lunes, 27 de junio de 2016

LEBLOUH


LEBLOUH


El ojo del amo la engorda

y ella es

un dolor de ganado escaldando

la conciencia del cielo.

Dueña de nada.

Ni siquiera dueña

de la boca de sol que canta blanco

cuando canta la infancia.

Dueña de nada.

Ni siquiera dueña

del  hambre propio como ceremonia.



El ojo del amo la engorda

y ella es

un abanico oscuro

que se abre y estalla.

En torno a la cintura deformada

se agolpan

olores como espinas.

Del ángulo más triste de la boca

cuelga una araña de saliva.


De día,

será una mujer obesa

adornando la cama

del macho que pueda pagarla

(y sus padres contarán las monedas

con alegría idiota).


De noche

será una niña delgada, una gacela,

un verso recitado por el viento,

un sueño que se sueña a escondidas del mundo

(sin amo, sin patrono, sin cacique,

desnuda apenas en el tallo del agua).





En Mauritania se considera bellas a las mujeres obesas, quienes pueden aspirar a un matrimonio ventajoso, e inferiores a las delgadas. Según la tradición conocida como Leblouh, muchas familias envían a sus hijas desde los cinco años a granjas donde las someten a un cruel proceso con el fin de ganar kilos. Allí obligan a las niñas a ingerir enormes cantidades de comida y se las castiga duramente si se niegan a comer. La práctica del Leblouh no es homogénea sino que está dividida en focos: en las zonas rurales es común, mientras que en las ciudades está cayendo en desuso.


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