domingo, 3 de febrero de 2013

SIEMPRE POLILLA, NUNCA MARIPOSA


SIEMPRE POLILLA, NUNCA MARIPOSA 



 Te empeñaste en que quemara la saliva 

del beso que nunca había dado 

-el beso límite, 

el beso “cruzo esta boca 

y todos los testigos declaran en mi contra”, 

el beso “ningún demonio 

puede aspirar a la inocencia”-.

Pero yo fui más lejos, querido, 

y quemé mis naves 

en la llama 

del cigarrillo atroz que apretabas entre tus dientes 

la mañana del caos 

-el caos de hocicos y pezuñas traducido 

en las paredes acolchadas del grito 

que no quisiste escuchar-.



No era el aleteo de mis pestañas 

el que sonaba, 

como una pequeña música 

cuando la desnudez imponía 

su estampa clarividente. 

No era un capricho 

adentrarme en la luz. 

Yo volaba en círculos ebrios 

y vos te encendías 

frente a mi memoria hambrienta.


  
Preferí arder de una vez 

y ser ceniza, 

antes que regodearme en una belleza vacua; 

preferí morir, 

buscar el exterminio 

antes que sentarme a la mesa anémica 

de las buenas costumbres.


  
Siempre polilla, 

nunca mariposa.



No quise flores para llorar la lápida 

del aliento contenido. 

Quise un fuego 

que no valió la pena 

y una vela que dibujó  

en el corazón del verbo 

que nunca fuimos posibles.



Arte: Nicoletta Ceccoli  

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