rellenaba a la muñequita de ojos grandes

y humor cambiante como un calidoscopio").

Va de nuevo, entonces.

Todos los hombres que amé

eran tan diferentes a mí

que se empeñaron en abrirme el estómago de un tajo

para ver qué clase de estopa

rellenaba a la muñequita de ojos grandes

y humor cambiante como un calidoscopio.

Ninguno reparó en que una muñeca rota

no sirve para jugar con ella.



Uno tenía la manía de lavarse las manos con jabón Espadol

antes de tocarme

y me escribía largas cartas diciéndome

que una mujer es como un chocolatín Jack,

de esos que vienen con sorpresa:

mordisquear lentamente el chocolate es maravilloso,

pero el verdadero tesoro está adentro

(y yo leía esas cartas y me lamentaba

de haber sido devorada siempre de dos mordiscos

como una vulgar hamburguesa de McDonald´s).

Al final,

ni chocolate ni hamburguesa:

el tipo,

además de ser un histérico,

no tenía dientes.



Otro ponía en práctica a menudo la ibérica sentencia

“porque te quiero te aporreo”,

pero también me escribía epístolas eternas

repitiendo la frase “TE AMO”,

setenta veces siete y una más

(y yo leía esos mails y razonaba

con mi corta inteligencia de mujer con cabeza,

pero que no la usa,

que un amor así

no iba a acabarse nunca).

Al final,

el amor se acabó

y yo, con tantas aporreadas,

quedé más tonta de lo que era antes.

Un par de ellos tuvieron la genial idea de morirse

y otro par,

la de decirme que estaba más gorda,

cuando me los volví a cruzar,

después de muchos años.



Uno daría la vida por mí,

aún hoy,

siempre y cuando el sacrificio

no coincidiera con el día y la hora

en los que Boca sale a la cancha.

Otro lloraba en la puerta de mi casa

con un ramo de rosas rojas en la mano

(pero no, a ése no lo amé,

ése me amó a mí;

así de ingratas solemos ser las mujeres).



Todos los hombres que amé me decepcionaron.



Todos, menos uno.



Tócala otra vez, John,

e imaginemos que el mundo

está lleno de tipos piolas.






Arte: "Paper Plane", Young Chun