sábado, 3 de septiembre de 2016

A MI ABUELA TAMPOCO LE GUSTABAN LAS TORMENTAS


A MI ABUELA TAMPOCO LE GUSTABAN LAS TORMENTAS



Ella tenía la dolorosa costumbre

de no sonreír nunca.

Instalada en su sillón

(un sillón parecido al que usan

los directores de películas de Hollywood)

nos observaba con sus ojos ciegos.

Ella estaba ahí y nosotros

caminábamos la siesta en puntas de pie,

adelgazábamos la voz hasta convertirla

en una mariposa de alas transparentes,

no abríamos la heladera sin pedir permiso,

no teníamos nunca la última palabra.



Ella tenía el corazón en España

y la cabeza quién sabe dónde.

Escondía galletitas Havanna de limón

en el cajón de los repasadores

y era vieja desde siempre,

desde que teníamos memoria

(una vez vi una foto de ella a los veinte,

tenía un largo collar de perlas y un vestido tipo charleston,

y una sonrisa que me perturbó;

parecía una bailarina,

una bailarina festiva,

y tuve miedo de que los años

también me arrancaran la alegría).



Ella me decía mocosa de mierda, algunas veces,

pero era a la única a la que le convidaba

sus galletitas de limón

y a la que le contaba historias de barcos

y sueños,

y cosas que yo no entendía del todo:

¿quién entiende el desarraigo a los ocho años?



Ella, mi abuela,

tenía en el pelo blanco

un olor diferente a todos los olores

(a veces huelo el pelo de  mamá

y es el mismo olor,

mami tenés el mismo olor en el pelo que la abuela,

pero tu abuela se lavaba la cabeza con jabón Seiseme

y yo me la lavo con shampoo,

pero no importa, mami, es el mismo olor,

el mismo).



Tanto correr para que la sangre no me alcanzara

y, al final,

terminé pareciéndome un poco a mi abuela.

Yo también tengo el corazón en otra parte

(en Oz, eNeverlanden Temiscira)

y la cabeza quién sabe dónde.

A veces me olvido de sonreír;

a veces me miro en una foto de cuando tenía veinte

y parezco una bailarina

y me perturba no saber

dónde dejé mis zapatillas de punta.



Nos parecemos, sí, nos parecemos.

Yo escondo galletitas Havanna de limón

en el cajón de los repasadores

y a mi abuela

(la que tiembla a mi lado cuando un relámpago

me parte el insomnio en dos)

tampoco le gustaban las tormentas.






Del poemario "Pretty in pink" (2016)


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