viernes, 16 de agosto de 2013

CARTA DE INVIERNO


CARTA DE INVIERNO 



Querido: agosto transita su medianía 

y los árboles frutales ya han florecido. 

Bastaría una helada para deshacer 

sus faldas de colores 

y hundirlos en la desnudez impúdica 

que festeja el invierno. 

Nadie me preguntó jamás 

por el sexo de los árboles: 

debajo de sus enaguas pudorosas 

una vagina de madera  espera 

el embate brutal de la primavera.



Querido: hibernar se me ha hecho costumbre, 

suelo refugiarme debajo de las pieles blancas 

de los osos que caminan el Ártico, 

debajo de la sopa tibia 

-la sopa tibia me da arcadas, 

pero es un buen amparo 

para unas piernas cerradas 
 
y unos labios apretados como una bellota-. 

Que nadie me hable de una boca lasciva, 

con bordes de terciopelo húmedo. 

Hiberno: no como 

ni dejo que nadie coma de mi cuerpo 

ni beba del vicio de mis caldos. 

Duermo, estrujando la vigilia de la nieve. 



Querido: los perros se estriegan en los gajos 

feroces de la lluvia. 

La lluvia no tiene tiempo para mí, 

pero me duelen los gemidos de los perros. 

Sólo estoy mojada debajo de mi lengua 

y las palabras se ahogan en un río de saliva 

que nunca tendrá destino de beso. 

Agosto se parece a una caja china: 

es hueco, pero tiene su música, 

aunque las uñas de sus pies sean garras 

y los pájaros se desmayen en un silencio insólito. 



Querido: tengo gripe. 

Mañana ni siquiera recordaré tu nombre. 

A veces el esplendor se nutre de las pequeñas idioteces 

que escribimos las mujeres 

que todavía escribimos cartas. 

Y el sol se traga las volutas de humo 

de los papeles que una mano grosera 

incinera sin culpa 

cuando el té de las cinco 

se celebra en setiembre.




Arte: Shannon Bonatakis



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