jueves, 19 de marzo de 2015

LA BESTIA PÚRPURA


LA BESTIA PÚRPURA

"Morir es un arte, como cualquier otra cosa. Yo lo hago excepcionalmente bien".
Sylvia Plath



I

Hace tiempo me vestí de cenizas.

Es inútil que intentes

desnudarme de un solo tajo.



II

Exvotos de pena enhebrados

con delicados hilos de saliva

regateada a los besos,

mis días:

ofrenda impura,

altar desfigurado por las sombras,

doloroso misal de sangre.



III

Tanto dolor

se guareció en mi piel

como una costra antigua.

Eventualmente

algún amor suicida

escarnece mi instinto sometido

con alfileres de dicha.

Me abrazo al grito

cuando cae la noche

y el pavor me interroga,

y perezco

ante la imposibilidad del alba.



IV

Adicta

a las flores de trapo

y a las lápidas

donde escribo mi nombre,

me balanceo en la cornisa de la noche.

No sé cómo no caigo

en ese agujero negro

que vomita mi rostro dibujado

con luceros de escarcha.



V

Mis dedos febriles

hurgan en la grieta que tu amor

abrió en mis muros a dentelladas.

Ahora te sangran los labios

y tu beso me devora

con una tibieza insólita.

Temo dañarte

y hundo mis navajas en tu corazón

en un rito cruel que me despedaza.

Temo que no me veas

y te atravieso los ojos alucinados

con alfileres de llanto.



VI

Hace siglos me desposé con las sombras.

Fui la novia desnuda

debajo de tules raídos

y desdichadas rosas de plástico.

No pude concebir tu nombre.

Me tragué la impaciencia

de la primavera.

Y le abrí las piernas

a la desesperanza.



VII

Con el esparto tenaz de mis venas

te amarré

al olor de mis lágrimas.

Mis palabras se adhieren a tu lluvia

cuando el poema tiembla

y mi risa

es un pájaro en fuga.



VIII

Un ramalazo de silencio

prologa

el morboso ritual devenido en urgencia:

el diezmo de mi cuerpo

sobre tu palma abierta,

mis jugos en tu boca

y mi tristeza,

siempre mi tristeza:

el hachazo arrogante perturbando

tu cerebro perfecto.



IX

Hubo otros

que escalaron mis muslos

y clavaron banderitas de colores

en todos los orificios de mi cuerpo.

Pronunciándose a favor

del cese de hostilidades,

pretendieron

extirpar el llanto

con sus favores.

Ninguno recordó mi nombre

cuando firmó con ausencia

la abolición de la primavera.



X

Agazapada

en la clepsidra muda de la infancia,

resuella,

recita veranos sin mares,

catafalcos prematuros,

miedos atávicos.

Se llama tristeza

la bestia púrpura que rasgó,

con un bisturí de plata,

el delicado himen de mis sueños.





Poema publicado en la Revista "Palabras Diversas" Nº 51


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