martes, 5 de septiembre de 2017

GIRL IN BLUE


 GIRL IN BLUE


Me pregunto cómo te llamarías.

¿Anne, Susan, Betty?

Me pregunto por qué vestías de azul,

por qué tus zapatos eran azules,

si el azul era tu color favorito

o sólo una casualidad

en tu choque con la muerte.

(Diez años después

de tu mutis por el foro

Humphrey Bogart e Ingrid Bergman

-Rick e Ilsa-

se encontraron en una París invadida:

los alemanes vestían de gris

y ella, de azul,

como vos,

pero no vas a saberlo nunca.

Jamás vas a llorar en el cine

estrujando un pañuelito barato.

Ningún muchacho de pueblo

va a aprovechar tus lágrimas

para tocarte las piernas).



Me pregunto si él tren fue hacia vos

o si vos fuiste  hacia el tren.

¿Accidente, suicidio, un poco de cada cosa?

(Los accidentes no existen:

cuando un tren te golpea

deseás  el  final,

aunque no lo sepas.

No es el tren: sos vos.

Vos,

cadáver  antes de calzarte

los zapatitos azules).



Me pregunto por qué una chica vestida de azul

con 90 centavos y un billete de ferrocarril en el bolsillo,

una chica muerta en vísperas de Navidad

hace tantos años,

me toca el hombro hoy y me susurra,

con la voz más triste del mundo,

el abecedario de los pájaros.



Ubicada en las parcelas traseras del Willoughby Cemetery (Ohio, EE UU), debajo del único árbol de moras que hay en el lugar, se encuentra la tumba de la chica de azul. Su historia es una de las más trágicas y conocidas de Willoughby.
El misterio se remonta al año 1933 cuando, dos días antes de Navidad, una mujer hermosa y joven entró en la pensión de la señorita María Judd durante las horas tempranas de la mañana y alquiló una habitación. Al día siguiente, también por la mañana, la muchacha se retiró del establecimiento sin dejar su nombre. Llevaba puesto un vestido de lanilla azul y zapatos del mismo color. Antes de salir, consultó a los dueños de la pensión acerca de los horarios de los Servicios de la Iglesia local.
De acuerdo con los informes de los vecinos de Willoughby, la joven  se dirigió hacia el paso a nivel de Second Street.  Mientras caminaba, deseaba  a los transeúntes una feliz Navidad, mirándolos con sus profundos ojos azules y sin perder la sonrisa. Cuando llegó al paso a nivel, soltó las pequeñas valijas que llevaba y se arrojó frente a un tren en movimiento.
Las autoridades de Willoughby se esforzaron por identificar el cadáver. Nadie sabía quién era la misteriosa muchacha y lo único que se encontró en sus bolsillos fueron 90 centavos y un boleto de tren hacia Corry, PennsylvaniaSu cuerpo fue llevado a la antigua funeraria de Jim McMahon, donde se exhibió durante dos semanas. Más de 3.000 residentes visitaron a la chica de azul para presentar sus respetos y ver si podían reconocerla, cosa que resultó imposible.
Los ciudadanos de Willoughby, conmovidos por el trágico suceso, adoptaron a la chica de azul como propia y se encargaron de su funeral e inhumación, realizada en una parcela del cementerio local donada por uno de ellos. Los gastos se solventaron con una colecta en la que colaboró todo el pueblo. El misterio de la chica de azul quedó enterrado debajo de una lápida con la siguiente inscripción:

IN MEMORY
OF THE
GIRL IN BLUE
KILLED BY TRAIN
DECEMBER 24, 1933
 “UNKNOWN BUT NOT FORGOTTEN”

(EN MEMORIA
DE LA
CHICA DE AZUL
ASESINADA POR EL TREN
DICIEMBRE 24, 1933
 “DESCONOCIDA PERO NO OLVIDADA”)

Sesenta años después de su fallecimiento, en 1993, la chica de azul fue identificada por  Ed Sekerak, de Corry, como Josephine "Sophie" Klimczak, nativa de Pennsylvania. Se colocó en su tumba una pequeña lápida adicional con su nombre. A pesar de ello, sigue siendo conocida como la chica de azul. Los visitantes del Willoughby Cemetery suelen dejar monedas en su tumba, destinadas a comprar coronas y flores.



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