viernes, 10 de noviembre de 2017

MAXIDARÍO


MAXIDARÍO

A Maximiliano Kosteki y  Darío Santillán, luchadores sociales asesinados en 2002 por la policía bonaerense 

“La mano sabe que no tiene tiempo y apresura sus uñas para siempre.” - Juan G. Ferreyra Basso



La vida ignoraba que no quedaba tiempo.

Improvisaba un padrenuestro de crispadas mariposas.

Gritaba el ruedo harapiento del cielo.

Decía la fábrica con las piernas rotas,

el paladar exiguo de las constelaciones

Renunciaba al pan quemado de la angustia.



Un relámpago  alto incineró

el cordaje alucinado de la sangre.

Deshizo la dúctil médula de miel,

se ensañó con el polen de los huesos.

Disolvió el dulce cáliz de besos y de abejas.

Así cayeron los cuerpos: como barandas agotadas.

Cerca de un puente blanco de sed.

Doloroso como los pies de la lluvia.

Así se hizo la noche: desmintiendo una mañana de invierno

que ofrendaba  sus temblores de escarcha.



Maxidarío.

Dos navegando la escasez del milagro.

Dos  devorando los manjares  de la muerte.

Uno en el ebrio clamor de la catástrofe.

Oliendo, debajo de la pólvora,

un manojo apurado de pétalos,

todas las flores que tocaron sus manos.

Empañando los costados de la luna

con el recuerdo vivo de sus hembras.

Renunciando al balance vertiginoso de las uvas.



Maxidarío.

En la calle, en la estación, en los adioses.

Dos en la mira siniestra del verdugo.

Uno en la esperanza repetida del canto.





Maximiliano Kosteki y Darío Santillan fueron dos militantes del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) asesinados a sangre fría por efectivos de la policiales el 26 de junio de 2002, en el marco de una brutal represión por parte de la Policía Bonaerense, la Policía Federal, la Gendarmería y la Prefectura Naval desplegada con la intención de sofocar una protesta que se desarrollaba en las cercanías  del Puente Pueyrredón. Fueron ejecutados en las inmediaciones de la estación de ferrocarril de Avellaneda, hoy rebautizada con sus nombres.


De "Pan de Agua - Poesía social contemporánea de Bueno Aires", La Luna Que (2017)


miércoles, 8 de noviembre de 2017

SUCEDE EL HAMBRE


SUCEDE EL HAMBRE

A Néstor, a Oscar, a tantos

“El hambre es el primero de los conocimientos:
Tener hambre es la cosa primera que se aprende.”
Miguel Hernández



En otras bocas,

en otros cuerpos injuriados

por látigos de humo,

en otras vísceras cayendo de rodillas,

sucede el hambre.



Sucede puntualmente,

con infalible cadencia de almanaque.

Sucede cada día.

Acampa en los orígenes del alba,

se acuartela en la noche.

Cubre su desnudez de luna agria

con un tendal de moscas.



El hambre

es una mordedura de gusano,

una pisada de corcel siniestro,

un zarpazo de lobo.

Es un estómago y su ruido de cenizas,

su ruido de  pájaros temibles

riñendo con la nada.



Nosotros,

correctos hasta el tuétano,

pagadores de impuestos,

católicos, apostólicos, romanos,

un poquito cristianos,

dormimos con un pan bajo la almohada

y otro pan bajo el brazo.



Pero el hambre sucede.

Sopla su aire viciado

en el desvelo austero de los huesos.



Nos duele casi nada,

algunas veces,

como una media sonrisa de alfileres.



Pero si trae la muerte de la mano

nos duele casi tanto.




Arte: Mio Cade

De "Pan de Agua - Poesía social contemporánea de Bueno Aires", La Luna Que (2017)


lunes, 6 de noviembre de 2017

LUCÍA


 LUCÍA
 “Los corazoncitos que pintaste en todo
permanecen, como rastro de tu pánico.”
Ted Hughes
  
Abro el diario y veo tu foto:
una chica muerta,
otra chica muerta.
Veo tu foto y tiemblo,
tu foto me apedrea,
voy al supermercado de la otra cuadra
con un hilito de sangre en la sien.
Una mujer de ojos saltones
se escandaliza por el piercing
que tenías en la boca,
mal andan y mal acaban, sentencia,
nunca tuvo dieciséis, pienso yo.
Pero me callo,
me siento mal,
sangro,
sigo sangrando.

