lunes, 25 de septiembre de 2017

UNA NENA TRISTE


UNA NENA TRISTE

Soy una nena triste
que no recuerda
la sonrisa de su papá iluminando
ninguno de sus cumpleaños
Recuerdo, sí,
algunos regalos:
una colonia Coqueterías,
un elefante de tela floreado
y relleno con alpiste,
la novela Genoveva de Bravante,
bombachas.
Odiaba que me regalaran bombachas.
Recuerdo la torta de mi fiesta de quince
que no era de confitería y tenía el aspecto
de una torre de Pisa en miniatura
decorada con merengue
y florecitas de azúcar.
Me tiré en la cama a llorar
porque la torta estaba torcida,
aunque, claro, lloraba por otra cosa:
a los diez años pensaba que mi papá
se había muerto porque era viejo;
a los quince,
comprendí que la vida me había amputado algo,
un mano,
una pierna,
parte del corazón,
entrar del brazo del hombre que más me quiso
en un salón o una iglesia,
ponerle a su nieto en el regazo
(será por eso que en mi vida no hay vestidos de fiesta,
ni altares,
ni valses,
lo tengo todo o no tengo nada, 
esa soy yo,
una extremista del amor,
casi nunca tengo nada).

Soy una nena triste
atada al primer invierno sin su papá
por un puñado de cabellitos de ángel.
Era viejo con sus 39 años y su corazón defectuoso,
era viejo, sí, pero era nuestro,
mío,
de mis hermanos.
Todos eran viejos entonces y no nos miraban
ni siquiera cuando nos despiojábamos unos a otros
como monitos encerrados en una jaula de miedo.
Qué invierno frío el de 1976.
Cuánta soledad.

Soy una nena triste 
que no recuerda
la sonrisa de su mamá
entera, del todo.
A veces me confunden con una señora
que juega a las escondidas con los gatos
y jura que este año se plancha el pelo,
adelgaza diez kilos 
y encaja
en el estúpido vodevil del verano.
Pero no.
Soy una nena triste
abrazada a un elefante de tela floreado
relleno con alpiste
y a una cajita llena de cosas inútiles
que hacen el silencio
cuando intento nombrarlas.


Arte: Suzi Blu

viernes, 22 de septiembre de 2017

MATRIMONIO


MATRIMONIO


Yo juego a ser Dalila cada día:

escondo una tijera

debajo del gatito

que duerme en mi regazo.

No te distraigas:

me gusta cortarte por lo sano.

Una tira, dos, tres.

Guirnaldas agrias para decorar

el show de la rutina.



Vos jugás a ser  Burroughs cada noche:

un tiro en la frente limpio y dulce

y dejo de rebuznar

hasta que el reloj despertador

inventa otra mañana.



Hacen falta muchos años de amor

para alcanzar este odio perfecto.




Arte: "Married Couple Kissing", Robert Dale


jueves, 21 de septiembre de 2017

PRIMAVERA



PRIMAVERA

Llega la primavera y dicen
que todos la estaban esperando.

Yo también la esperaba,
descosiéndole las moscas a enero,
envuelta en las arpilleras de abril,
entrechocando los dientes en julio.
Llega la primavera
y dando vueltas en negro
un aquelarre de hormigas invoca
al dios de los brotes tiernos.
Yo también invoco a un pequeño dios
con mis sandalias de musgo y mi ombligo pagano.
Un dios secreto, mío,
al que le bailo y le bailo,
toda volados y rótulas perfumadas,
para que bendiga este calor  de luna,
esta casa vacía,
esta desazón de almanaques.
Porque tengo miedo de que la primavera se escurra
entre las arrugas del poema
y no me toque los ojos.
Que el cuerpo no responda
desandado ya de los ciclos rojos
y los fuegos fatuos del deseo
y se pierda
en un desgano de sábanas deshabitadas
y almohadones donde sueñan los gatos.

