domingo, 19 de enero de 2014

SIEMPRE VUELVO


 SIEMPRE VUELVO



Siempre vuelvo. Siempre.

Le abro las puertas a la memoria del cuerpo,
me suelto la boca,
me suelto los olores.
Vuelvo y soy un panal, un barco,
un as de corazones, una fotonovela,
un brillo de labios con sabor a frutilla.
Me pruebo ajuares de agua,
de sal, de saliva;
ajuares transparentes para ser
la más desnuda del recuerdo. 


Siempre vuelvo.
Abro cajones que nadie abre hace años,
cajones donde las arañas plantaron
su bandera de seda.
Encuentro cartas. Flores secas.
Servilletas con corazones dibujados.
Encuentro un crepitar de dedos ávidos.
 (En algún lugar del Universo
un chico me está acariciando;
se llama Esteban
pero no recuerdo el color de sus ojos
porque no me dejó cicatrices).


Siempre vuelvo.
Para sentir,
para desear,
para morderme como quien muerde
una manzana de urgencia
y envenenarme con cuentos de hadas,
zapatitos perdidos,
príncipes que sacrifican mi niñez con un beso,
lobos que me acechan en el ángulo más privado del sueño
(príncipeslobos que me devoran
mientras  yo mujo como un buque vivo,
y reverbero,
y soy  un repulgue de pájaros rematando
en los hervores de enero).


Siempre vuelvo. Siempre.


Siempre.


Para ponerme esos lentes graciosos
que me quedaban tan bien
y poder vestirme de rosa de pies a  cabeza
sin que nadie me llame vieja ridícula.


Arte: "See Right Through You", Crystal Wall Lancaster

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