sábado, 29 de agosto de 2026

CARTA DE INVIERNO


CARTA DE INVIERNO 



Querido: agosto transita su medianía 

y los árboles frutales ya han florecido. 

Bastaría una helada para deshacer 

sus faldas de colores 

y hundirlos en la desnudez impúdica 

que festeja el invierno. 

Nadie me preguntó jamás 

por el sexo de los árboles: 

debajo de sus enaguas pudorosas 

una vagina de madera  espera 

el embate brutal de la primavera.



Querido: hibernar se me ha hecho costumbre, 

suelo refugiarme debajo de las pieles blancas 

de los osos que caminan el Ártico, 

debajo de la sopa tibia 

-la sopa tibia me da arcadas, 

pero es un buen amparo 

para unas piernas cerradas 
 
y unos labios apretados como una bellota-. 

Que nadie me hable de una boca lasciva, 

con bordes de terciopelo húmedo. 

Hiberno: no como 

ni dejo que nadie coma de mi cuerpo 

ni beba del vicio de mis caldos. 

Duermo, estrujando la vigilia de la nieve. 



Querido: los perros se estriegan en los gajos 

feroces de la lluvia. 

La lluvia no tiene tiempo para mí, 

pero me duelen los gemidos de los perros. 

Sólo estoy mojada debajo de mi lengua 

y las palabras se ahogan en un río de saliva 

que nunca tendrá destino de beso. 

Agosto se parece a una caja china: 

es hueco, pero tiene su música, 

aunque las uñas de sus pies sean garras 

y los pájaros se desmayen en un silencio insólito. 



Querido: tengo gripe. 

Mañana ni siquiera recordaré tu nombre. 

A veces el esplendor se nutre de las pequeñas idioteces 

que escribimos las mujeres 

que todavía escribimos cartas. 

Y el sol se traga las volutas de humo 

de los papeles que una mano grosera 

incinera sin culpa 

cuando el té de las cinco 

se celebra en setiembre.


 

miércoles, 26 de agosto de 2026

TORMENTA


 TORMENTA


Llegó desde mi centro,

anular, perentorio.

Húmedo como un nido de musgo.

Rompió la greda viva con un grito,

con un embate de pájaro insolente.

Se descolgó

desde el olor de la fruta fermentada.

Descorrió las festivas guirnaldas de la sangre.

El abanico abierto de la carne

disparó a quemarropa la ternura.



Él se acodó

en la vigilia y en el sueño,

en el pesado aliento del verano.

Para desarreglar el pulso de las flores.

Para sanar las sombras.

Y yo abrí y cerré mis lágrimas al ritmo de su boca.

Como un manzano. Floreciendo.

Año tras año.



Ahora él viene y se va.

Me da besos ligeros.

Peces clarividentes que me cruzan los ojos.

Botellas arrojadas al océano

con notas para otra.

Su excusa es estar vivo y tener quince años.

Yo tengo que buscar a la que era

antes del sol clavado en la puerta del domingo.

Rememorar el hilo de este cuerpo

y cambiar de paisaje.



¿Qué hago con el alma?




lunes, 24 de agosto de 2026

FEROZ


 FEROZ



Cuerpo  irresuelto, 
brazos en cruz,
y tu olor clavado como un Cristo marchito
en esta sed perenne.
¿Por qué buscarte
en el desgarro del sexo,
en la partición de este pan desesperado,
en esta levadura amarga
que se impacienta
al norte de mis piernas?
¿Por qué encontrarte
en la frontera del bosque y la saliva,
en la fábula caliente de la sangre,
en  mi memoria de presa azorada?


Decir te amo y no.
Decir te amo y no.
Sí, sí.
No.
Inmolarme
en tus magias inútiles.


Caperucita Rota
 el lobo que vuelve.
Feroz.

viernes, 21 de agosto de 2026

TODO ESTÁ BIEN


 TODO ESTÁ BIEN

A Susana Rodrígues Tuegols

“Desnúdate.
Baila la danza ritual de la madurez.
Y sobrevive
como sobreviviremos todas.”
Gioconda Belli

Todo está bien,
glóbulos rojos,  hemoglobina,  glóbulos blancos,  plaquetas,
glucemia, ácido úrico, triglicéridos,  colesterol
(un poquito alto el malo,
pero un poquito, nada más),
creatinina,
los ovarios no funcionan
pero era lo esperable,
¿cuántos años me dijiste que tenías?
Volvé dentro de un año.
(Volvé dentro de un año
cuando te hayas acostumbrado a tu nueva condición
de casa vacía.
Sentate en la sala de espera
llena de mujeres embarazadas
y madres acunando bebés
y pensá que el tiempo es una mala jugada.
Democrática, eso sí,
pero mala jugada al fin.)

Las azucenas de mis quince
están en flor.
Treinta y cinco años floreciendo.
Pronto vendrán las abejas
con su saludo tribal
y el polen cortará la cinta del viento
inaugurando las voces de la primavera.
No voy a quedarme al margen.
Tengo un jardín,
soy un jardín.
Voy a inventar otra forma de florecer.
Voy a amoblar esta casa vacía
con versos,
con pétalos blancos.
Y voy a volver dentro de un año, claro,
firme como un soldadito de la buena salud,
y vos vas a ser apenas un señor alto de ojos azules
y guardapolvo inmaculado,
y no un horrible Víctor  Frankenstein,
un abominable Dr. Phibes,
un maldito Joseph Mengele.
Voy a volver con un ramo de azucenas:
son las de mis quince,
siguen floreciendo.
Tengo un jardín,
soy un jardín.
Al final no era para tanto.

Todo está bien.
El colesterol un poquito alto
pero era lo esperable,
como todo en este cuerpo
que cosechó la última de sus manzanas
y se desentendió de los almanaques.
Como todo en esta vida.

Qué hermosas azucenas.
¿Cuántos años me dijiste que tenías?


martes, 18 de agosto de 2026

EN MEDIO DE UNA CHARLA TRIVIAL


   EN MEDIO DE UNA CHARLA TRIVIAL



Después de tanto tiempo otra vez estás acá.

Apareciste

en medio de una charla trivial.

-Vos vivías cerca de la casa del Gallego.

-Sí, yo estaba enamorada de él cuando tenía dieciséis años...

-Ya hace treinta que murió.

-¿Tanto?


Yo estaba enamorada, sí,

aunque no te conocía.

No sabía

nada más que tu cara de rosa de los vientos,

tu cara brújula para navegar mi insomnio.

Era un cachorrito ciego con hambre de piel

y vos te escurrías entre las tablas

de mi guardapolvo blanco,

un  gemido sin nombre,

un caramelo de fuego

degustado a espaldas de mamá y sus sermones.

Me tocaba para tocarte.

Me inventé un cuerpo

para adivinar el tuyo.


No te conocía pero amaba en vos

todo lo que estaba por venir:

la bandera del beso plantada en mis palabras

para hacer el poema del silencio,

los piernas gravitando como planetas dulces

en torno a una espalda y su dominio,

la saliva, el sudor,

los carnavales respirados a dúo. 

Amaba en vos también lo que no fue.

La mano de la vida

bajándole un bretel a la alegría.

Y ese hombro desnudo.


Después de tanto tiempo otra vez estás acá.

Apareciste

en medio de una charla trivial.

No hubiéramos llegado a nada:

renegabas de las chicas complicadas. 

Pero qué bello eras.

Y qué bella era yo.


Qué bella.