viernes, 2 de octubre de 2015

PRESENTACIÓN "INTERRUMPIDAS" UNLa

PRESENTACIÓN  "INTERRUMPIDAS" UNLa


Fue el miércoles 31 de agosto de 2011, cuando encontraron el cadáver de Candela Sol Rodríguez dentro de una bolsa en un terreno baldío de Villa Tesei, cuando la palabra interrumpida se instaló en mi cabeza. Candela había sido asesinada. Alguien había decidido impedirla, truncarla, segarla. Interrumpirla.
Dos años más tarde, el cuerpo Ángeles Rawson, desaparecida en Palermo, fue hallado en una planta recicladora de residuos urbanos (CEAMSE). Con esa dolorosa aparición irrumpió en mi mente, otra vez, la antedicha palabra. Y, a la luz de ese vocablo, que sintetizaba el no dejar ser, surgieron nombres, historias, rostros. La rubia belleza  Oriel Briant resaltada con una capelina muy en boga en los años ’70. La explosiva sensualidad de Alicia Muñiz ataviada con plumas en el pasillo de un teatro de revistas. La dulce languidez de Jimena Hernández vestida para su Primera Comunión. Las trenzas adolescentes de Carolina Aló. La mirada limpia de Marela Martínez.
“Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En ese sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental. Porque todos estamos heridos.”, sostenía la enorme Alejandra Pizarnik. Y fue la poesía el camino que elegí para intentar restañar de algún modo esa tremenda llaga colectiva que nos atraviesa: las chicas que nos faltan.
“Interrumpidas” es un poemario que abarca treinta años de violencia contra la mujer en la Argentina. Los casos de violencia machista son el pilar fundamental del libro. Pero también hay otros casos de violencia retratados en los poemas que lo componen: la violencia intrafamiliar, con la niñez como blanco indefenso, y la violencia mediática, que es abordada, por ejemplo,  en los trabajos dedicados a Nora Dalmasso o Melina Romero, interrumpidas como las otras y asesinadas una y otra vez por la maledicencia y el periodismo inmoral orientado a  vender un diario más u obtener un punto más de rating. Ese periodismo que avergüenza y se construye solazándose en una tragedia que, erróneamente, supone ajena. 
Escribir poesía en un mundo donde los valores materiales están por sobre los valores espirituales no es tarea fácil. Pero los poetas seguimos insistiendo, conscientes de que la palabra es un poderosísimo  instrumento que funciona como herramienta de lucha y resistencia contra la violencia, el abuso y el atropello en todas sus variantes. Y que, tal como sentenciaba Alejandra Pizarnik, repara. Es una suerte de bálsamo para el dolor, un compromiso frente a las grandes tragedias del mundo y, en este caso puntual,  un eterno abrazo para nuestras interrumpidas. Porque las interrumpidas son nuestras madres, nuestras hermanas, nuestras hijas, nuestras amigas. Somos nosotras.


Raquel G. Fernández


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