viernes, 6 de abril de 2018

INGEBORG




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                                                                               Hablar con la Muerte

Y he elegido a la muerte,
para todas las confesiones…”
Ingeborg Bachmann (1926 – 1973)



Yo elegí

hablar con la Muerte

y la Muerte era un perro transparente

que comía de mi mano

como comen  las palomas

de la mano de la vieja loca de la plaza.

A veces me mordisqueaba los dedos

y mis dedos sangraban,

y yo no entendía

el color de la sangre.

A veces soltaba en mi palma

una lágrima de vidrio

y yo pensaba en el Sena,

y el Sena tenía la amargura

de treinta píldoras

engarzadas

en una lengua vencida,

y era tan larga

como una caída por la ventana,

y era tan corta

como un poema escrito

en la cabeza de un alfiler.



Yo elegí

hablar con la Muerte

y la Muerte era un perro transparente,

y el perro era un océano

donde ahogar mi omóplato viudo

y lavarme la mugre

de no ser amada.

Yo hablaba con la Muerte

casi todo el día

los últimos días

y cuando creí que la Muerte

había dejado de escucharme

me arranqué una a una

las páginas del cuerpo

y las prendí fuego

para que nadie, jamás,

pudiera leer

cuánto me dolía. 



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