LA GATA, EL TEJADO, CALIENTE
“Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.” – Alejandra Pizarnik
Me arrastraba
hacia cualquier lugar.
A donde él quería.
Me obligaba a saltar de techo en techo
con furtiva elegancia.
Envuelta en gasas, a veces.
Casi siempre desnuda.
Tantos años dormida
y este tipo vino a despertarme.
¿Cómo no confundirlo con un príncipe,
con un fotograma
de “Los puentes de Madison”?
La solución final:
otro vaso de vino
y le cierro la puerta en las narices
a los asados del domingo,
al tedio de los lunes.
Me arrastraba
hacia cualquier lugar.
Masticaba una porción de noche
que no le concernía.
Entonces yo estaba loca
como el gallo de la veleta.
Daba vueltas y abrazaba al viento.
Daba más vueltas y me creía el mundo.
La gata sobre el tejado de zinc caliente.
El tejado de zinc sobre la gata caliente.
La gata, el tejado, caliente.
Los resortes del deseo son confusos.
Cuando recuerdo.
Tantos años dormida
y este tipo vino a despertarme.
Lo que me dijo
no lo repito nunca.
Lo que me hizo se ve
en el temblor indiscreto de la mano
que enciende un cigarrillo.
Me arrastraba
hacia cualquier lugar.
Y yo, que me digo poeta,
no me morí de amor cuando se fue.
Qué vergüenza.
Arte: Linda Cheng
Del poemario "Todos los hombres que me amaron" (2012)
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