Enciendo el televisor y veo tu foto:
una chica muerta,
otra chica muerta.
Te imagino dibujando corazoncitos
en los márgenes claros de tus mañanas,
dieciséis años,
yo también tuve dieciséis años
y me apuré a abrir las puertas del cuerpo
para salir a jugar con el amor,
la señora del supermercado también tuvo dieciséis,
no se acuerda,
seguro que no se acuerda.

Cierro los ojos y veo tu foto:
una chica muerta,
otra chica muerta.
Me pregunto cuándo nos empezó a pasar esto,
este lidiar con chicas muertas todos los días,
chicas muertas enormes como toros hechos de lágrimas,
y nosotros con estas capas apolilladas.
Me pregunto cuándo el cielo dejó de ser el cielo
y se convirtió
en un mendrugo de azul que no redime a nadie,
en una amenaza de azulejos sucios,
en un nudo feroz de mujeres que sangran:
nosotras, vosotras, ellas. 


De "Pan de Agua - Poesía social contemporánea de Bueno Aires", La Luna Que (2017)

sábado, 4 de noviembre de 2017

PRESENTACIÓN "PAN DE AGUA" CENTRO VAZCO EUSKO ARTEPEA



Con Graciela Ocampo y los poetas Mónica Angelino, Mirna Aranzazu Santillán y Claudio Simiz


Graciela Ocampo y Mónica Angelino


Con los poetas Mónica Angelino, Mirna Aranzazu Santillán, Graciela Ocampo y Claudio Simiz



Con los poetas Mónica Angelino, Mirna Aranzazu Santillán, Graciela Ocampo y Claudio Simiz


Con los poetas Mónica Angelino, Mirna Aranzazu Santillán, Graciela Ocampo y Claudio Simiz




Con Cristina Samaniego, artista plástica responsable del arte de tapa de "Pan de agua", y las poetas Mirna Aranzazu Santillán y Mónica Angelino

PRESENTACIÓN DE "PAN DE AGUA" POR GRACIELA OCAMPO

PRESENTACIÓN DE "PAN DE AGUA" 

