FINAL
Dejé de amarte como se dejan
los zoquetes con puntillas
los zapatos Guillermina,
el sudor atolondrado de la escuela.
Con un dolor no exento de ternura.
Te dejé morir en el cuerpo
para que nacieras
en el rincón más feroz de la memoria.
Tu nombre se deshizo entre mis dedos
como una flor marchita.
Su olor perduró en el aire
apenas un segundo
y se extinguió
como se extinguen todas las cosas.
Dejé de amarte como se dejan
los artilugios mágicos de la infancia.
Con la certeza de que una puerta
se cerraba para siempre
y era en vano menguar
hasta convertirme en una llavecita dorada.
Las puertas del pasado
no tienen cerrojos.
No se abren
ni siquiera con un golpe de llanto.
Dejé de amarte, sí.
Sabía que
llegaría ese día.
Medias de nylon,
zapatos con taco,
otros sudores.
Otras mentiras para contarme
antes de dormir.
Sin embargo tiemblo,
todavía tiemblo
cuando recuerdo el leve colibrí
que aletea en tu boca.





