lunes, 10 de marzo de 2014

TENER DIECISIETE AÑOS


TENER DIECISIETE AÑOS 

“Perdón señores grises, perdón
por ser tan pobres,
por vislumbrar el campo
y ahogarnos los puños entre sollozos escritos.”
Jorge De La Cruz Agüero 



Tener diecisiete años. 

Tener diecisiete años y ser pobre. 

Tener diecisiete años y ser tan pobre. 

Tener diecisiete años y pedir perdón 

por el filo del hambre, 

por el gemido de las levaduras, 

por la dulzura de un gato junto al agua, 

por las persianas asustadas como peces 

que corrigen, apenas, 

el oficio del alba.

  

Tener diecisiete años y deshilacharse 

como un viajero desbordado de viento 

Ser un hilván de carne que  se agota. 

Una hebra de sangre barrida 

por aquella  mujer que no pide perdón

(ella no tiene diecisiete años, 

ella no sabe lo que es querer escribir poemas y no, 

ella no tiene la cordura de los pájaros, 

a veces tan clara, 

a veces enturbiada por la primavera).


Tener diecisiete años. 

Tener diecisiete años y ser pobre. 

Tener diecisiete años y ser tan pobre. 

Tener diecisiete años y no tener, siquiera, 

un pedazo de tierra donde emprender la muerte. 

Gastarse como la lluvia que recoge sus faldas 

cuando el sol la fulmina 

con su caudal de fiebre. 

Perderle el rastro al cuerpo. 

Desaparecer.


Yo no entiendo tu fusil, hermano. 

Pero lloro sobre sus balas húmedas.





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