martes, 7 de abril de 2015

FELICITAS


FELICITAS

A Felicitas Guerrero de Álzaga


Alguien tiembla
en el extremo húmedo
de una lluvia que cuece en el asfalto
un convite de flores fermentadas.

Alguien tiembla
dentro-fuera del pulso de las sombras,
la náusea devenida en sangre negra,
los ojos arrastrando
su áspero olor a sales y espejismos.

Atrincherada
en un enero dulce
donde maduran los frutos y los peces,
custodiada por cuatro gatos grises
que no claudican ante la mortaja,
tiembla la novia muerta.

Una araña descalza
ha tejido
una red de dolor entre sus dedos.
Oscilará toda la noche sobre el llanto
y se dejará caer al alba,
como un ángel
con el ala quebrada.


Felicia Antonia Guadalupe Guerrero y Cueto, popularmente conocida como Felicitas Guerrero, fue una adinerada dama porteña, considerada en su época como la "mujer más bella de la República Argentina". A los 15 años se casó con el hacendado sexagenario Martín de Álzaga, con quien tuvo dos hijos que murieron en la infancia. A los 26 ya era viuda; seguía siendo hermosa y muy rica. Se la disputaban dos jóvenes impetuosos, Enrique Ocampo y el estanciero Samuel Sáenz Valiente, quien ganó el corazón de la joven. Ocampo, que la cortejaba desde siempre, no soportó el desprecio y pidió verla antes de la boda. Discutieron y él le asestó  dos disparos. Felicitas murió al día siguiente, la mañana del 30 de enero de 1872. Según la familia Ocampo, los Guerrero mataron a Enrique; según los Guerrero, el desesperado pretendiente se suicidó. La familia de la joven muerta hizo construir en su honor la Iglesia de Santa Felicitas.
La leyenda sorprende a Felicitas paseando por detrás de las rejas de la iglesia todos los 30 de enero. Llora. Algunos le dejan pañuelos atados a los barrotes. Se dice que cuando la iglesia fue restaurada por primera vez, el arquitecto encargado de la tarea descubrió que todos los ángeles de la fachada tenían el ala derecha caída, cosa que nadie vio como una casualidad: Felicitas había sido herida en su hombro derecho.




2 comentarios:

  1. En estos versos vive el desasosiego y se intuye el dolor.
    Me gusta como escribes Raquel,te felicito por tu poesía.

    Saludos

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    1. Muchas gracias, Joaquín, por tu comentario tan generoso. Un abrazo!

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