viernes, 8 de enero de 2016

EN MÍ, A PESAR DE MÍ


EN MÍ, A PESAR DE MÍ


La devota costumbre de estirar la mano y tocarte,
la piadosa rutina de extender las alas
para cruzar el viento con tus ojos,
la dulce usanza de repetirte
en cada gesto
(esos gestos domésticos que te son extraños,
porque nunca me viste extendiendo
la promesa de un mantel,
ni repartiendo platos,
ni sirviendo una copa de vino)
son las que te mantienen en mí,
a pesar de mí.
También la manía de escribir poemas, claro.
Poemas malos, casi siempre,
poemas en los que le busco respuestas a tu sudor,
a tu saliva,
a las llagas que bifurcaron el camino:
vos allá,
haciendo no sé qué estúpida cosa
(¿barriendo mis restos debajo de la alfombra
porque a pesar de todo te apena
tirarlos a la basura?);
yo acá, escuchando a David Bowie

y convenciéndome de que estoy contenta.


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