viernes, 29 de diciembre de 2017

SYLVIA



SYLVIA

                                                                                                  La ventana

“La luna no tiene porqué entristecerse, 
mirando fijamente desde su capucha de hueso.”
Sylvia Plath (1932 – 1963)



La ventana

vomita coágulos de cielo

y el cerebro apaga sus luces,

una a una,

se acabó la fiesta. 

Yo aúllo en negro

(el negro es un silencio espeso

como la saliva

de un condenado a vivir).

Yo blasfemo en negro,

y dos niñitos traslúcidos

desayunan sándwiches de huevo,

waffles,

jugo de naranja,

en una habitación sin ventanas

al otro lado del mundo.



Yo,

mutante rubia,

fantasma de pelo rojo,

judía, jabón, jodida,

abrazando las botas de papá,

lamiendo las botas de papá,

ofreciéndole un final chiquito

de cámara de gas,

de Auschwitz doméstico.



La ventana fue un colirio

aliviando

mi mirada de invierno.

Ahora vomita los colores,

los escupe, los desguaza,

que se vayan,

colores, placebos,

dormirmorir

se hace siempre en negro

que se vayan.



A veces,

saco la cabeza del horno,

recojo mis poemas,

recojo mis gusanos,

en una fiesta de resucitados que dura nada,

que dura apenas una ventana,

un colirio, un jabón,

unos hijos remotos.




Arte: Sylvia Plath, Will Morgan Holland


martes, 26 de diciembre de 2017

COMO EN UN CUENTO DE HADAS



COMO EN UN CUENTO DE HADAS



Como en un cuento de hadas

un anillito en el dedo bastó

para desvanecerme.

Desaparecí de los estrados,

de los púlpitos,

de los laboratorios,

de las academias de arte.

Desaparecí de los libros de historia.



Como en un cuento de hadas

un anillito en el dedo me embrujó

y me encerró entre cuatro paredes

de pan y manteca.

Oscilé durante siglos

entre el beso y el sueño

como un péndulo de hastío.

Nunca pude decir que no.

Nunca pude abrir la puerta

para ir a jugar con el mundo.



Como en un cuento de hadas,

me dijo

el que me puso el anillito en el dedo.

Vas a vivir como en un cuento de hadas.



Durmiendo para no ver,

probándome zapatos para no gritar

y cocinando  las perdices 

que siempre se comen los otros.








sábado, 23 de diciembre de 2017

BRUJAS


BRUJAS



Frotándonos como piedras

para hacer el fuego

alumbramos la noche.

Somos el verano reventando en las uvas,

la ascensión al cielo del vino.

Somos árboles desnudos

que no se avergüenzan de sus ramas.

Danzamos

y la luna nos da de comer sus gritos,

sus sobresaltos de lechuzas.

Danzamos

y somos lobas hermanas de bosque,

eslabones de una única cadena,

pétalos de la misma flor de miel y lana.

El miedo es un depredador que no nos toca.



Rodamos hacia el beso de la hoguera

con los dientes abiertos.





Arte: "Départ pour le Sabbat", Albert Joseph Pénot 



miércoles, 20 de diciembre de 2017

MARINA



MARINA

                                                                                                           Con una cuerda


"…quizá la mejor victoria sea (…)
 pasar sin dejar huellas,
pasar sin dejar sombras
en las paredes…".
Marina Tsvietáieva (1892 – 1941)



Yo soy  la novia del destierro,

la novia del castigo,

la novia de los vagones de la niebla.

Tengo un cigarrillo en la mano.

una melena de humo,

una mordida de tigresa inválida.

Tengo una hija muerta

doliéndome en el hambre.



A mil gritos de mi casa

la tierra

canta una canción de pertenencia.

Pero mi corazón desafina

en la liturgia de esa lengua de leche.

Soy una osa polar

con una cuerda en la mano.



Con una cuerda en el cuello.

Y basta.




Arte: Marina Tsvetaeva,  Zhuravleva Svetlana


domingo, 17 de diciembre de 2017

EL CEMENTERIO DE LAS POLACAS


EL CEMENTERIO DE LAS POLACAS


Cruzaron el mar con las tripas como brújula,

con el hambre como mapa celeste,

contando los granos de arroz

que les faltaban

para llegar a una cama caliente,

a la ternura áspera

de un mantel a cuadros.

Cruzaron el mar y en tierra

cayeron como peces rotos

en una red de saliva sucia.


Las desnudaron,

las midieron,

les etiquetaron la piel,

el olor,

los besos.

Les maldijeron el amor para siempre.

Las devoraron.

En este pedazo de tierra ausente de Dios

escupieron sus huesos.

Sus ombligos son heridas sin patria

que no sanarán nunca.


Cruzaron el mar para llorarse

entre las piernas del verdugo.

Clavaron sus voces en la garganta del lobo

y el viento se llevó sus labios.


En este pedazo de tierra ausente de Dios

donde el gusano trabaja

no hay flores ni piedritas

que tiendan su corazón para salvarlas

de tanto y tanto olvido.




