viernes, 12 de julio de 2013

EL POETA Y ALGUNOS


EL POETA Y ALGUNOS

A Reinaldo Arenas


“Tú y yo estamos condenados
por la ira de un señor que no da el rostro
a danzar sobre un paraje calcinado
o a escondernos en el culo de algún monstruo.”
Reinaldo Arenas (La Habana, 1971)



El poeta contempla el Infierno.

Lo vive, lo sabe, lo canta, lo escupe.

Mueve las caderas,

mueve la luna:

la baja hasta sus papeles tristes,

hasta sus manos de maricón tierno.

Algunas veces llora.



La cabeza del poeta es un pájaro enorme.

La boca del poeta es la levadura

donde crecen los cadáveres:

él los nombra,

les da la entidad que se merecen.

No sabe hacer nidos,

pero los abraza.



El poeta no posee límites.

Ataca con el alma.

Contraataca con el cuerpo.

Se rehace

en el manantial de su semen.

“Para la libertad”, dice

y se abraza a la cintura de los peces.

Traduce el mar,

palabra por palabra.



Algunos lo llaman mentiroso,

farsante, resentido.

Le cuelgan la venganza

de su cogote de maricón tierno.

Le señalan las lágrimas y el culo:

“Este puto exagera.

Este puto es un gusano.

¡Viva la Revolución, Carajo!

Viva el dolor,

cuando queda lejos de casa.”



El poeta los mira,

con ánimo de ofender a todos.

Después se muere.



Para que aprendan.




Arte: "Reinaldo Arenas", Pedro Ramón López

Del poemario "La antigua enfermedad del otoño", Ediciones de la Iguana, 2011



6 comentarios:

  1. Durísimo querida Raquel, pero veraz, profundo y real. El poeta siempre es vapuleado, pero como corresponde, siempre va por más, y lo consigue. Y lo hace sin pisar cabezas, sin trepar sobre los demás, con su mente pródiga y su corazón valiente. Felicitaciones!

    Un abrazo
    Marga Mangione

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  2. hermoso y vehemente poema Raquel
    y es que ser Poeta no es algo que se hace sino que se nace
    tarde o temprano la semilla abre
    y ante ello, solo asumirse

    besitos

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  3. Mi Señora Raquel,

    ¡Qué arrogante es la poesía!, que convirtió a un güajiro como Miguel Hernández en un guerrero ardiente y a un campesino como Reinaldo Arenas en un revolucionario.
    Es verdad, contará la historia que ambos perdieron. Su guerra uno y su revolución el otro, o tal vez no, porque ninguno abandonó el campo libertario y solo se sometieron a las reglas de la rima, para con ella liberarse y ser más libres.
    ¡Qué paradojas! los que nacemos con terruños de ignorancia dentro de los puños e intentamos forjar las letras para construir picas con que derribar gigantes y liberar el mundo; marchamos más tranquilos al ritmo de un soneto, un pareado, una sextina... que liberando el verso.
    Así Reinaldo en sus poemas, tras los barrotes y en su amada Cuba o en un New York sin alma, componía sonetos que rimasen a Reinaldo desde su íntimo barroco caribeño.
    En su autoepitafio escribe:
    Todo lo cotidiano resulta aborrecible,
    sólo hay un lugar para vivir, el imposible.


    Ser escribano del cielo Mundo y también de los Infiernos, no es tarea menuda, por eso el lenguaje poético esta concebido para filtrar lo inaceptable lindamente; salva con ello la vida del que se asoma y del que lo relata.
    Si a veces, el infierno se instala en nosotros, la poesía no lo hace siempre y si se ausenta, la muerte avanza de a poco o fulminante.
    Yo que vivo el imposible como Zorro, nunca dejé de apreciar el cotidiano, aunque solo sea para salvar mi vida, y porque el imposible, a veces (cada vez más) lo veo cotidianamente en millones de vidas.

    Su poema laudatorio, como siempre soberbio, mi querida Señora,
    Besos y Suyo, Z+-----

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