miércoles, 17 de julio de 2013

EL VICIO ABSURDO


EL VICIO ABSURDO

A Virginia Woolf

“No son las catástrofes, los asesinatos, las muertes, las enfermedades las que nos envejecen y nos matan; es la manera como los demás miran y ríen y suben las escalinatas del bus.” – Virginia Woolf



Hubieras podido contentarte

con fumar y fumar.

Tus manos tenían

la fisonomía irrevocable del tabaco:

eran palomas grises que medían

la estatura extendida del humo

cuando tus gestos llovían

sobre las palabras.



Fumar no es

un vicio tan absurdo.

Fumar te mata,

pero no tanto.

Fumar no duele.



Hubieras podido contentarte

con emperifollarte para asistir al Derby.

Apostar las voces que ascendían

dentro de tu cabeza

y perderlas.

Apostar los guijarros húmedos

que crecían

dentro de los bolsillos de tu abrigo gris

y perderlos.



Las patas de los caballos no son

un vicio tan absurdo.

Los caballos no calzan

los intransferibles zapatos de los locos.

Los caballos son guitarras

que manipula el viento.



Hubieras podido romper los espejos.

No bastó con cubrirlos.

Debajo de los paños que obstruían

sus pupilas de cristal,

el vicio absurdo seguía entretejiendo nidos sórdidos,

pariendo tempestuosas avecitas carniceras.



¿El vicio absurdo era la musa?

¿O fue la musa la que lo mantuvo a raya,

mientras le fue posible…?



Hubieras podido arrojar tus piedras al Ouse

y volver a tu casa temerosa de la guerra

con los pies secos y el corazón caliente.

Dormirte en un cuarto propio,

sonriéndole  al cadáver

del ángel de la casa

y despertarte blasfemando.



Hubieras podido vivir, Virginia.



Pero, no.

No hubieras podido.



Arte: "Virginia Woolf", Danielle Fraser 

Finalista XVII Premio de Poesía “Raimundo Ramírez de Antón”, Associació per al Foment Cultural de Terrassa, Terrassa, Cataluña, España (2011)


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