Bailo, bailo, bailo.
Espero ser la que era,
la madera que se descubre guitarra,
los giros optimistas de la cuerda
de una cajita de música,
el ramito de fresias,
y romper con una sonrisa,
con esa sonrisa que te gustaba tanto,
la vajilla que guardé para tiempos mejores.



martes, 19 de septiembre de 2017

RECORTAR PAPELITOS

RECORTAR PAPELITOS 
A Carmen Bruno

Todo lo que hay que saber sobre cómo vivir y qué hacer y cómo debo ser, lo aprendí en el jardín de infantes.”
Robert  Fulghum


Recortar papelitos.
Eso es lo que hacemos las maestras jardineras.
Por eso decir que soy maestra jardinera
no le suma nada a  mi C.V. poético.
Al contrario: le resta.
La gente piensa que
mientras otros estudiaban filosofía,
literatura,
sociología,
filología,
historia del arte,
lingüística
o chino mandarín,
yo recortaba papelitos.
Suena poco serio,
es cierto.
Me perdí el café con Foucault
por soplarle los mocos a Didier
que era boliviano y llevaba su touche francés
con una gracia que yo nunca tuve
para conjugar mi nombre hebreo
y mi cara de muchacha española viene a casarse.

Escribe como una maestra
dijo alguien alguna vez
de modo despectivo.
Yo agradecí el piropo calurosamente.
Podría haber dicho
escribe como una maestra jardinera
y hubiera sido demoledor.
La gente piensa que las maestras jardineras
apenas aprendimos las vocales
porque lo nuestro es recortar papelitos
y ponernos sombreros con flores de goma EVA
el día de la primavera.

Recortar papelitos.
Eso es lo que hacemos las maestras jardineras.
Por eso decir que soy maestra jardinera
no le suma nada a  mi C.V. poético.
Al contrario: le resta.
La gente piensa que mientras otros se emborrachaban en los bares
y apedreaban a la luna con sus versos
yo recortaba papelitos.
Suena poco serio,
es cierto.
Me perdí el polvo con Bukowski
por curarle las rodillas raspadas a Camila
que era tan bella como Remedios, la bella
y a la que irremediablemente le di el papel de dama antigua
en el acto del 25 de mayo.
Soy maestra, carajo.
Hago las mismas estupideces que hacen todas.

Además de recortar papelitos, claro.



lunes, 18 de septiembre de 2017

sábado, 16 de septiembre de 2017

LOS ZAPATOS DE JUDY GARLAND


LOS ZAPATOS DE JUDY GARLAND


Toto, me parece que ya no estamos en Kansas.


Estamos en un lugar donde soy un piano a la deriva,

una flauta con los huesos apolillados.

Tengo los ojos hinchados,

el maquillaje corrido.

los sesos esparcidos por las paredes.

Mis hombres están quietos

como conejos muertos.

Mis hijos son crisantemos 

que se marchitan cuando los miro.

Una lluvia de whisky y vidrios

me moja los pies.

Estoy descalza.

¿Dónde están mis zapatos?


Toto, de día soy la pequeña jorobada

a la que le tocaban las piernas.

De noche

salgo a cazar enanos borrachos

con una red de mariposas.

Nunca fui la más linda de la MGM.

Nunca fue Lana Turner.

Me corté el cuello con una navaja de afeitar

pero alguien tiró de mi vestido celeste

empapado de mocos y lágrimas

y  me trajo de vuelta a la vida.

A este lugar.

Que no es Kansas, Toto.

Es un túnel sucio

donde las placas tectónicas  del alma colisionan

y las venas se derrumban

como edificios picados de viruela.

Trato de recordar aquella canción

pero las pastillas son pajaritos mudos,

coágulos de silencio en la memoria.

En la garganta tengo un arcoíris seco,

un do re mi de púas en el corazón.

Estoy cansada.

Estoy descalza.


Toto,  me parece que ya son demasiadas pastillas.

Peno no sé.

¿Dónde están mis zapatos rojos?


Quiero volver a casa.



Arte: Pablo Lobato