viernes, 25 de abril de 2014

TEREZÍN


TEREZÍN


“A la luz de las bujías al lado de mi cama, yo duermo
y quizás alguna vez comprenda
que era una criatura sumamente pequeña
tan pequeña como esta canción.”
Hanus Hachenburg



I

El primer lucero danza,

se vuelve y se revuelve.

Hay un hilo de pájaros

descosiendo

la memoria del cuerpo que decrece.

Hay un recorrido de cristales rotos

avivando el duelo.

La sangre,

marcando pertenencia.



II

Gastar la espalda contra el viento,

intuir la escarcha fundante.

El silencio partícipe sustenta

el quehacer del verdugo.

La boca que no llega

pulveriza

un  tibio Padrenuestro.

Las palabras tejen y destejen

una mortaja de humo.

  

III

 Las reglas del juego son estas.

Morirse

en los cuatro costados del hambre.

Polarizar  las sombras.

Apedrear con  avecillas suaves

a los niños fantasmas.

Mentir algo de luz,

una ilusión forzada,

para que la paz sea

con los que comen y rezan

(tan lejos

de la última vez).



IV

No se detiene el alarido

en el recuento de agujas

sabiendo la carne viva.

Se detiene en el borde del llanto.

La voz

cava su propio sepulcro.

Sobre la nieve impávida

(sobre la blanca hemorragia del invierno)

el pie descalzo delimita

un espacio de postergación.



V

Un agujero a mitad de camino

entre el corazón

y el punto de mira.

Una travesía de alambre

donde hace nido la carencia.

La antesala que echa a rodar la llaga.

La desnudez y sus zarpazos.



VI

Pero no todo se rompe

(no todo se fuga).

No todo es concederse

a la niebla sumisa.

En el dulce rigor del  espejismo

el niño que sabe que va a morir

dibuja una mariposa.

Y vuela.





Ilustración: "Mariposas", Margit Koretzová

Del poemario "Como nosotros", Ediciones Hespérides (2014)

1º Premio XI Concurso Internacional Hespérides de Cuento y Poesía, Ediciones Hespérides, La Plata, Buenos Aires (2013)  



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