jueves, 29 de enero de 2015

COMENTARIO SOBRE "INTERRUMPIDAS" POR CARMEN HERNÁNDEZ REY


“INTERRUMPIDAS” 
de Raquel Graciela Fernández 


GRITO NECESARIO ESE TUYO EN "INTERRUMPIDAS"

Querida Raquel: Si lees a las grandes poetas y escritoras a las que no podemos preguntar, sino sólo releer entre líneas, nos damos cuenta que ellas -ayer- como nosotras -hoy- formamos parte de ese juicio sumarísimo clavado en cruz sobre nuestro género... Somos nada, menos que nada, ese cuerpo con ciertos agujeros a los que se debe tener acceso de cualquier forma y por el mero hecho de tener un apetito carnal y sexual primate. El grito que tus letras lanzan, no es más que ese grito dejado tendido en el cordel de la vida... nuestras madres, abuelas y antepasadas no sólo tendieron sus coladas... en esos cordeles dejaron sus cicatrices... Tú haces poemas con ellos, sabes y aprendiste a coger la miga de aquellas mesas donde las lágrimas eran más grandes que el propio plato ganado con sangre, dolor y poco sueño.
Hemos visto tanta ignominia a nuestro alrededor que escupirlas sin más no serían creídas... Y, ¿cómo contarlas sin que reviente nuestro cuerpo como una bomba nuclear?
"Interrumpidas" fuimos desde aquel aborto clandestino, el advenedizo palo y la patada en el vientre... interrumpidas vidas por el sólo hecho de nacer mujer, bajo la mirada obscena de quienes sólo ven un trozo de carne que se puede tirar en cualquier lugar...
Gracias por poner el grito oportuno dejado en esta red, hilo rojo que va de cada dedo de mujer a mujer... Gracias POETA.

Carmen Hernández Rey
Extremadura - España 2015



LESBOS -Árboles en invierno-

"¡Crueldad en la cocina! 
"...
Y yo, amor mío, soy una mentirosa
patológica, y mi niña
– mírala, boja abajo en el suelo,
pequeña marioneta sin hilos,
pataleando para desaparecer-
por qué es esquizofrénica,
su cara blanca y colorada, u
n horror, has tirado sus gatitos
por la ventana a un patio de cemento
en el que cagan y vomitan y lloran
y ella no puede oírlos.
Dices que no puedes soportarla,
es una bastarda...
...Dices que yo debería ahogar
a los gatitos.
¡Su olor! Dices que debería
ahogar a mi niña.
Ella le cortará el cuello a las diez
si enloquece a las dos.
La niña sonríe, caracol gordo,
desde los encerados rombos
de linóleo naranja.
Podrías comértelo.
Es un niño.
Dices que tu marido no te trata bien.
Su mamá-judía custodia
su dulce sexo como una perla.
Tú tienes un bebé.
Yo tengo dos..."