Estamos convocados hoy para presentar "Pan de agua - Poesía social contemporánea de Buenos Aires", una antología editada por La luna que. Y confieso que presentar un libro tan contundentemente poético en estas épocas de grieta, mercados e injusticias, no es tarea fácil.
Presentar autores con una trayectoria incesante en el arte de sugerir, denunciar y sensibilizar, en estas épocas de números, de grieta, de mercados e injusticias es una terquedad en las historias de los pueblos. 
Presentar "Pan de agua" hoy es un acto de resistencia, de rebeldía.
Resistencia a la palabra hilacha, a los slogans, a la objetividad de los números, a los títulos rimbombantes de los cargos, a la oscuridad de las estadísticas sobre lo humano, desde la claridad de la emoción, desde el trémulo sentir, desde el espanto.
Alicia Genovese dice que "el discurso poético se mueve como pez en el agua en ese socavamiento de los discursos estructurados y cerrados, obligados a prescindir de demasiadas cosas en su búsqueda estricta de objetividad (...)".  Y hay tambaleos cuando leemos la antología porque "(...) se suscribe nuevamente el acta de defunción de un mundo mecánico, newtoniano (...)" que gira alrededor de la idea de modernidad. Hay en la poesía una dimensión tan antigua como el hombre: la de la intuición que emerge a través de metáforas que se descubrirán en cada línea de esta antología. "(...) En el poema, el mundo representado sale de la indiferenciación con la que se presenta en el mundo real, se mezcla con procesos subjetivos, se asocia con los contenidos inconscientes que todo poema lleva en su lenguaje, esa agua barrosa y mezclada con sedimentos, empujada desde su energía cosmopositiva (...)"
El artilugio de la palabra para desentrañar y volver a decir ese mundo real en el que vivimos recurre a la oposición, a la antítesis, para, en algunos casos, tranquilizar el dolor, como lo sentí (y digo sentí porque la palabra poética ataca los recovecos personales, intransferibles)  en el poema de Claudio Simiz "Los hijos", en el que se pone en valor, se cotizan, para hablar acorde a estos tiempos, la risa, el llanto, la danza. En otros, simplemente, para desnaturalizar y refutar esas frases tan corrientes como la que desintegra Mónica Angelino en su "Tampoco en la muerte hay equidad", que me provoca desazón, angustia ante la conexión con las muertes que nos igualan, pero no sus circunstancias. Aunque en ambos poemas la desigualdad rodea a la vida, alimenta la miseria, la injusticia, la desproporcionada distribución de la riqueza.
Arte poética que, como en la poesía "No ojalar más cinturones" de Jorge Omar Hermiaga, traslada sentidos a través de "versos huérfanos" y "escribo sobre un pan" como modo de sublevación al lenguaje y a la realidad.
Palabra saeta en "El silencio es salud", de Raquel Fernández, cuando espeja esos dichos instalados que taladraron nuestros tímpanos e intentan hacerlo también en estos tiempos. ¿Quién no escuchó la frase "en la escuela de Santiago Maldonado no se habla"? ¿Quién no recuerda los festejos del Mundial 78? Poesía social y política, sí señores, política como denuncia de los discursos de funcionarios, representantes, poderosos con fines espúreos, que se meten despacito en el sentido común a través de las voces de pseudo-mediadores.
Encadena palabras, va y vuelve, giran los versos de Mirna Santillán hasta espetarnos la perversión de las instituciones en "Cristiana pedofilia".
En una sucesión creciente en sentidos, Marita Ragozza define a la injusticia en su poema homónimo, y desde allí a los personajes que elige para pasearse inmune a las denuncias.
Por último, David Sorbille, además de estampas de lo social, evoca en una irrupción polifónica propia de lo literario, a un autor que quizás muchos de los presentes leímos en sus canciones, en su denuncia, en sus versos. David homenajea a Don armando Tejada Gómez, quien tantas veces vino a nuestras palabras para recordarnos que siempre hay un niño en la calle.
Les agradezco su presencia en esta breve presentación de una antología de la que no saldremos iguales después de leerla. Como rasgo fundamental de la literatura, no saldremos iguales. Quedan muchas cosas de las que hablar para sentirlas propias, para repensarnos como ciudadanos atravesados también por la poesía.

Graciela Ocampo
4 de noviembre de 2017

miércoles, 1 de noviembre de 2017

EL SILENCIO ES SALUD


EL SILENCIO ES SALUD


“El silencio es salud”.

Eso me enseñaban en la escuela.

Escribía ese eslogan una y otra vez

y hasta hacía dibujos para que fuese más digerible.

Personitas en una plaza.

Personitas en un parque de diversiones.

Personitas tomadas de la mano.

Mudas.

No podían decir “te quiero”,

ni “me duele”,

ni preguntar “por qué”.


“El silencio es salud”.

Pero a ellos no les gustaba el silencio.

Les gustaban los gemidos, los aullidos, los llantos.

El silencio era salud para nosotros,

que teníamos que callarnos

cuando ladraban los perros,

cuando arreciaban los gritos,

cuando se llevaban de los pelos a la chica de al lado

(“Pero la chica, ¿no miraba la telenovela?

¿No iba a comprar el pan?

¿No jugaba con su hijo como mamá juega conmigo?

¿La chica era mala?

¿La chica nos iba a matar a todos?”

“Callate, nena, callate,

y seguí cortando papelitos,

mirá que Argentina le gana a Holanda

y hay que tirar muchos papelitos…

Callate que  sí,

que nos van a matar a todos.”)



“El silencio es salud”.

¿Cuánto silencio significó en mi vida

crecer entre personitas mudas

y chicas muertas?



Ahora grito lo más alto que puedo.



Creo que jamás estuve tan sana.






De "Pan de Agua - Poesía social contemporánea de Bueno Aires", La Luna Que (2017)