jueves, 17 de agosto de 2017

MI VIDA COMO POETA


MI VIDA COMO POETA


Cuando empecé a escribir poemas

quería gustarle a todo el mundo

por eso los concebía blandos,

redonditos,

amorosos

(yo recostada en una pared de peces,

yo haciendo pie en las olas de tu cuerpo,

yo embarazada de la sal y la espuma).

A las vecinas del barrio les encantaban.

Dejé de ser “la chica del súper”

o “la chica del video”

y pasé a ser “la chica que escribe poemas”.

Esa fue mi primera medalla,

la que me colgué con más orgullo.

Después 

empecé a mandar mis poemas a los concursos

y a los jurados les encantaban.

Me llené de medallas.

Cuando mi hijo me entierre

venderá dos o tres

y tirará el resto a la basura.

Cosa que no está nada mal

considerando que heredar ego y hojalata

puede ser bastante decepcionante.


Un día me di cuenta de que mis poemas

les encantaban a los otros

pero a mí

me parecían vacíos.

Y me alejé de tu cuerpo,

de las olas,

de las fórmulas redonditas,

para empezar con estos mamarrachos

y la ferocidad doméstica

de una canilla  que gotea toda la noche.

Mis fans decretaron que había perdido el vuelo.

Yo creo que me volví vieja.


Supongo que para las vecinas del barrio

hoy soy "la chica que tiene un perro loco

y saca a la vereda botellas de champagne vacías

los sábados a la mañana."

Cosa que no está nada mal

considerando que el perro está loco de verdad,

el champagne me gusta más que la poesía

y sigo siendo "la chica"

aunque tenga mil años.






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