Sylvia Plath



CARMEN HERNÁNDEZ REY 

Nací un 16 de julio del año 1956,  hija primogénita de Diego y Crescencia, en el pueblo de Villafranca de los Barros, Badajoz, Extremadura-España. Nieta paterna de un maestro albañil, y de un ama de casa que se ganaba dos pesetas vendiendo de estraperlo café. De mi línea materna, mi abuelo era carbonero, como su padre, y mi abuela era bordadora a mano de bastidor, enferma de tuberculosis, que dejó a cuatro hijos huérfanos siendo mi madre la mayor con tan sólo 11 años, el más pequeño de 40 días. Crecí en una familia de cuatro hermanos, mi hermano Juan me sigue, Teresa y Mariángeles, la pequeña. A esta última le llevo 14 años, prácticamente la crié yo. Es la primera universitaria de la familia. En mi niñez siempre carecí de primos, tíos y abuelos porque los paternos emigraron fuera de mi comunidad, marcharon junto a mis siete tíos a Huelva. Mi familia materna emigró a Mataró, Barcelona. Fui una niña que siempre jugaba a escribir historias. Los cuentos que escuchábamos en la radio formaron parte de mi imaginación, hasta el punto que los deformaba hasta cambiarles. Fui cuatro años a la escuela, en cuarto de primaria estaba fuera. Me quedé en casa un par de años cuidando a mi hermana pequeña, y luego pasé a un taller de bordado en el cual estuve desde los 14 a
los 21 años, bordando ocho horas diarias. Recuerdo que en mi casa nunca hubo libros, nunca pude leer nada. Mi primer libro lo leí en casa de una tía en Huelva, también allí fue donde empecé a leer las primeras letras... Aquella novela fue Jane Eyre, de Charlotte Brontë... Fue un revulsivo a mi imaginación. Leer desde entonces fue mí gran obsesión, a pesar de no tener una economía que me permitiese comprar libros, pero para mí hasta la publicidad en las tiendas o los carteles eran cosa a analizar.
Me casé después de cuatro años de noviazgo, con 22 años, y a los 23 nació mi hijo Alejandro; siete años después nació mi hija Celia. Realmente, con tan pocos estudios, ni siquiera podía ayudar a mis hijos en las tareas escolares, de ahí que me puse en la universidad popular donde me fui a vivir, Almendralejo, a 15 km de mi pueblo, por motivos de trabajo de mi marido por entonces... Allí volví a aprender todas las reglas matemáticas, las oraciones y corregir las faltas ortográficas. Cuando terminó el curso, pasé a sacarme el graduado escolar para adultos... Un año entero, todas las mañanas; compaginaba las tareas domésticas con la educación de los hijos. El año siguiente pasé al instituto y saqué F.P 1 en Tec. Aux en Administración.
Mi matrimonio, desde los dos o tres años de casada, fue a trancas y barrancas -que dicen por aquí-. Y que yo me pusiera a estudiar no benefició nada a los dimes y diretes... aún menos que cogiese el gusto a escribir. Aunque siempre escribía y en cualquier papel, cosas que me sucedían o soñaba, no guardé nada. No tenía noción de rimas, poemas o estrofas, versos. Tampoco leí nada de poesía hasta mis 16 años que leí a Miguel Hernández...poeta del pueblo... Definitivamente mi matrimonio terminó con mi decisión de seguir mi camino por las letras...Escribir ha sido mi verdadera pasión desde niña, y, a pesar de tantas trabas, al final el agua encontró su cauce... Autodefino mis letras como a ese río que baña mi tierra, el Guadiana... nace y nadie sabe por dónde se esconde para volver a fluir fuerte y libre.
Después de 27 años de casada y 4 de noviazgo, me divorcié y quedé, como tantas mujeres,sin recursos económicos... Tuve que salir de mi comunidad a otra para trabajar en un campamento a casi mil km de distancia. Tras tres años de preparación saqué unas oposiciones en la Administración del Gobierno extremeño para trabajar como Ayudante de Cocina... ese es mi trabajo desde hace diez años... 
Nunca fui a taller de literatura, poesía ni nada por el estilo... mis letras son totalmente autodidactas como todo cuanto leo... Me gusta mucho la filosofía. Mi lucha por los derechos de la mujer siempre ha sido. Siempre fui inconformista, desde aquellos cuentos a los que cambiaba sus finales y les ponía nombres diferentes. Soy feminista hasta la médula, feminista a sabiendas que en la desigualdad está la igualdad. No voy contra el hombre, pero voy contra el androcentrismo bestial de la sociedad y la permisividad de las mujeres que han sido educadas y a la vez mutadas en sus sentimientos y pensamientos. No me vale escuchar que una mujer, es la que educa... la mujer sigue unos parámetros machistas y patriarcales, y cuando no los cumple, tiene que abandonar el barco...Casi el 90% de las mujeres hemos sufridos malos tratos de un modo u otro, abusos sexuales de una forma u otra... y no exagero... Otra cosa es dónde está puesto el listón de qué es abuso o mal trato... pero son ciertos. 





Arte: "Crucified Woman", Almuth Lütkenhaus (Emmanuel College,Toronto, Ontario Canadá)


2 comentarios:

  1. Gracias Raquel... es un deber el que las mujeres tenemos por tantas muertes inocentes y olvidadas. Un abrazo y gracias por este trato hacia mi persona

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