Situado en la avenida Crisólogo Larralde, frente al Cementerio Municipal de Avellaneda, en la provincia de Buenos Aires, el Cementerio de los Impuros es la única necrópolis que existe en Argentina exclusiva para rufianes y prostitutas.
A fines del siglo XIX, la Sociedad Israelita de Socorros Mutuos Varsovia era la fachada con la que funcionaba la mayor organización judía de proxenetas de la Argentina, que se distinguía por traer mujeres jóvenes desde Europa, sobre todo  Polonia, a nuestro país. Se proponía a las jóvenes pobres venir a la Argentina para contraer matrimonio con hombres de buena posición económica que las rescatarían de las privaciones y el hambre que padecían en sus países de origen. Sin embargo, la promesa de un matrimonio ventajoso no era más que burda patraña: una vez aquí las muchachas eran calificadas y tasadas tras un desfile que debían hacer desnudas ante los evaluadores, y derivadas a hacia los prostíbulos vip de la high society porteña o los nefastos quilombos de los barrios bajos, donde eran brutalmente explotadas.
Las pobres condiciones de higiene impuestas en los lupanares no pudieron evitar que las enfermedades venéreas y, principalmente, la tuberculosis hicieran estragos entre las muchachas, quienes rápidamente eran discriminadas y abandonadas a su suerte cuando una extremada delgadez las delataba como portadoras de un mal por aquellos tiempos letal.
La comunidad judía, al tomar conocimiento de la barbaridad que se consumaba en su nombre, expulsó a los proxenetas que entonces abandonaron el rótulo de Sociedad de Israelita de Socorros Mutuos Varsovia  para adoptar el de Zwi Migdal. Dada la marginación a la eran sometidos tanto rufianes como explotadas y el calificativo de impuros que les imponía su religión, la Zwi Migdal se vio obligada a tener un cementerio propio, por lo que en 1906 adquirió un predio de aproximadamente un cuarto de hectárea, donde instaló su necrópolis.
En la actualidad, el Cementerio de los Impuros se encuentra cerrado, en estado de abandono y saqueado. Se sitúa a la par del Cementerio Israelita de Avellaneda,  en Av. Crisólogo Larralde al 4100, en el barrio de Villa Domínico.


lunes, 11 de diciembre de 2017

VILLA 31


VILLA 31



El sol amontona escombros.

Imparte

su quemadura incurable,

su hechizo del polen.

su retal palomas incendiadas.



Al borde del musgo y el rocío,

del polvo que se imprime

en el esqueleto del día,

el libre albedrío de un perro

se bebe una caricia perdida.



Una pelota,

una botella de cerveza a destiempo,

el grito de una madre.

Aquello que es mi barrio se desliza

en el labio celeste del verano.

Se descalza en los charcos.

Se sube a los carros y a los besos.

Aprende de memoria cada gesto,

cada pulsión de hambre.



Un curita rubio

le pide a Dios

el pan nuestro que nos roban.

Los demás,

entre mate y mate,

dialogamos con los pájaros.





Arte: Los invisibles, Colectivo de Ex Presos Políticos, Villa 31

De "Pan de Agua - Poesía social contemporánea de Bueno Aires", La Luna Que (2017)


viernes, 8 de diciembre de 2017

LA VOZ DE GRACIELA


LA VOZ DE GRACIELA

A Graciela Pane, asesinada por la Triple A en 1975



Era el tiempo del desconsuelo.

Era la vida descendiendo escalones.

Era la muerte ejercitando sus espinas en un cuerpo temprano,

apostando por la ausencia en un útero apenas florecido.

Era la voz de Graciela mordiendo

la quemadura espesa  de la tierra.

Confundiéndose con los caireles de la lluvia.

Coagulándose en las heridas del rocío.

Era la voz de Graciela cayendo en el barro

como una estrella rota.

Con el gesto aterido de un pie descalzo.

Con la mímica del hambre en sus cinco puntas solas.



Graciela, la de las casas pobres creciéndole en los ojos.

La del paso ligero en la senda del llanto

La de los sueños mestizos purificando sombras.

Niña y anciana: pequeña caja de resonancia donde el amor

multiplicaba sus formas.



Graciela decía el agua. Decía el pan y los peces y la vida.

Decía dignidad. Decía demasiado

para el oído implacable del verdugo.

La voz de Graciela era una dulce cereza en la tormenta,

un hueso de terciopelo imposible de roer con miedo.

La voz de Graciela era una hoguera.

Pero hizo falta más que un golpe de viento

para descabezar sus llamas.



Era el tiempo del desconsuelo.

Era un escuadrón de mariposas vulneradas

y era la voz de Graciela

temblando como un soplo de trigo en la garganta.

Sangrando primavera.





Graciela Pane nació en Avellaneda el 16 de noviembre de 1952. Fue una estudiante destacada, militante por los derechos estudiantiles, tanto en el Colegio Secundario Nacional Canadá (hoy Simón Bolívar) como en la UTN de Avellaneda, donde estudiaba ingeniería química. A los 23 años contrajo matrimonio con Hugo García. Afiliada a laFederación Nacional Comunista, era un referente para los estudiantes de la zona. El 2 de octubre de 1975 fue secuestrada por la “Triple A” y asesinada brutalmente 24 horas más tarde. Cursaba un embarazo de tres meses.


De "Pan de Agua - Poesía social contemporánea de Bueno Aires", La Luna Que (2017)